YO NO PIERDO LA ESPERANZA

Caceroladas sin mascarillas

Foto: EFE

Hace un par de semanas publiqué un artículo en este blog advirtiendo de la posibilidad de que, como consecuencia de nuestra laxitud a la hora de cumplir con la normativa sobre mascarillas y distancia social, volviéramos a la fase cero y al confinamiento total. Señalaba a los que en una mano esgrimen una cerveza y a los que en otra aporrean una cacerola. Debo decir que los de la cerveza ni se han inmutado y, tal vez, ni se hayan dado por aludidos, como diciendo “yo a lo mío y los demás que digan misa”. Por el contrario, los de las cacerolas, los defensores de la libertad, han salido desenfrenados propagando contra mí todo tipo de insultos, calumnias y difamaciones según me cuentan quienes se dedican a tuitear o a facebookear. Yo no frecuento esos nidos de anónimos cobardes.

De lo dicho deduzco dos cosas: la primera es que respeto más a los de la cerveza que a los de las cacerolas. Los cerveceros no se consideran los campeones de la libertad y, por lo tanto, admiten y toleran que haya gente que mantenga posiciones distintas de las que ellos sostienen. En definitiva, los de la cerveza parece que viven y dejan vivir. La segunda deducción es la que me lleva directamente a no creerme la defensa de la libertad de quienes viven y aspiran a que los demás o nos muramos (como parece ser que me deseó un cacerolón) o a que vivamos como ellos quieren que se viva. No debería extrañarme, porque con la edad que tengo ya he visto como exigen que se nazca cuándo y cómo ellos digan, que se muera la gente cómo y cuándo ellos decidan, que se elija pareja del sexo que ellos quieren, que esas parejas duren lo que ellos deciden que tienen que durar, que el matrimonio debe ser como ellos quieren y no como quieren los demás. que uno se sienta español como ellos dicen que hay que ser español, que se sea de la religión que ellos dicen que es la verdadera, etc.

Algunos, sin ocultarse en el anonimato, lo cual es de agradecer, han dirigido sus comentarios a mi blog, recriminándome que no haya dicho tal o cual cosa de Pedro o de Juan, como si yo tuviera la obligación de decir lo que ellos quieren que diga. “A ti se te olvidó decir que…”. Efectivamente, en 400 o 500 palabras se omiten muchas más ideas o denuncias de las que se dicen en un texto tan corto. En mi defensa diré que no he escrito El Quijote, sino un modesto artículo expresando algún deseo. Cualquiera puede escribir lo que a mí se me olvidó; solo necesita hacerse un blog y saber juntar unas cuantas letras, a poder ser, a una hora que te permita ejercer con cierta lucidez. Porque no siento antipatía, sino comprensión y lástima por quienes a altas horas de la madrugada se acuerdan de mí y arremeten con furia sobre alguien que ha decidido ejercer la libertad que ellos piden. No siento rencor; siento que alguien debería aconsejarles que acudan a la consulta de un psiquiatra, porque algo no funciona bien en la cabeza de a quien mi nombre envenena su sueño. Sé que un buen tratamiento les haría mejorar. Ya se ha visto lo que han mejorado con la bandera de España. ¡Con qué orgullo se les ve lucir la bandera constitucional! Ya es algo. No pierdo la esperanza de que vayan progresando adecuadamente y cualquier día me sorprendan diciendo educadamente que “no comparten mi opinión, pero que la respetan”. Yo no pierdo la esperanza.

Claro que para llegar a eso hay que abandonar los discursos ventriloquistas  y adoptar una posición moderada que nos aleje del tono camorrista y del matonismo. La moderación no está reñida con la firmeza. La discrepancia tampoco es enemiga de la moderación. Los únicos enemigos de la moderación son el fanatismo, el sectarismo y  la tentación a manifestarse como los poseedores de la única verdad. De nuevo parece que a media España le sobra la otra mitad.

2 pensamientos en “YO NO PIERDO LA ESPERANZA

  1. Mejor no perder la esperanza que hacerse mala sangre con quienes se creen que el poder les pertenece por designio divino, y si no lo ejercen ellos, es ilegítimo. Luego están los seguidores que, como dice mi abuelo: pobre y de derechas, dos veces pobre… Pero tú sigue esperanzado, esa fue tu actitud cuando conquistaste los mayores niveles de igualdad que jamás alcanzó tu querida Extremadura. No te lo van a perdonar nunca que la palabra “amo” pasara a la historia.

  2. Es un lujo y un inmenso placer poder leer a Juan Carlos Rodríguez Ibarra , luchador por la libertad y por la ética. Se echa en falta valores como él en ésta sociedad tan compleja y tensa. Siempre su precisión y oportunidad es resulta una luz en esta oscuridad que vivimos

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