IMPUESTOS PROPIOS

Primero fue el impuesto bancario y ahora ha sido el impuesto sobre iniciativas industriales contra el medio ambiente. En ambos casos, los que tienen una idea equivocada del Estado que diseñó la Constitución se llevaron las manos a la cabeza utilizando el manido discurso de los riesgos que para la región extremeña y para sus habitantes significaban ambos tributos. Desde el “de aquí se irán todas las sucursales bancarias” hasta el “al final lo acabarán pagando los ciudadanos” lo que se trataba de evitar era perjudicar en lo que el difunto Forges consideraba un porcentaje pequeñísimo de las ganancias de las eléctricas y la banca. “Ibarra arruina a las eléctricas cobrándole un 0,00000000000001% de sus beneficios” decía un chiste del malogrado humorista publicado en El País en 2006. En ambos casos, tuvo que ser el Tribunal Constitucional el que dio la razón a la Junta de Extremadura una vez que tuvo que resolver los recursos presentados por quienes tenían que pagar esos impuestos y no querían pagarlo (lo cual entra dentro de la lógica del pagador) y por quienes desde posiciones partidarias defendían que no los pagaran (lo cual entra dentro de la torpeza política y de la falta de ambición por la igualdad).

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