Consejos a quien no los necesita (El Correo de Andalucía)

Consejos a quien no los necesita - JCRISusana Díaz es la nueva presidenta de la Junta de Andalucía. En pura lógica democrática y siguiendo el procedimiento que establece nuestro sistema político, los ciudadanos cuando somos convocados a las urnas no elegimos presidentes, sean estos nacionales o autonómicos; los partidos mantienen la ficción de que en realidad de lo que se trata es de elegir presidente autonómico o nacional. Todos sabemos que no es así, pero mantenemos el juego. En realidad, a unos y a otros los eligen los diputados de uno u otro parlamento, de tal forma, que nadie de nosotros ejercitando el voto ciudadano hemos elegido nunca a ningún presidente autonómico o nacional; como mucho, hemos dado nuestra confianza a los candidatos que se presentan a diputados, sabiendo, eso sí, que las siglas por las que manifestamos nuestras preferencias señalan a uno de los candidatos como la persona que ese partido o coalición presentará en el debate de investidura como aspirante a la Presidencia del Gobierno. Podría ocurrir, aunque en España nunca ha ocurrido, que, tras unos resultados electorales que no aproximara a ningún partido a la mayoría parlamentaria, se articulara una coalición entre los dos o tres partidos que hubieran obtenido más representación y se designara candidato a la presidencia a algún diputado que no fuera el inicialmente previsto para ocupara esa responsabilidad.

En definitiva, en pureza democrática, Susana Díaz goza de la misma legitimidad en su puesto de presidenta de Andalucía que la que tuvieron sus predecesores en el cargo. Cuando desde la oposición se trata de atosigar a la presidenta con el argumento de que no fue elegida por los ciudadanos, se está traicionando al sistema parlamentario que concede al conjunto de los diputados el poder de elegir a un presidente. Y ya se ha repetido hasta la saciedad que la democracia son formas que hay que respetar o cambiarlas si no gustan, pero mientras esas formas sean las vigentes, todos haremos bien en tratar de potenciar la cultura democrática de nuestro país que, en muchas ocasiones brillan por su ausencia. Así que mi primer consejo es que quien por una votación parlamentaria ocupa el puesto de presidenta de la Junta de Andalucía no debe hacer ni caso a ese tipo de mensajes y, menos, distraerse con ese tipo de críticas.

No conozco mucho a Susana Díaz, entre otras cosas porque ella ha desarrollado su actividad política e institucional en tiempos diferentes y en espacios diferentes a los míos. He de decir que, hasta ahora, su estilo me gusta y su declaración de la renta y patrimonio, también. Resulta creíble lo que he leído al respecto, y en los tiempos que corren, ya es mucho. Parece que estamos ante una ciudadana parecida a los millones de hombres y mujeres que habitan en nuestro país. Mi segundo consejo es que no deje en manos de nadie su ubicación ciudadana en la sociedad andaluza, sino que sea ella la que controle su forma de estar y su relación con los ciudadanos. Habrá muchos que habiendo estado muy lejanos, intenten ahora acercarse a la presidenta con fines poco claros; los más poderosos son los que tienen más posibilidades de encantar a quienes no tienen asentados los pies en la tierra; un jornalero del PER no va a poder convencer a nadie de que su amistad o cercanía podrá facilitar algunos placeres que da la vida, pero un poderoso sí puede hacer que los menos avisados cambien de vida y costumbre. Un socialista no tiene que andar enseñando el carnet de su partido para que la gente sepa que lo es; un socialista tiene que ser reconocido por su forma de ser, de estar y de hacer. El cargo público ofrece algunas ventajas pero acarrea algunos inconvenientes que no pueden ser obviados por quienes tienen la obligación de no escandalizar. Nadie espera que el camarero de una bar meta el dedo en la taza de café que hemos pedido para desayunar. Tampoco un votante socialista espera ver a sus representantes en sitios que ni son los suyos ni frecuentaban antes de adquirir una responsabilidad institucional.

Susana Díaz no debe dejar en manos de nadie su ubicación ciudadana en la sociedad andaluza, ella debe ser quien controle

Por último, Susana Díaz puede tener la tentación de mirar al norte y al sur, al este y al oeste y caer en la cuenta de que, tarde o temprano, el PSOE tendrá que decidir, por el procedimiento que sea, qué militante va a ocupar la cabecera de cartel en las próximas elecciones generales. Si Susana Díaz hace ese pequeño esfuerzo, es posible que concluya que ella es de lo poco que el PSOE tiene como cargo institucional de relevancia en España; que ella será próximamente la secretaria general del PSOE de Andalucía, que es la mayor y más poderosa federación socialista de España. Y que habrá más de uno que, como Eva, la tentará con la manzana diciéndole ¿Y tú por qué no? Andalucía, como otras regiones españolas, ha visto cómo históricamente generaciones de político la han utilizado para llegar a Madrid. No les gusta y desean que su presidenta se deje la piel por su tierra aunque eso le corte el camino a Madrid.

 

Un pensamiento en “Consejos a quien no los necesita (El Correo de Andalucía)

  1. OJO CON LA ALIENACIÓN-ZP
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    Si la Sra. Díaz, comienza a utilizar frases y “palabros” cargados de ocurrencias exóticas, del tipo:

    _La España federal.

    _España es un Estado de estados.

    _En la nueva constitución federal de España, cabe -el derecho a decidir-.

    _Catalanofobia.

    _No tenemos diferencias esenciales, con el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC).

    Si es así, tendríamos otro miembro o “miembra”, del P.S.O.E. que sufriría el mal de la ALIENACIÓN-ZP .

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