IMPUESTOS PROPIOS

Primero fue el impuesto bancario y ahora ha sido el impuesto sobre iniciativas industriales contra el medio ambiente. En ambos casos, los que tienen una idea equivocada del Estado que diseñó la Constitución se llevaron las manos a la cabeza utilizando el manido discurso de los riesgos que para la región extremeña y para sus habitantes significaban ambos tributos. Desde el “de aquí se irán todas las sucursales bancarias” hasta el “al final lo acabarán pagando los ciudadanos” lo que se trataba de evitar era perjudicar en lo que el difunto Forges consideraba un porcentaje pequeñísimo de las ganancias de las eléctricas y la banca. “Ibarra arruina a las eléctricas cobrándole un 0,00000000000001% de sus beneficios” decía un chiste del malogrado humorista publicado en El País en 2006. En ambos casos, tuvo que ser el Tribunal Constitucional el que dio la razón a la Junta de Extremadura una vez que tuvo que resolver los recursos presentados por quienes tenían que pagar esos impuestos y no querían pagarlo (lo cual entra dentro de la lógica del pagador) y por quienes desde posiciones partidarias defendían que no los pagaran (lo cual entra dentro de la torpeza política y de la falta de ambición por la igualdad).

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No me insultes que llevo chanclas

No me insultes que llevo chanclas / Rosell

No me insultes que llevo chanclas / Rosell

Antes de que la sra. Tejerina insultara a los andaluces, la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, afirmó que los madrileños estaban pagando la educación y la sanidad de los andaluces, por culpa de un sistema de financiación autonómica “injusto”. Debe ser que pagan muy mal puesto que según su compañera de partido, Isabel García Tejerina, “en Andalucía te dicen que lo que sabe un niño de diez años es lo que sabe un niño de ocho en Castilla y León”.

La cosa viene de lejos, porque la también popular Ana Mato, en una entrevista en Punto Radio, en marzo de 2008, aseguraba que “los niños andaluces son prácticamente analfabetos”. Artur Mas alardeó de que los niños catalanes sabían hablar mejor el castellano que, por ejemplo, los sevillanos, a los que “no se entiende”. Y el inefable ex portavoz del PP, Rafael Hernando, en marzo del 2015 ya dijo que “hay que sacar a Andalucía del pelotón de los torpes”.

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