Mayoría absoluta: otra oportunidad

Escribo este artículo por encargo de Marisol Mateos, secretaria regional de Organización del PSOE de Extremadura. Me pide que escriba sobre los retos y desafíos que tiene que acometer el partido en esta nueva etapa que se abre después de las elecciones municipales, autonómicas y europeas del pasado mes de mayo.

La situación, aunque diferente de la etapa anterior, donde los socialistas gobernamos la región con un gobierno en Madrid del PP y con varios ayuntamientos de ciudades en manos de ese partido, no es nueva ni desconocida para los socialistas y para los extremeños. Desde 1983 hasta 2011, nuestro partido gozó de la confianza mayoritaria de los votantes y, si exceptuamos el periodo de 1995 a 1999, donde volvimos a ganar pero sin mayoría absoluta, ahora, después de la última legislatura, el PSOE vuelve a enfrentarse a la realidad regional con el apoyo mayoritario de los extremeños. Y ahora, además, contando otra vez con el gobierno de las dos diputaciones provinciales y con ayuntamientos que, como el de Cáceres, han pasado, de nuevo, a ser gobernado por los socialistas.
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IMPUESTOS PROPIOS

Primero fue el impuesto bancario y ahora ha sido el impuesto sobre iniciativas industriales contra el medio ambiente. En ambos casos, los que tienen una idea equivocada del Estado que diseñó la Constitución se llevaron las manos a la cabeza utilizando el manido discurso de los riesgos que para la región extremeña y para sus habitantes significaban ambos tributos. Desde el “de aquí se irán todas las sucursales bancarias” hasta el “al final lo acabarán pagando los ciudadanos” lo que se trataba de evitar era perjudicar en lo que el difunto Forges consideraba un porcentaje pequeñísimo de las ganancias de las eléctricas y la banca. “Ibarra arruina a las eléctricas cobrándole un 0,00000000000001% de sus beneficios” decía un chiste del malogrado humorista publicado en El País en 2006. En ambos casos, tuvo que ser el Tribunal Constitucional el que dio la razón a la Junta de Extremadura una vez que tuvo que resolver los recursos presentados por quienes tenían que pagar esos impuestos y no querían pagarlo (lo cual entra dentro de la lógica del pagador) y por quienes desde posiciones partidarias defendían que no los pagaran (lo cual entra dentro de la torpeza política y de la falta de ambición por la igualdad).

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