Dime qué dices y te diré qué demócrata eres

Recuerdo cuando la infanta Cristina y su marido, el sr. Urdangarín, se vieron envueltos en un proceso que cuestionaba su limpieza en el ejercicio profesional e institucional. “Ya verás cómo no les pasa nada”. Les pasó y se les abrió un proceso penal con peticiones de cárcel para ambos. “Ya verás cómo estos no se sientan en el banquillo”. Se sentaron y tuvieron que entrar en el juzgado por donde entra cualquier procesado, con el inconveniente añadido de que las cámaras de televisión se encargaron de seguir sus pasos desde el coche oficial hasta el portón que daba paso al Juzgado de Palma de Mallorca. “Ya verás cómo se escapan y no se les condena”. Se les condenó y Urdangarín tiene pendiente una pena de cárcel que está recurrida, a la espera de lo que dictamine el Tribunal Supremo.

Me viene a la memoria el mismo escenario de desconfianza a propósito del caso Puigdemont. “Ya verás cómo al final no les pasa nada”. Y les pasó. Se les imputó y tuvieron que ir a declarar. Unos en Madrid y otros en Bruselas. “Ya verás cómo salen en libertad sin cargos”. Y se les metió en prisión a los de Madrid y se les impusieron medidas cautelares a los de Bruselas. “Ya verás cómo le sale bien la estrategia a Puigdemont y a los ex consejeros que huyeron con él”. Y les va saliendo mal; han pasado de presidente y ex consejeros de la Generalitat de Cataluña a prófugos en medio de una gira internacional.

El magistrado del Supremo ha sido blando con la Forcadell dicen los más desconfiados. “Ya viste; pagó la fianza y, a la calle”. Si se lee detenidamente el auto del Supremo se aprecia un matiz sobre la prisión provisional muy importante: el magistrado distingue entre la función deliberativa y de soporte “normativo” de la Mesa del Parlamento, advirtiendo de que esto no se da en otros que tenían funciones ejecutivas. La referencia a los miembros del Govern es clarísima. Viene a decir que en el caso de esos otros (los miembros del Govern) el riesgo de destrucción de pruebas y reiteración del delito es mucho más evidente. El auto está anticipando que, en caso de que los encausados en la Audiencia Nacional pasen al Supremo, Junqueras y compañía no serán puestos en libertad, sino más bien todo lo contrario.

No es comprensible que algunos países quieran darnos lecciones de democracia o que algunos políticos, como los belgas, pretendan ser el faro que nos guíe

Todos los “ya verás…” son la consecuencia de la falta de confianza de los españoles en el sistema democrático que conseguimos imponer en España después de 40 años de dictadura. Cuando Franco dijo, antes de morir, aquello de que “todo estaba atado y bien atado”, sabía lo que decía. Sabía que había inoculado en la cabeza de muchos españoles la desconfianza en la democracia, en los políticos, en los partidos y en la división de poderes. Con ese tipo de comentarios y desconfianzas lo que se busca es el debilitamiento de la democracia y de las instituciones que la mantienen. Cuando exigimos al Gobierno que sea fuerte frente a desafíos como el independentista, debemos preguntarnos por las veces que hicimos todo lo posible para debilitarlo. Oyendo algunos comentarios, se tiene la impresión de que la sombra de la dictadura sigue nublando las entendederas de quienes deberían sentirse ofendidos cada vez que escuchen a alguien de dentro o de fuera de nuestras fronteras, dudar de nuestro sistema democrático. No es comprensible que algunos países quieran darnos lecciones de democracia o que algunos políticos, como los belgas, pretendan ser el faro que nos guíe, cuando ellos tuvieron a su país sin gobierno durante casi dos años por ser incapaces de dar respuesta al desafío democrático que los electores belgas pusieron delante de sus narices. Pero resulta menos entendible que, desde el interior de nuestro país, se alcen voces poniendo en cuestión la independencia del poder judicial o la legitimidad de nuestro sistema democrático.

Cuando no se aceptan determinados principios democráticos, cuales son, por ejemplo, la separación de poderes, no se está sintiendo ni viviendo de acuerdo con la democracia. Y en ese caso, los demócratas convencidos tenemos la obligación de defendernos de ellos y de defender el “régimen del 78”. No es de recibo que quienes se dicen “renovadores de la democracia” insten al Gobierno a decidir la suerte procesal de cualquier ciudadano imputado o procesado por el poder judicial. Quienes eso dicen, son conscientes de que están apostando por el debilitamiento de la democracia española. No me cabe la menor duda de que quienes, escandalizados, instan al presidente del Gobierno para que coaccione al poder judicial, aplaudirían si lo hiciera y lo consiguiera, demostrando con ese aplauso su idea de la democracia que ellos practicarían si gobernaran en nuestro país.

Leer “Dime qué dices y te diré qué demócrata eres” en El Diario de Sevilla

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