La miel o la hiel

Quienes ya peinamos canas sabemos de algunas cosas más por viejos que por diablos. Nosotros también fuimos jóvenes y, como tales, deseosos de encontrar la piedra filosofal que convirtiera en oro todo lo que tocáramos. Nos llegamos a convencer de que «la letra con sangre entra» era uno de esos eslóganes que ponían en circulación nuestros predecesores cuando no habían descubierto metodologías que sustituyeran el castigo por la estimulación. «Se consigue más con miel que con hiel» fue una máximas que aplicamos cuando creímos que a una dictadura feroz, que utilizó durante cuarenta años la sangre, la hiel y el vinagre, debería sustituirla una democracia que se sirviera de la palabra y la miel para vencer a los que desconfiaban del proceso que iniciamos a la muerte del dictador. Sigue leyendo

Pasar de castaño oscuro

Recomiendo, a quienes no lo hayan hecho, que lean el texto íntegro del llamado Pilares para construir una Euskadi con más y mejor empleo, más equilibrio social, más convivencia y más y mejor autogobierno, firmado por el PNV y el PSE-PSOE. Si la memoria no me traiciona, los miembros que representan al PSE en el Comité Federal del PSOE mantuvieron la defensa del no cuando hubo que pronunciarse en ese Comité sobre la abstención o el voto negativo a la investidura del candidato del PP, Sr. Rajoy. Según dijeron los medios de comunicación, y según manifestaciones del entonces secretario general de los socialistas españoles y de algunos de sus más estrechos colaboradores, el PSOE debía votar no a esa investidura, argumentando -no sin cierta dosis de razón- que el PP tenía la obligación y la responsabilidad de buscar alianzas con aquellos grupos parlamentarios de ideología similar a la que profesa el Partido Popular. En concreto, el PNV era uno de los que más citaban los dirigentes socialistas cuando trataban de ejemplificar el camino que debería seguir el Sr. Rajoy.
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¡Como para quejarse!

Se entendería que alguien deseara romper amarras con la parte a la que está unido, sabiendo que esa ruptura significaría para él un perjuicio en lo económico. Entonces, lo que movería a la separación sería otro tipo de razones distintas a las puramente pecuniarias. En el caso de Cataluña, los precursores de la independencia nunca dan por supuesto que la ruptura significará el empobrecimiento de la gente que en ella vive. No se querrían ir si supieran que irían a peor. Quieren marcharse porque piensan que vivirán mejor. La identidad, la diferencia, la lengua y la cultura no son el argumento sino la excusa para vivir mejor. Cuando el nacionalismo español de la Restauración, de la dictadura de Primo de Rivera, de la dictadura de Franco supuso un trato preferente y privilegiado para la industria y las infraestructuras catalanas, nadie acarició la tentación de romper para perder. El estatuto de Cataluña de la II República definía a ese territorio como “Región española”.
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¿No dan ganas de vomitar?

Bildu (EFE)Tan pendientes se hallaba el personal de los resultados de las elecciones vascas y gallegas para averiguar si Pedro Sánchez se hundía definitivamente en la miseria, para saber si En Marea realizaba, por fin, el tan ansiado sorpasso, dejando a PSOE de Galicia en tercer lugar, y por descubrir si Feijóo consolidaba la mayoría absoluta del PP en Galicia, que han pasado desapercibidas algunas cuestiones que, si se piensan un poco, ponen en evidencia algunos dogmas admitidos y provocan arcadas a quienes tengan la más mínima sensibilidad.

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Otegi y sus palmeros

Otegi dirigiéndose a los medios a su llegada al Parlamento Europeo (EFE)
Salah Abdeslam, responsable de la logística del comando yihadista que mató a 130 personas en París el 13 de noviembre de 2015, fue extraditado el pasado 27 de abril de Bélgica a Francia. Está acusado de asesinato, posesión de armas, fabricación de explosivos y secuestros. Es posible que tras el proceso judicial sea condenado a cadena perpetua, aunque su abogado insiste en que su defendido está deseoso de colaborar con la justicia, se supone que para que la condena no sea tan severa.
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Pero… ¿y Podemos?

Partidarios de la independencia festejan en Barcelona el resultado del 9N (EFE)

Como es sabido, los nacionalismos que hoy conocemos en España (sobre todo, el catalán y el vasco) son en una parte importante el resultado de la transformación o, si se quiere ser más precisos, de la secularización y modernización del foralismo o fuerismo que caracterizó al tradicionalismo español en el siglo XIX. Este, a su vez, era expresión de las resistencias que se oponían, desde distintas zonas de España, a los sucesivos intentos de centralización política (primero con el Conde-Duque de Olivares, luego con la Monarquía Borbónica y finalmente con el liberalismo centralista).

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