¡Ay, qué risa, María Luisa!

Pablo Iglesias (EFE)Carlos IV fue uno de los reyes más nefastos que tuvo España. Su padre, el rey Carlos III, llegó a decirle en cierta ocasión: “Pero qué tonto eres, hijo mío”. Casado que fue con una prima suya, María Luisa de Parma, dejó que fuera su mujer la que se ocupara de la gobernación de España.

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Nunca se vio charla tan intensa en tan poco tiempo

De izquierda a derecha, Obama con Sánchez, Iglesias y Rivera, el pasado domingo. Fuente: The White House
Cuando llegan las Navidades, junto a los escaparates nevados y las calles iluminadas de los centros urbanos, las dos imágenes que mejor reflejan la ilusión y la inocencia son el anuncio televisivo de la Lotería Nacional y los niños entregando la carta a SS.MM. los Reyes Magos de Oriente antes del día de la Cabalgata. Pasadas las fiestas, vuelves a caer en la cuenta de que la ilusión se torna resignación, de que la suerte es patrimonio de unos pocos y de que la inocencia es la cualidad que acompaña a los niños hasta que les llega la adolescencia.
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Nunca, Anguita, nunca

Iglesias y Anguita
Cualquiera diría que el interés máximo de las empresas demoscópicas que realizan sondeos electorales y de opinión en España fue el de poder contratar con un emporio de tanto prestigio mundial como Microsoft. De todos es sabido que la empresa que fundó Bill Gates sólo contrata con personas o compañías que hayan tenido un mínimo de dos fracasos a lo largo de su vida profesional. Si a más errores, mayores posibilidades de entrar en la órbita de la compañía norteamericana, las demoscópicas españolas tienen un futuro asegurado en California, porque llevan varias elecciones errando en sus previsiones sin que los directivos de las mismas pidan disculpas a los españoles por semejante fraude, y sin que los dueños de esas empresas exijan responsabilidades y dimisiones a cuantos se encargaron, desde su soberbia intelectual, de tratar de conducir el voto de los electores por el camino que ellos deseaban en función del interés de quienes pagaban la realización de los sondeos. Pues de ninguna otra manera puede explicarse semejante fiasco. O no sirven para el oficio que eligieron o se han convertido en los manigeros que camuflaban la realidad en función de los intereses de sus clientes.
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¿A QUIÉN IBA A BESAR, SI NO?

Terminó un diputado de Cataluña su intervención en el debate de investidura del candidato a presidente del gobierno  y Pablo Iglesias se avalanzó sobre él para abrazarle y besarle  los labios. Nada pasó y a nadie escandalizó. Por eso, cuarenta y ocho horas después, ese mismo Pablo Iglesias volvió a la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados para sorprenderse de que, habiendo besado a un hombre en los labios, nadie hubiera manifestado su disgusto o su escándalo. Cualquiera diría que estaba celoso de su compañera Bescansa que, con su aparición en el hemiciclo con el niño a cuesta, si levantó opiniones y comentarios de todo tipo y calaña. El adanismo de Pablo Iglesias le lleva, a veces, a olvidar que antes de que él llegara, el PSOE y varios grupos parlamentarios habían aprobado leyes en el parlamento español que terminaban con la discriminación y escándalo que suponía ese tipo de afectos y amores.

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Bolsas y flores

A los hijos de Isaías Carrasco

La pregunta es: ¿Qué hacían a la puerta de la cárcel de Logroño tantos medios de comunicación el pasado día 29 de febrero? ¿Cuáles eran las urgencias informativas de la población española como para que tanto periodista y tanta cámara de televisión estuvieran desde tempranas hora de la mañana, esperando la salida de un preso que había ingresado en prisión por su pertenencia a banda armada? ¿Qué esperaban que dijera semejante personaje? ¿Qué tiene de noticiable que alguien salga de prisión después de haber cumplido condena por haber sido de ETA? Tanta gente de la prensa fue la excusa que le sirvió a Otegi para afirmar que a los demás presos no se les dispensa tal tratamiento informativo; que si estaba allí tanta cámara de TV, por algo sería. Y ese algo para él -y para los que piensan y mataban y secuestraban como él- es que él no era un preso que había sido encarcelado por haber delinquido sino por haber pensado políticamente de manera diferente a como se piensa por el resto de los ciudadanos. Que él era un preso político.   Tanta cámara animó, también, a Pablo Iglesias a proclamar a los pocos minutos de la puesta en libertad de Otegi que su puesta en libertad era una buena noticia para los demócratas y que nadie debería ir a la cárcel por sus ideas.

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Patriotas de partido

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias (c), durante la rueda de prensa que ha ofrecido en el Congreso de los Diputados tras su reunión con el Rey. (Sergio Barrenechea - EFE)
Decía Ramón Rubial: “Hay que ser patriota de este partido si contribuye a resolver los problemas de España. De no ser así, ¿de qué sirve ser patriota”?

Si quien fue nuestro querido, respetado y admirado presidente estuviera vivo, respondería él mismo a su pregunta: “Para no dejarse humillar por quienes no aspiran a ganar al PSOE en una noble competición, sino que pretenden apartarlo del camino que tanto esfuerzo, sacrificio, sangre y vidas costaron.
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