Riesgos y desafíos al Estado

Riesgos y desafíos al Estado / Rosell

Desde siempre he sido enemigo del sistema de primarias para elegir a los dirigentes de los partidos políticos. A medida que el sistema se consolida y se adentra en la vida partidaria, me reafirmo en mi aversión a un método, copiado de los sistemas presidencialistas y ajeno al modelo parlamentario de nuestro país. Aparentando ser un procedimiento altamente democrático, acaba convirtiéndose en una selección entre las élites de los partidos. Sólo quienes poseen un estatus orgánico o institucional pueden permitirse el lujo de competir. Véase la experiencia acumulada y concluiremos que sólo ellos han podido disfrutar de todo su tiempo para recorrer las distintas provincias españolas, asistir a mesas redondas, programas radiofónicos y de televisión y asistir a las múltiples invitaciones y peticiones de prensa y de organizaciones de todo tipo, dispuestas a escuchar y preguntar a los candidatos. Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado han podido gozar de ese tiempo porque ocupaban cargos orgánicos e institucionales que les permitían estar en misa y repicando. Frente al hecho de que todos pueden votar se constata que quienes trabajan fuera de las instituciones o no pueden ser candidatos o no tienen nada que hacer frente al establishment.

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¿Pactos subterráneos?

¿Pactos subterráneos? / rosell

¿Pactos subterráneos? / rosell

Decía el presidente del PSOE, Ramón Rubial: “Hay que ser patriota de este partido si contribuye a resolver los problemas de España. ¿De no ser así, de qué sirve ser patriota?”.

El PSOE, que siempre ha entendido el independentismo y el nacionalismo sectario y reaccionario como un pensamiento de derechas, jamás podrá compartir proyecto político con el independentismo. Nunca hemos podido entender a España como un Estado plurinacional. Y quienes lo propugnan nunca han tenido el valor de cuantificar el número de naciones de ese supuesto Estado. Los nacionalistas e independentistas apuntan a Cataluña, al País Vasco, a Galicia y a Canarias, pero el mismo derecho a considerarse nación lo tendrían Andalucía, Valencia y el resto de las comunidades autónomas que, como tales naciones, reclamarían el reconocimiento del derecho a la autodeterminación para convertirse en un Estado, lo que conduciría al absurdo del ¡Viva Cartagena!

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La miel o la hiel

Quienes ya peinamos canas sabemos de algunas cosas más por viejos que por diablos. Nosotros también fuimos jóvenes y, como tales, deseosos de encontrar la piedra filosofal que convirtiera en oro todo lo que tocáramos. Nos llegamos a convencer de que «la letra con sangre entra» era uno de esos eslóganes que ponían en circulación nuestros predecesores cuando no habían descubierto metodologías que sustituyeran el castigo por la estimulación. «Se consigue más con miel que con hiel» fue una máximas que aplicamos cuando creímos que a una dictadura feroz, que utilizó durante cuarenta años la sangre, la hiel y el vinagre, debería sustituirla una democracia que se sirviera de la palabra y la miel para vencer a los que desconfiaban del proceso que iniciamos a la muerte del dictador. Sigue leyendo

Matteo Salvini, alias “Águila Real”

Matteo Salvini, en una imagen de archivo.

Matteo Salvini, en una imagen de archivo.

No parece que el cainismo haya hecho su aparición en estos convulsos y sospechosos tiempos en los que vivimos. La Biblia ya cuenta la historia de Caín y Abel. No parece que en esos tiempos en los que no había razones económicas o sociales para expulsar a nadie del nido materno, Caín matara a su hermano Abel para quedarse con los beneficios del incipiente Estado del bienestar. Fueron los celos, otra enfermedad de los humanos los que propiciaron el primer asesinato de la historia. Después de eso, la aniquilación del otro parece que se instaló en el código genético de los seres humanos, hasta el punto que cuando conocemos noticias como la que están protagonizando los 629 migrantes del barco Aquarius, no tenemos más remedio que pensar en Caín y en su salvaje proceder.

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No hay bien que por mal no venga

No hay bien que por mal no venga

No hay bien que por mal no venga – Rosell

José Luis Corcuera fue un excelente ministro del Interior que dimitió por haber empeñado su palabra respecto al contenido de la ley de seguridad ciudadana que elaboró su ministerio, y al que se le descalificaba porque surgió del mundo obrero -en 1963 ya era aprendiz en Altos Hornos de Vizcaya- y desde allí fue ascendiendo en el sindicalismo. En 1976 dejó su puesto de electricista y se dedicó en exclusiva a la UGT. La crítica era por no haber sido universitario, de lo que se deduce que si hubiera estado en posesión de alguna licenciatura o de alguna ingeniería se le hubiera tratado de forma más amable. Ese ejemplo puede ayudar a comprender las razones por las que algunos políticos decidieron inflar su currículo; el objetivo era ponerse un escudo para protegerse de críticas ácidas, despreciativas y bastante clasistas y elitistas.

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