¿Qué buscan?

La secesión no se sostiene en la simple voluntad de separarse, sino en ausencia de democracia o injusticia. Si hay democracia, no cabe la secesión. Más exactamente, la secesión hace imposible la democracia: si yo me marcho porque no me gusta lo que todos hemos decidido entre todos, no hay decisión verdaderamente democrática. Levantar una frontera entre conciudadanos, hacerlos extranjeros, reducir la comunidad de derechos, de justicia y democracia, supone una vuelta a los tiempos oscuros.

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¿Y yo qué seré?

¿Y yo qué seré?Yo soy partidario del Estado de las Autonomías. El Estado de las Autonomías ha elevado el nivel vital de todos los territorios de España y eso es un haber positivo que no puede olvidarse. Se dice que el Estado de las Autonomías es costoso, pero recuérdese que en la deuda española, la privada es tres veces superior a la pública; es decir, es imputable al Estado de las Autonomías menos de un tercio de la deuda global.

Las comunidades autónomas han cometido muchas torpezas, sin duda, pero muchas de ellas han servido para el progreso. Plantear ahora el retorno al sistema centralista es sencillamente suicida. No hay una sola posibilidad entre mil de que la clase política acepte esto y probablemente ningún pueblo de España lo quiera.

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Suceso imprevisto

Suceso imprevistoLos acontecimientos transcurrieron de la siguiente manera: el 20 de diciembre de 2015 se celebraron las elecciones generales. Ningún partido obtuvo la mayoría suficiente que le habría permitido formar Gobierno. Pasado los dos meses reglamentarios desde el primer debate de investidura, volvieron a convocarse para el 26 de junio de 2016. Habían pasado seis meses, doscientos cuarenta días con sus correspondientes noches. Durante ese tiempo, todos, salvo los muy irresponsables, tuvieron tiempo suficiente para meditar lo que podría ocurrir si, de nuevo, el resultado exigiera alianzas o abstenciones para que un partido estuviera en condiciones de formar Gobierno.
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¿Qué quiere pintar el PSOE?

¿Qué quiere pintar el PSOE?Manuel Valls decidió presentar su candidatura a la presidencia de la República Francesa por el Partido Socialista. Dicho partido celebrará sus primarias en dos vueltas, el 22 y el 29 de enero, con al menos siete candidatos. Solo el anuncio de Valls le permitió colocarse como favorito en la carrera de los socialistas al Palacio del Elíseo. Al parecer, en las preferencias, le sigue el ex ministro de Economía Arnaud Monteburg. Todavía es pronto para descartar a otros candidatos como la senadora de París Marie Noëlle Lienemann o el exministro de Economía Benoît Hamon. A ellos se unirán en la disputa Gérard Filoche, dirigente del Partido Socialista; Jean-Luc Bennahmias, integrante del Frente Demócrata, y el ecologista François de Rugy.
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Pasar de castaño oscuro

Recomiendo, a quienes no lo hayan hecho, que lean el texto íntegro del llamado Pilares para construir una Euskadi con más y mejor empleo, más equilibrio social, más convivencia y más y mejor autogobierno, firmado por el PNV y el PSE-PSOE. Si la memoria no me traiciona, los miembros que representan al PSE en el Comité Federal del PSOE mantuvieron la defensa del no cuando hubo que pronunciarse en ese Comité sobre la abstención o el voto negativo a la investidura del candidato del PP, Sr. Rajoy. Según dijeron los medios de comunicación, y según manifestaciones del entonces secretario general de los socialistas españoles y de algunos de sus más estrechos colaboradores, el PSOE debía votar no a esa investidura, argumentando -no sin cierta dosis de razón- que el PP tenía la obligación y la responsabilidad de buscar alianzas con aquellos grupos parlamentarios de ideología similar a la que profesa el Partido Popular. En concreto, el PNV era uno de los que más citaban los dirigentes socialistas cuando trataban de ejemplificar el camino que debería seguir el Sr. Rajoy.
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¡Como para quejarse!

Se entendería que alguien deseara romper amarras con la parte a la que está unido, sabiendo que esa ruptura significaría para él un perjuicio en lo económico. Entonces, lo que movería a la separación sería otro tipo de razones distintas a las puramente pecuniarias. En el caso de Cataluña, los precursores de la independencia nunca dan por supuesto que la ruptura significará el empobrecimiento de la gente que en ella vive. No se querrían ir si supieran que irían a peor. Quieren marcharse porque piensan que vivirán mejor. La identidad, la diferencia, la lengua y la cultura no son el argumento sino la excusa para vivir mejor. Cuando el nacionalismo español de la Restauración, de la dictadura de Primo de Rivera, de la dictadura de Franco supuso un trato preferente y privilegiado para la industria y las infraestructuras catalanas, nadie acarició la tentación de romper para perder. El estatuto de Cataluña de la II República definía a ese territorio como “Región española”.
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