Recuperar el país (elconfidencial.com)

Ni resulta fácil gobernar en estos momentos en España ni resulta sencillo ejercer la oposición de manera responsable desde la perspectiva de un partido con vocación de gobierno. Dos escenarios: El país está hundido; la credibilidad de la política, los políticos y la democracia representativa, también.

El principal partido de la oposición, el PSOE, tiene que decidir qué quiere ser.

En el congreso de Sevilla, se enfrentaron dos concepciones de lo que debe ser el PSOE en la oposición: los que pretendían situar al partido socialista como el partido más grande de la izquierda española y los que apostaban por un PSOE como el partido hegemónico del centro izquierda español. En el final de los 70 del siglo pasado, el PSOE era el partido más grande de la izquierda española, como se puso de manifiesto en las elecciones generales de 1977 y 1979, donde obtuvo 118 y 121 diputados respectivamente; fueron buenos resultados en comparación con los que obtuvieron otras formaciones situadas dentro de ese espectro político, pero situaba al PSOE muy lejos de los 176 diputados necesarios para obtener la mayoría parlamentaria para poder gobernar sin hipotecas.

Llevan razón quienes piensan que el PSOE, en estos momentos, es un partido sin sustancia, sin peso, enclenque y encogido

Fue el aldabonazo de Felipe González en el 28 Congreso del PSOE, anunciando que no se presentaría a la reelección de la Secretaría General, el que propició que el PSOE diera un giro en sus principios programáticos y en su estrategia y se situara, en el escenario político nacional, como el partido hegemónico del centro izquierda y como el partido con vocación de gobierno en los momentos tan delicados en los que vivía España en esa época.

Muchos de los que en Sevilla apostaron por la opción de situar al PSOE como el partido más grande de la izquierda o no habían nacido o eran menores de edad cuando ese cambio radical llevó al partido socialista al Gobierno en 1982, con un resultado abultado de 202 diputados.

Rubalcaba sí estuvo en esa operación, y esa fue la razón fundamental para que ganara el Congreso de Sevilla con el voto de quienes aspiraban a dar una nueva vuelta de tuerca a un partido que no debe perder su vocación de partido central en la política española.

Los desplantes y desaires del Gobierno de Mariano Rajoy a los múltiples ofrecimientos de acuerdo y negociación que ha ofrecido Rubalcaba en estos  meses de gobierno popular, no deben desanimar al Secretario General de los socialista españoles ni deben servirle para meterse por un camino que desvirtúe la vocación gubernamental del PSOE.

Llevan razón quienes piensan que el PSOE, en estos momentos, es un partido sin sustancia, sin peso, enclenque y encogido, frente al PSOE de los años 80 que era un partido esponjado, abierto y donde encontraba asiento buena parte de la sociedad, que aspiraba a ayudar a un partido que tenía vocación de recuperar a un país que, como España, necesitaba grandes dosis de moral, de esperanza y de optimismo.

Y de eso se trata, de que el PSOE, que ahora está en la oposición, trate por todos los medios de ayudar a recuperar al país, huyendo de esa manida y errónea frase de “aunque sea a costa de los intereses del partido”, porque como ya dijo Largo Caballero en los tiempos terribles del enfrentamiento civil, “si los socialistas ayudamos a salvar a España, fortaleceremos a nuestro partido”. Si el PSOE, aquí y ahora, contribuye real y eficazmente a sacar a España del atolladero en el que está metida, contribuirá, sin ningún género de dudas, a reforzar el papel del PSOE y a  paliar la mala imagen que tiene la democracia representativa en España.

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EL MACHO DE LA PIARA.

Por fin apareció el macho de la piara, el tal Jesús Garzón, que se fue a la COPE a mentir como un bellaco sobre mí y sobre el PSOE. Por lo visto, él solito ha descubierto lo que nadie fue capaz de hacer nunca: que lo de Gallardo ha sido un negocio privado para beneficio del PSOE y mío.

¿Cómo estuvo callado tanto tiempo? ¿Cómo no lo denunció antes? ¿Tendrá agallas para irse al fiscal anticorrupción a contar lo que sabe o simplemente alguien le está pagando para que siga viviendo del cuento que es de lo que ha vivido siempre? Porque es un cuento lo que cuenta y una infamia lo que dice. Pero si está tan seguro, esta es la oportunidad para llevarse por delante a los socialistas, esos seres tan infames que le dieron de comer durante tres años.

Él, tan valiente, ¿por qué se acobarda y no va al fiscal?

