¿Cómo piensan pasar a la historia?

«Los actuales dirigentes de las formaciones que apoyan la Constitución española tienen que decirnos ya al resto de los españoles cuál va ser el papel por el que quieren pasar a la historia»

¿Qué es un relator? ¿Quién es el relator? No me interesa tanto saber quiénes son ellos como saber quiénes somos nosotros. Y en ese nosotros incluyo a los partidos constitucionalistas, tanto los que votamos la Constitución (PSOE) como los que se abstuvieron (PP) o no la votaron porque no existían como partido en 1978 (Cs). Y ese nosotros enfrenta un conflicto que promete acabar con la Constitución y, por tanto, con la democracia, salvo que seamos capaces de ganarles desde la legalidad constitucional y desde la lealtad democrática. Ese conflicto no es otro que el proceso secesionista que si no fuera por la tragedia que está generando en Cataluña podríamos equipararlo al proceso de Kafka por la cantidad de dislates que lo acompañan.
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40 años de Constitución

40 años de ConstituciónHabía accedido a la condición de diputado sin la preparación ni la convicción necesaria para abordar el desafío que los españoles nos habíamos propuesto acometer a la muerte del dictador Franco. Mi militancia en el PSOE no era para obtener un cargo, sino para contribuir a derrotar a la dictadura. Mi tercer puesto en la lista del PSOE al Congreso de los Diputados por la provincia de Badajoz no dejaba de ser más que un nombre para rellenar los huecos que quedaban libres para completar los siete que se necesitaban. Según Alfonso Guerra, el PSOE en Badajoz solo obtendría un diputado. Nunca supe si se equivocó o me engañó; el caso es que me vi legitimado para participar en la elaboración de una Constitución sin la que no habría democracia en España.
Desde el primer momento en que puse el pie en el hemiciclo supe que los que estábamos allí, estábamos para hacer algo transcendente. Ver bajar por las escalerillas del hemiciclo a Dolores Ibárruri, cogida del brazo del poeta Rafael Alberti, para ocupar la mesa de edad, junto con quienes habían servido al franquismo me trasladó a un escenario inimaginable un año antes, pero que se abría para que los diputados representáramos la mejor obra democrática que jamás se puso en escena en España: la Constitución de 1978

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Y vosotros, ¿qué hicisteis?

 Y vosotros, ¿qué hicisteis? / rosell

Y vosotros, ¿qué hicisteis? / rosell

Nací, como tantos españoles, en un país en el que regía una dictadura militar. Crecí en un país sin derechos y sin la condición de ciudadano libre. Nací en una dictadura, pero pienso, quiero y seguro que moriré en una democracia.

¿Por qué ese deseo, ese pensamiento, esa voluntad? ¿Por qué esa proclama que podría parecer extemporánea, trasnochada y fuera de lugar? De nuevo, y como ya ocurrió en 1934, el nacionalismo catalán vuelve a traicionar a la democracia española. Seis años después de que Artur Mas iniciara el desafío al Estado, ya no se trata de saber si habrá o no referéndum; si Puigdemont será o no entregado para ser juzgado por rebelión; si los independentistas tienen o no derecho a poner lazos amarillos donde les plazca; si Torra chantajea o no al Gobierno; si los independentistas se dividen o se unen. Sobre esos asuntos hay opiniones para todos los gustos. Aquí y ahora, de lo que se trata es de saber si un grupo de ciudadanos dirigidos por gente que ha decidido romper España, pueden liquidar lo que ellos llaman “el régimen del 78”. Y aquí ya no hay mucho donde elegir: o ganan ellos, los que quieren acabar con la Constitución o ganamos los que queremos defenderla. Ya no es momento de explicarnos por qué hemos llegado hasta aquí. Ya hay cientos de versiones. Los que no saben qué hacer ni por dónde tirar se escabullen con lo de la “búsqueda de una salida política”. Para mí sólo hay una salida: o derrotamos política y judicialmente al independentismo político y restablecemos la legalidad o dejamos que ganen quienes la vulneran. En este último caso habremos terminado con el Estado de Derecho en Cataluña y en toda España.

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La miel o la hiel

Quienes ya peinamos canas sabemos de algunas cosas más por viejos que por diablos. Nosotros también fuimos jóvenes y, como tales, deseosos de encontrar la piedra filosofal que convirtiera en oro todo lo que tocáramos. Nos llegamos a convencer de que «la letra con sangre entra» era uno de esos eslóganes que ponían en circulación nuestros predecesores cuando no habían descubierto metodologías que sustituyeran el castigo por la estimulación. «Se consigue más con miel que con hiel» fue una máximas que aplicamos cuando creímos que a una dictadura feroz, que utilizó durante cuarenta años la sangre, la hiel y el vinagre, debería sustituirla una democracia que se sirviera de la palabra y la miel para vencer a los que desconfiaban del proceso que iniciamos a la muerte del dictador. Sigue leyendo

¡Que canten en casa!

La imagen que proyectan esos ministros no es la de una democracia consolidada

Catalá, Zoido y Méndez de Vigo entonan 'Soy el novio de la muerte'

Catalá, Zoido y Méndez de Vigo entonan ‘Soy el novio de la muerte’

Escribió Unamuno, en su ensayo sobre El individualismo español (Ensayos,Aguilar, 1942) que “El humorista americano Wendell Holmes habla en una de sus obras de los tres Juanes: de Juan tal cual él se cree ser, de Juan tal cual le creen los demás y de Juan tal cual es en realidad”. El comportamiento de cada uno de nosotros gira alrededor de esas tres percepciones, mezclándose unas con otras, resaltando unas más que otras o tratando de ocultar aquellas que más pueden perjudicar la imagen que queramos transmitir.

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