La última pirómana

El escritor Heinrich Heine escribió en 1821 “Ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos”. Tal vez esa premonición fuera la que hizo exclamar a Sigmund Freud, al enterarse de que algunos libros suyos habían sido quemados: “¡Cuanto ha avanzado el mundo: en la edad media me habrían quemado a mí!”. Lamentablemente, el mundo avanza en algunas facetas y retrocede en otras; Freud que murió en1939 vio como en 1933, cuando los nazis del Nacionalsocialismo tomaron el poder en Alemania, se inició una campaña liderada por la Unión Estudiantil Nacionalsocialista, que concluyó en la quema de libros de autores judíos, pacifistas y marxistas, frente a la Universidad Humboldt, en Berlín, y que fue imitada poco después por más de veinte universidades alemanas. Esos incendios sirvieron para calentar más el ambiente antisemita y para desmentir al padre del psicoanálisis en su constatación del avance de la humanidad. A él no lo quemaron pero, pocos años después de su muerte, y tras la Noche de los cristales rotos, en 1938, los mismos que quemaron libros, quemaron librerías, sinagogas y negocios judíos, como prólogo de lo que fue la Solución final que eliminó por gaseamiento, fusilamiento y otro tipo de asesinatos a seis millones de judíos.
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