La mentira del plurinacionalismo

La mentira del plurinacionalismoNadie puede obligarme a creer en lo que no creo. Y mucho menos a defender aquello que me parece contrario a mis principios. Soy militante socialista y, por lo tanto, defensor de un proyecto político que se ampara en la libertad, la democracia y la igualdad. En consecuencia, no se puede ser nacionalista y de izquierdas. Son muchos los que sacan a pasear su orgullo por sentirse ciudadanos de tal o cual territorio. Nadie elige el sitio para nacer; nadie, en consecuencia, puede sentirse orgulloso de aquello en lo que no colaboró mínimamente para conseguirlo. Sí es cierto que si se nace en España, en Alemania, en Suecia o en Francia, se tienen posibilidades en el plano familiar, educacional, sanitario, religioso, etc., que no se tienen si ese nacimiento se lleva a cabo en Etiopía o en cualquiera de los países donde la libertad brilla por su ausencia y la miseria acompaña a la mayoría de los habitantes de esos territorios para el resto de sus vidas. Si la izquierda defiende que todos los seres humanos, por el mero hecho de serlo, tienen que tener las mismas oportunidades independientemente de la familia en la que te tocó nacer, no se entiende que algunos, que se autocalifican de izquierdas, defiendan las fronteras para establecer diferencias entre unos ciudadanos y otros. Un nacionalista entiende que si has nacido en un territorio determinado, tienes derechos que les están vetados a otros que no nacieron en el mismo sitio. Un nacionalista catalán piensa que un andaluz o un extremeño poseen menos recursos que los catalanes porque son menos inteligentes, más vagos o menos preparados para el trabajo. Un militante de izquierdas sabe que las diferencias entre ciudadanos no vienen marcadas por su tipología sino por las fronteras que arbitrariamente se han establecido a lo largo de la historia. Sigue leyendo

Granada no existe

Firmantes de la "Declaración de Granada". EFE
Participé durante bastantes años en un organismo que comenzó a existir en los tiempos en los que José Luis Rodríguez Zapatero ocupó la Secretaría General del PSOE. Antes no existía el Consejo Territorial, que es el nombre que recibió la reunión que, un par de veces al año, celebraba el secretario general federal con los secretarios generales regionales y los presidentes de las Comunidades Autónomas gobernadas por socialistas.
En ocasiones participaban miembros de la Comisión Ejecutiva Federal o el presidente de los alcaldes españoles si esa responsabilidad recaía en algún edil socialista. Se trataba de reflexionar, opinar y aunar criterios en aquellas materias que, por su complejidad requerían de las exigencias y de las cesiones de todos los que constituían en el entramado de poder institucional del PSOE. Sigue leyendo

Oferta y contraoferta

Para los nacionalistas, y también para algunos que no se definen así, la solidaridad que, por ejemplo, se ejerce a través del impuesto sobre la renta, o en general a través del sistema fiscal, es vista no como una solidaridad que se ejerce entre unos ciudadanos con otros, sino entre unos territorios y otros. No habría, en esa visión, un nexo directo entre los españoles.
La adscripción del ciudadano, así como el ejercicio de la solidaridad como expresión de esa adscripción, sería la región o la nacionalidad. Y sería ésta, en bloque, la que destinaría, de grado o por imposición del poder superior, una parte de sus recursos globales a la solidaridad con otras regiones, igual que en los Presupuestos Generales del Estado se destina una partida a la ayuda a los países subdesarrollados. Sigue leyendo

Nacionalismo catalán. ¿Qué quieren?

Sólo quienes no conocen la historia de España pueden haberse visto sorprendidos por el resultado de las elecciones del 27-S y por la reclamación de una ruptura con un Estado que ya no garantiza el privilegio del que ha venido disfrutando la burguesía catalana desde el siglo XIX.

Quienes nos opusimos a la definición nacional de Cataluña no lo hacíamos por un afán centralista sino por evitar las consecuencias de tamaña e irresponsable cesión. Yo no soy ni nacionalista español ni centralista. Un extremeño no le debe nada al nacionalismo español, entre otras cosas porque su territorio y sus gentes han sido víctimas de ese nacionalismo que durante el siglo XIX y buena parte del XX protegió la industria catalana y vasca y el cereal castellano en perjuicio de otros territorios que tuvieron que comprar más caro los productos españoles que los foráneos.
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De manos del Rey de España

Los jugadores del FC Barcelona Iniesta y Xavi levantan el trofeo de la Copa del Rey. (EFE)

¿Qué une a un ciudadano de California con otro de Massachusetts? Seguramente, la bandera de EEUU cuando se iza y el himno americano cuando se canta. Entonces, uno y otro ponen su mano en el corazón para sentir su latido y permanecer unidos por el futuro más que por el pasado, por lo que quieren ser como pueblo, más que por lo que fueron. El himno y la bandera representan ese futuro.
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