Hartos de los que están hartos

Mariano Rajoy en el Congreso. Foto: EFE
No hay defensor de la regeneración democrática y política que no comience sus conversaciones, sus comentarios o sus artículos sobre la situación política española con el manido ¡Estamos hartos! Esa es la exclamación con la que se inicia la perorata sobre la incapacidad de los partidos políticos para ponerse de acuerdo a la hora de conformar un Gobierno en España. Consideran una agresión el hecho de que, después de dos elecciones, se siga manteniendo la duda sobre el titular de la Presidencia del Gobierno y se maneje la fecha de finales de noviembre o principios de diciembre para volver a someter a los españoles a la ¿tortura? de tener que volver a las urnas. Tortura era no poder votar durante cuarenta años. Si votamos dos veces extras, se nos siguen debiendo ocho elecciones.
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Cumplir las promesas de la campaña

Siempre que pasa lo mismo, se dice lo mismo, sin que exista la más mínima garantía de que se van a cumplir las premoniciones. Cuando, después del 20-D, los partidos del arco parlamentario no fueron capaces de llegar a un acuerdo para formar un Gobierno, los más avispados de entre nosotros auguraban una amplia abstención si se volvían a convocar nuevas elecciones; se aventuraba que los responsables de conducir al país a un nuevo proceso electoral lo pagarían caro en las urnas. No pasó ni una cosa ni otra. Los españoles volvimos a votar el pasado 26 de junio con un porcentaje de participación parecido al que acudió a votar en las elecciones de seis meses atrás. PSOE y Ciudadanos, ante la inacción de Rajoy, intentaron formar un Gobierno que sólo exigía la abstención del PP o de Podemos. Podemos se quedó como estaba en las últimas elecciones, y PP ganó diecisiete escaños. Nada de lo que se predijo ocurrió.
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Los tópicos son los que agotan

Foto: EFE
Pronto se iniciará la nueva campaña electoral, aunque cualquiera que no viva en España y nos visite en estos días, si ve cualquier tipo de prensa, podrá concluir que la campaña electoral ya está lanzada a toda pastilla. De igual manera que en los inicios de la Transición nos inventamos aquello de la preautonomía, con el paso del tiempo, también creamos lo de la precampaña, que es una forma camuflada de denominar las campañas electorales de dos meses de duración.
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Los dilapidadores del 15-M

La Puerta del Sol en 2011
El 15-M de 2011 fue un movimiento que se nutrió de tanteos, de experimentos, de reivindicación de nuevas formas de enfrentarse a la realidad. Se organizaron en asambleas y probaron. No todo funcionó, no todo hubiera podido ser realizable, pero a partir de ahí se alteraron determinadas prácticas y algunas maneras de hacer política. Los que se juntaron en la Puerta del Sol no iban de listos ni de sobrados; iban de intrépidos y de audaces.

Por el contrario, los que aspiraron a constituirse en los herederos de ese movimiento abandonaron el atrevimiento y la audacia; se apuntaron al podemos y abandonaron el probemos. Aparecieron como los listos de la clase y los pedantes de la tertulia, protagonizando uno de ellos, en exclusiva, la dirección, la iniciativa y la representación, al estilo de los partidos tradicionales, lejos del liderazgo abierto y socializado que defendieron los participantes del movimiento 15-M.
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Independientes ¿de qué o de quién?

Manuela Carmena (EFE)
La política española se divide en dos: los que militan en partidos políticos y los que no. Entre estos últimos, los hay que no se afilian porque tienen prohibida la pertenencia a cualquier organización política por razones del cargo o de la responsabilidad que desempeñan, o porque tienen necesidad de mantenerse al margen de la militancia para acrecentar su imagen de independencia.
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