¡Y se creerán que no van a votar!

¡Y se creerán que no van a votar! / Rosell

¡Y se creerán que no van a votar! / Rosell

Sigo peleando contra la maldición que me persigue. Parece ser que por el hecho de haber dedicado buena parte de mi vida a la actividad política tengo la obligación de escuchar diariamente a los pelmas que se consideran con el derecho de “amenazarme” con la consabida frase de “…pues yo no voy a votar”. Siento decepcionarles cuando les respondo con un encogimiento de hombros como dándoles a entender que a mí lo mismo me da. Ellos creen que no he entendido la amenaza y vuelven a la carga.

Si después de 41 años de democracia algunos no han llegado a comprender que la democracia no es un sistema político que sólo compete a los que se dedican activamente a la política, sino que es patrimonio de todos, independientemente de lo que les haya costado conseguirla, pienso que una breve explicación callejera o en la barra de un bar no va a disuadirles de su satisfactoria decisión.
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¿Hartos de democracia?

¿Hartos de democracia? - Fernando Villar / EFE

¿Hartos de democracia? – Fernando Villar / EFE

Se hartaron de democracia. Amenazan con no votar. Franco murió hace 44 años y no saben dónde enterrarlo porque algunos creen que sigue vivo. Berta, la protagonista de la excelente novela de Javier Marías, reflexionaba con rencor sobre la estupidez de quienes se vanagloriaban con las hazañas de la dictadura argentina en Las Malvinas: “El pueblo, que a menudo es vil y cobarde e insensato, nunca se atreven los políticos a criticarlo (…). Es solo que se ha erigido en intocable y hace las veces de los antiguos monarcas despóticos y absolutistas. Como ellos, posee la prerrogativa de la veleidad impune, no responde de lo que vota ni de a quién elige, de lo que apoya, de lo que calla y otorga o impone y aclama”.
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Hoy me siento bien siendo español

Seguramente los terroristas pondrán mucha atención y sacarán sus calculadoras para ver cuántos muertos necesita la ‘premier’ británica para eliminar libertades

 

Hoy me siento bien siendo españolPasaron las elecciones al Parlamento británico, que se adelantaron, no por necesidades del país, sino por el afán ventajista del Gobierno conservador, que pensó que el adelanto significaría la puntilla para un partido laborista que daba la sensación de estar deshilachándose, y la ocasión de aumentar la mayoría parlamentaria de la que ya disponía la primera ministra británica, la señora May, por herencia del irresponsable Cameron. Para los que opinan que las campañas electorales son un invento que no sirve para nada, será necesario recordar que al anuncio de la convocatoria de elecciones la ventaja del partido conservador respecto al laborismo era de 20 puntos porcentuales, mientras que la votación final, tras la campaña electoral, se redujo esa diferencia a apenas 2 puntos porcentuales. El líder laborista, el señor Corbyn, ha conseguido lo que nadie esperaba; no sólo no se hundió definitivamente, sino que, siguiendo el efecto que el profesor Tierno Galán provocó en el electorado madrileño cuando se presentó a alcalde de la capital de España, ha conseguido arrancar de su abstención a buena parte del voto de la juventud británica y llenar sus ya veteranas alforjas de ese voto que, según decían los analistas, se encontraba desencantado. Sigue leyendo

Suceso imprevisto

Suceso imprevistoLos acontecimientos transcurrieron de la siguiente manera: el 20 de diciembre de 2015 se celebraron las elecciones generales. Ningún partido obtuvo la mayoría suficiente que le habría permitido formar Gobierno. Pasado los dos meses reglamentarios desde el primer debate de investidura, volvieron a convocarse para el 26 de junio de 2016. Habían pasado seis meses, doscientos cuarenta días con sus correspondientes noches. Durante ese tiempo, todos, salvo los muy irresponsables, tuvieron tiempo suficiente para meditar lo que podría ocurrir si, de nuevo, el resultado exigiera alianzas o abstenciones para que un partido estuviera en condiciones de formar Gobierno.
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Cumplir las promesas de la campaña

Siempre que pasa lo mismo, se dice lo mismo, sin que exista la más mínima garantía de que se van a cumplir las premoniciones. Cuando, después del 20-D, los partidos del arco parlamentario no fueron capaces de llegar a un acuerdo para formar un Gobierno, los más avispados de entre nosotros auguraban una amplia abstención si se volvían a convocar nuevas elecciones; se aventuraba que los responsables de conducir al país a un nuevo proceso electoral lo pagarían caro en las urnas. No pasó ni una cosa ni otra. Los españoles volvimos a votar el pasado 26 de junio con un porcentaje de participación parecido al que acudió a votar en las elecciones de seis meses atrás. PSOE y Ciudadanos, ante la inacción de Rajoy, intentaron formar un Gobierno que sólo exigía la abstención del PP o de Podemos. Podemos se quedó como estaba en las últimas elecciones, y PP ganó diecisiete escaños. Nada de lo que se predijo ocurrió.
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Oiremos las mismas canciones

Se acabó la undécima legislatura y a partir del 26 de junio se abrirá la décimo segunda de la democracia. Ello significa que en el próximo mes volveremos a votar por las diferentes opciones que deseen obtener representación en el Congreso y en el Senado. Previamente, como viene ocurriendo desde que se disfruta de democracia, los partidos y coaliciones se tirarán a la calle para hacer llegar al electorado todo aquello que crean oportuno para sus intereses. La campaña -y antes la precampaña- acompañaran nuestras vidas hasta el día de la votación. Lo que a nosotros nos parece anormal, es algo habitual en las democracias que se rigen por un sistema electoral que contempla la segunda vuelta para declarar vencedor a aquel partido o candidato que no obtuvo la mayoría absoluta en la primera tanda de votaciones. Si los votantes de esos países no se cansan, no veo la razón del supuesto hartazgo que anima a los españoles por el hecho de tener la posibilidad de votar dos veces en cuatro meses. Y digo bien cuando escribo la posibilidad de votar porque, a diferencia de lo que ocurre en otras democracias, en la española el voto es voluntario
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