EQUIVOCARSE HONRADAMENTE

Cuando yo era un adolescente de apenas 14 o 15 años, dos hermanos holandeses, Johnny y Charley Kurt lanzaron una baile absurdo, pero facilón y pegadizo que llevaba por nombre el baile de la yenka. La letra decía algo así como “izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante y atrás, un, dos tres”. Recientemente, el cantante Ricky Martin lanzó “un pasito p’alante María, un pasito p’atrás. Un, dos tres”, que viene a ser una versión caribeña de la holandesa yenka. Y, tanto una como otra, no dejan de ser variaciones sobre las artimañas que utilizan los gobiernos cuando necesitan combatir el miedo con más miedo. Uno de los errores más comunes cuando se quiere adiestrar a un perro de compañía consiste en transmitir al animal dos órdenes contradictorias y simultáneas. El perro no sabrá a qué atenerse y se quedará quieto, sin obedecer y desconcertado.Los ciudadanos estamos viviendo una situación insólita provocada por el coronavirus covid-19, y de difícil manejo por parte de quienes tienen la responsabilidad de velar para que la salud de los españoles. El desconocimiento de la enfermedad provoca que las autoridades sanitarias y políticas caigan en lo que propone la yenka o lo que sugiere el cantante Ricky Martin: un pasito adelante y otro atrás. Al igual que le pasa al perro, los ciudadanos también sentimos gran desconcierto cuando creemos que las mascarillas no son necesarias y que las mascarillas deben ser llevadas cuando estemos con más personas. Desconcierto cuando sabíamos que los asintomáticos no contagiaban y cuando oímos que sí pueden infectar. Desconcierto cuando los niños tendrán permiso para salir una hora para ir al banco, al estanco o al hiper, pero no a la calle o cuando escuchamos lo contrario. El miedo paralizante se ve incrementado por las ordenes y recomendaciones contradictorias.

Dicho esto, a nadie se le deben exigir responsabilidades porque, en honor a la verdad, nadie sabe casi nada del virus que nos ha declarado la guerra. Los profetas del ayer son los únicos que aciertan siempre. El gobierno y los científicos tienen todo el derecho a equivocarse honradamente, que quiere decir que ante un fenómeno tan novedoso y tan venenoso, los responsables tienen el derecho a equivocarse si han hecho todo lo posible y todo lo que está a su alcance para acertar. Mientras el gobernante se equivoque horadamente, el ciudadano, víctima del miedo ante el peligro desconocido, no tiene otro camino que depositar su confianza en quienes tienen la posibilidad de protegerle. Y ese protectorado recae esencialmente en el gobierno. En el caso que nos ocupa, el gobierno, en sus distintos niveles, es el único que tiene la posibilidad de articular todas las medidas que la Constitución y la Ciencia le permitan. Y en él confiamos.

Solo perderíamos la confianza en quienes ejercen la función gubernamental si llegáramos a la conclusión de que la información que se nos suministra y que tanto necesitamos no respondiera a la verdad de los hechos. Hay un ejemplo que demuestra claramente como la confianza en quien puede protegernos se desvanece cuando en lugar de informar verazmente se miente con afanes electoralista: los atentados del 11M, en Atocha, llenaron de zozobra a los españoles. Salimos en manifestación en apoyo del gobierno y de cuantas medidas fueran necesarias aplicar para detener a los autores de la masacre. Según el gobierno de Aznar, ETA era la bestia a perseguir. Cuando se demostró que mintió, se perdió la confianza y los ciudadanos dieron la espalda a un gobierno mentiroso.

Con la verdad y la disciplina, saldremos adelante. Con la verdad, el gobierno será el refugio de los ciudadanos que, por ciudadanos, siempre debemos ser tratados como tales.

4 pensamientos en “EQUIVOCARSE HONRADAMENTE

  1. Esto es así, los ciudadanos tenemos que estar pendientes de lo que dicen el Gobierno y los científicos que son los que están al tanto del desarrollo de los acontecimientos. Sólo cabría una critica y una clara discrepancia si viéramos que lo que se está haciendo, se hace con mala fe o con una clara displicencia o desgana. Por tanto, si parece que los que están interviniendo como “a ver de que se trata para oponerme “, lo hacen de una manera irresponsable y con malas maneras. Buen artículo, muy reflexivo.

  2. ¿Quosque tandem abutere patientia nostra?
    Las farmacéuticas no dejan de ser empresas, cuyo fin es ganar dinero. Sin embargo, por su labor social “el fin no justifica los medios”. Los grandes laboratorios tienen en sus manos la salud y la vida de millones de personas. Enfermedades como la malaria no tienen vacuna porque sólo las poblaciones de los países del Sur la sufren. Sin embargo, cada año surgen nuevos productos contra la obesidad, la celulitis o la caída del cabello. La respuesta la daba el Premio Nobel de la Paz, Desmod Tutu: “Las personas, no los beneficios, deben estar en el centro de la ley”.

  3. La verdad es el pilar de los gobiernos . Completamente de acuerdo con la filosofía de este artículo. Además para poner un poco de frivolidad en estos trágicos momentos he aprendido que la yenka de mi juventud era holandesa.

  4. “Al igual que le pasa al perro, los ciudadanos también sentimos”
    Hay que ser un auténtico palurdo de la España Profunda para comparar y poner a la misma altura a los perros y a los ciudadanos.
    Vaya lenguaje más pobre, y que conciencia más osificada hay que tener para combinar ideas tan dispares, baile, perros, 11M.
    Esto es un ejemplo más del cerebro reptiliano disecado de la Izquierda. Con que claridad se percibe que ha dedicado poquito tiempo a instruirse, y mucho más tiempo a escuchar música y a rodearse de perros.
    Que lástima .

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