Centrar al PP

Centrar al PPLa evolución histórica de los partidos políticos de ámbito estatal en España dificulta enormemente lo que en otros países de la Europa occidental es algo normal. Me refiero al acuerdo, al consenso e incluso a las grandes coaliciones entre partidos de procedencia liberal-conservadora y socialdemócrata. En España, la representación del movimiento socialdemócrata lo representa el PSOE, nacido hace 137 años para representar y defender los intereses de una de las clases que en el siglo XIX conformaban la sociología de nuestro país, la clase obrera y trabajadora. Durante casi un siglo y medio, el partido socialista ha recorrido caminos que, en función de las circunstancias, lo hacían parecer más o menos revolucionario, más o menos obrerista, más o menos socialista. En la actualidad el PSOE se erige como el mayor y más genuino representante del centro izquierda español. A su izquierda se situaban los comunistas que evitaban la radicalización socialista so pena de ser absorbidos por ellos.
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Populismo, no hay que irse tan lejos

No ha habido tiempo para recuperarnos de la valerosa, heroica y épica gesta llevada a cabo por el no menos valeroso, heroico y épico concejal del Ayuntamiento de Badalona, el ya famoso, alabado y venerado Josep Téllez, quien, a las puertas de ese Consistorio, en un 12 de octubre de 2016, y poniendo en riesgo su integridad física y actuando por delegación de la alcaldesa que, casualmente, se encontraba fuera de España, rasgó con gesto displicente, chulesco y despreocupado el auto judicial que prohibía al Ayuntamiento de esa ciudad catalana abrir sus puertas con normalidad por tratarse de un día festivo en todo el territorio español. Un mes después, el pasado día 14, nos desayunamos con la noticia de otra heroicidad, proveniente del mismo sector -los héroes de la independencia de Cataluña-, pero protagonizada, en esta ocasión, por personajes ya conocidos en la escena política española.
Populismo, no hay que irse tan lejos

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No es fácil, pero se puede

Es costumbre en la democracia española, cuando se acercan las elecciones, poner el acento en el nombre de los candidatos antes que en los partidos políticos. De todos (o de casi todos) es sabido que no somos los electores los que elegimos al presidente del Gobierno. Son los diputados, reunidos en el Congreso, los encargados de designar para ese cargo a la persona capaz de aglutinar alrededor suyo un mínimo de 176 votos en la primera votación o a más votos a favor que en contra en la segunda. Elegimos parlamentarios cada vez que se convocan elecciones generales al Congreso y al Senado. Y son ellos los que en nuestro nombre y como representantes de la soberanía nacional se encargan de articular todas y cada una de las funciones que tienen encomendadas por la Constitución Española y por el Reglamento del Congreso y del Senado.
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Cumplir las promesas de la campaña

Siempre que pasa lo mismo, se dice lo mismo, sin que exista la más mínima garantía de que se van a cumplir las premoniciones. Cuando, después del 20-D, los partidos del arco parlamentario no fueron capaces de llegar a un acuerdo para formar un Gobierno, los más avispados de entre nosotros auguraban una amplia abstención si se volvían a convocar nuevas elecciones; se aventuraba que los responsables de conducir al país a un nuevo proceso electoral lo pagarían caro en las urnas. No pasó ni una cosa ni otra. Los españoles volvimos a votar el pasado 26 de junio con un porcentaje de participación parecido al que acudió a votar en las elecciones de seis meses atrás. PSOE y Ciudadanos, ante la inacción de Rajoy, intentaron formar un Gobierno que sólo exigía la abstención del PP o de Podemos. Podemos se quedó como estaba en las últimas elecciones, y PP ganó diecisiete escaños. Nada de lo que se predijo ocurrió.
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Carniceros de toros bravos

Es raro escuchar en cualquier feria de cualquier pueblo o ciudad que programe corridas de toros o novilladas el nombre de los toros que van a ser lidiados y matados en los cosos taurinos. Lo habitual es que se publicite y se transmita de boca a oído el nombre de los toreros, novilleros o rejoneadores que van a intervenir en esos espectáculos taurinos. En una corrida donde vaya a torear José Tomás, o El Juli, o Talavante, o Perera, o Ponce, los aficionados no dicen que esa tarde van a ver al toro de nombre Media Luna o Bastoncito. A veces, al final de la corrida, el nombre de un toro vuela por los mentideros, bien porque ha dado la vuelta al ruedo, bien porque fue indultado debido a su fiereza, bravío y embiste, bien porque acabó con la vida del torero al que cogió en una de las muchas oportunidades que tuvo el toro en su mano a mano con el torero. Ejemplos de esas circunstancias las ha habido en esta temporada y las seguirá habiendo mientras el toro y el torero se enfrenten en una plaza para continuar con la tradición. Paquirri o el Yiyo son sólo dos de los ejemplos que se pueden poner de lo dicho y de lo caro que sale en algunas ocasiones la lucha contra el toro.
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Oiremos las mismas canciones

Se acabó la undécima legislatura y a partir del 26 de junio se abrirá la décimo segunda de la democracia. Ello significa que en el próximo mes volveremos a votar por las diferentes opciones que deseen obtener representación en el Congreso y en el Senado. Previamente, como viene ocurriendo desde que se disfruta de democracia, los partidos y coaliciones se tirarán a la calle para hacer llegar al electorado todo aquello que crean oportuno para sus intereses. La campaña -y antes la precampaña- acompañaran nuestras vidas hasta el día de la votación. Lo que a nosotros nos parece anormal, es algo habitual en las democracias que se rigen por un sistema electoral que contempla la segunda vuelta para declarar vencedor a aquel partido o candidato que no obtuvo la mayoría absoluta en la primera tanda de votaciones. Si los votantes de esos países no se cansan, no veo la razón del supuesto hartazgo que anima a los españoles por el hecho de tener la posibilidad de votar dos veces en cuatro meses. Y digo bien cuando escribo la posibilidad de votar porque, a diferencia de lo que ocurre en otras democracias, en la española el voto es voluntario
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