Ha llegado la hora de que paguen otros (elconfidencial.com)

“No se van a subir los impuestos en España, no va a haber subida, estamos en la fase de reestructuración de nuestra carga tributaria”, indicó Montoro antes de advertir, sin embargo, de que la recaudación rondó el 35% del PIB en 2011, una situación de “anormalidad” que, según el ministro, advierten todos los organismos internacionales. (12/04/2013).

Parece ser que el ministro Montoro y el Gobierno han descubierto Eurostat, la Oficina Estadística de la Unión Europea. Esa oficina lleva varios años publicando los ingresos y gastos públicos de los países miembros de la Unión Europea. La recaudación del Estado español rondó el 35% del PIB nacional, mientras que la media de ingresos públicos de la UE fue del 44%. Estamos a 9 puntos de diferencia de esa media. Por debajo de nosotros sólo están países tan relevantes como Letonia, Bulgaria, Eslovaquia, Rumania y Lituania. Como cada punto del PIB español equivale a 10.000 millones de euros, si la recaudación en España se equiparara a la media europea, recaudaríamos 90.000 millones de euros más.
El gasto público también se refleja en esa información. La media del gasto público en los países de la UE se sitúa en el 49% del PIB, mientras que España gasta el 44% de su riqueza, 5 puntos porcentuales menos que la media de la UE.

Ante esa información, fácilmente consultable en Internet, nadie puede acusar a España de gastar por encima de sus posibilidades. Sí se nos puede acusar de ingresar menos que el resto. Nuestro problema no reside en los gastos, sino en los ingresos.

El problema de España no reside en el gasto, sino en el ingreso. No tenemos dinero para mantener el sistema, por lo que el gobierno debe consensuar no gastar de más, ni ingresar de menos

Y si eso es así, y hasta el propio Montoro lo reconoce, el Gobierno no sólo nos está mintiendo en relación con lo que prometió y con lo que hace, sino que también nos engañó en el diagnóstico. El PP llegó al Gobierno ganando las elecciones con la falsedad de que en España el gasto público estaba disparado por culpa de la política del gobierno socialista. Se han aprovechado de esa mentira para recortar derechos y para tratar de imponer su modelo social liberal. Pero las declaraciones de Montoro ponen en evidencia que la mentira ya no da más de sí, porque haciendo la política que se hace ahora en España, la situación, lejos de mejorar, cada día es más caótica. Y se asustan viendo lo que está ocurriendo en Portugal. Y ese susto y ese fracaso son los que hacen caer en la cuenta de que el problema de España no reside en el gasto, sino en el ingreso. O son unos ignorantes o son unos mentirosos; tanto dar lecciones de economía barata; tanto abogado del Estado; tanto listo… ¿Y ahora, qué? ¿Van a pedir disculpas por haber estado haciendo una política errónea? ¿Van a rectificar? Los recortes del último año y medio han significado la pérdida de 850.000 empleos y más recesión.

 Lo que está claro es que estamos ante un problema de Estado: no tenemos dinero para mantener el sistema. Ese problema de Estado obliga al Gobierno a consensuar dos objetivos: 1.- No gastar más de lo que tenemos. 2.- No ingresar menos de lo que podemos. La troika famosa nos dice constantemente lo que tenemos que gastar y donde debemos recortar. ¿Por qué no exigimos a esa troika que nos diga dónde podemos recaudar más sin aumentar la presión fiscal sobre los que ya pagamos, por cierto, más que la media europea?
Seguro que, a este paso, este gobierno caerá en las próximas elecciones, pero los españoles no podemos ni debemos esperar tres años, porque con el gobierno caerá el Estado de Bienestar. Sería necesario que gobierno y oposición consensuaran la reforma del sistema tributario español, nombrando en el parlamento un grupo de expertos que, fijándose en lo que ocurre en la media europea, elabore una propuesta tributaria moderna, justa y suficiente.
El que hay ahora es antiguo (data de 1978, cuando ni había Constitución, ni Comunidades Autónomas, ni estábamos en la UE, ni había globalización, ni habían aparecido las nuevas tecnologías); es injusto (el IRPF significa el 50% de la recaudación total; el 90% procede de las rentas del trabajo y el 10% de las rentas de capital). En el Impuesto de Sociedades, el tipo medio resultante para pymes y microempresas es más alto que el de las grandes empresas. El Impuesto de Patrimonio y el de Sucesiones y Donaciones o se cedieron o desaparecieron, según las regiones. No existe armonización fiscal europea del IVA. Y es insuficiente, como lo demuestra Eurostat. Ha llegado la hora de que paguen otros, los que no pagan lo que pueden; el resto de los españoles ya lo hemos hecho con un gran esfuerzo.

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