ESTAFADOS

La violencia con que Usted reacciona ante una información es inversamente proporcional a la exactitud de la misma. Este es el postulado de Weathermax. Advierto de que todo lo que se escriba o diga contra la ideología nacionalista será respondida con el exabrupto, el insulto o la descalificación, porque un nacionalista periférico cree que su ideología es moral y éticamente superior a la ideología de los demás, hasta el punto que cuando llega eI misticismo nacionalista, algunos, como los etarras, no han tenido ningún inconveniente en matar a los que no pensaban de la misma manera que ellos.

Los nacionalismos que hoy conocemos en España son, al menos en parte, el resultado de la transformación, o si queremos ser más precisos, de la secularización y modernización del foralismo o fuerismo que caracterizó al tradicionalismo español en el siglo XIX. Este, a su vez, era la expresión de la resistencia que se opone, desde distintas zonas de España a los sucesivos intentos de centralización política y al proceso de laicización de la vida política que se produce en España en ese siglo.

El gobierno catalán ha convertido el programa máximo de su partido, CIU, en programa de gobierno y, ya sin tapujos, ha proclamado su deseo de que Cataluña se convierta en un Estado independiente.

Para marcar una diferencia importante de sensibilidades diré que para un nacionalista la historia relevante es la de los conflictos centro-periferia que han tenido como escenario el suelo peninsular, mientras que para un progresista español lo importante son las luchas que han permitido la emancipación del pueblo español. En los planteamientos reformistas, el Estado es la clave de la transformación y de la nivelación social y económica de los ciudadanos. Por eso muchos de los que nos consideramos ciudadanos de izquierdas tenemos muchos problemas a la hora de comprender cualquier deslegitimación, no de la España en abstracto y patriotera, sino de la España actual, democrática, constitucional, plural, diversa y descentralizada donde por primera vez la izquierda y los progresistas pueden plantear y llevar adelante un proyecto político de igualdad, libertad y solidaridad para todos y entre todos.

Por eso resulta tan lamentable que, en las dos únicas ocasiones en que la izquierda española ha podido gozar de libertad plena para tratar de ganar la confianza de los progresistas y acceder al gobierno de España para seguir ampliando los derechos y la libertad de los ciudadanos, desde Cataluña se pongan palos en la rueda de esa posibilidad, abierta desde la Constitución de 1978, poniendo en peligro la convivencia y la libertad de este instrumento llamado España, como ya ocurrió en octubre de 1934 con la proclamación unilateral del Estado catalán y en 2012 con el pronunciamiento del gobierno de la Generalidad de Cataluña. Los españoles que en la lucha contra la dictadura gritábamos Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía nos sentimos estafados tanto por los que, utilizando el terrorismo, no luchaban contra la dictadura sino contra los españoles, como por los que, conseguida esa ansiada autonomía, nos utilizaron para gritar, no por el reconocimiento de la diversidad y de la identidad de algunos territorios, sino como un primer paso para la independencia.

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