El riesgo de la operación Griñán (elconfidencial.com)

Griñán y Rubalcaba. (EFE)
Se fue José Antonio Griñán. Sólo él sabe las razones de su dimisión. Los demás tenemos toda la libertad para interpretar su gesto. Sin duda, algo muy importante ha debido pasar por su cabeza para tomar la decisión del martes pasado, pasando por encima de sus promesas de agotar el mandato y de postular aquello tan famoso de que un proyecto político necesita ocho años, ni uno más, pero ni uno menos, para desarrollarse. Ni agotó el mandato, ni utilizó los ocho años. El comentario político más extendido es que el caso de los EREs ha sido la causa de su alejamiento de la Presidencia de la Junta de Andalucía, que no de la política activa, puesto que va a seguir ocupando un escaño en el parlamento andaluz, otro en el Senado, la Secretaría General del PSOE de Andalucía y la presidencia del PSOE a nivel estatal.

Si su salida fuera el remedio que Griñán ha puesto para que una posible imputación no afecte a la Junta de Andalucía, ¿cómo explicar, entonces, que no abandone también la presidencia de los socialistas españoles y la Secretaría General del PSOE andaluz? Si ocurriera ese supuesto y fuera esa eventualidad la razón de su salida de la presidencia del gobierno andaluz, ¿qué pasaría con el PSOE federal y el PSOE andaluz si la imputación se produjera? ¿Cómo llevarían los socialistas andaluces y los socialistas españoles el hecho de estar presididos y dirigidos por un imputado en un asunto tan feo como el de los EREs? Tiene que haber otro tipo de razones que le hayan llevado a dar ese paso, pero el oscurantismo en el que se desenvuelve la política española impide conocer.

Sea como sea, la próxima semana, otra persona ocupará la presidencia de la Junta de Andalucía, si se confirma el voto favorable de los diputados socialistas y de los de IU, con los que hasta este momento se ha gobernado en coalición. Para algunos, la candidata Susana Díaz tendrá como ventaja el hecho de su juventud, que para otros será un inconveniente. A mí me parece que no es la edad sino la actitud y la solidez en las ideas la que dará o no garantías de un buen gobierno de izquierdas para Andalucía.

Las opciones que representan en España el PP y el PSOE se encuentran muy debilitadas. Por el horizonte asoman la oreja otras ideas que hasta la fecha se han mantenido en un segundo plano.

Hasta ahora, Andalucía ha demostrado con su voto que su aspiración autonómica ha debido ser canalizada a través de un proyecto socialdemócrata que han conducido desde Rafael Escuredo hasta José Antonio Griñán, pasando por José Rodríguez de la Borbolla y Manuel Chaves. Todos hombres y todos socialistas. Las opciones de derechas y las opciones comunistas nunca fueron capaces de imponerse en unas elecciones libres, si bien es cierto que en las últimas, la opción de IU ganó terreno y la opción popular ganó las elecciones aunque sin mayoría suficiente para gobernar.

En estos momentos, las opciones que representan en España el PP y el PSOE se encuentran muy debilitadas. Por el horizonte asoman la oreja otras ideas que hasta la fecha se han mantenido en un segundo plano. IU y UPyD gozan ahora de una intención de voto que sus dirigentes no hubieran imaginado ni en sueños. Julio Anguita acarició siempre la idea imposible del sorpasso, consistente en que la formación que él lideraba sobrepasara en votos al PSOE, convirtiéndose en el referente de la izquierda española. Nunca lo consiguió. En Andalucía, sus correligionarios fueron capaces de vencer la comodidad que significaba estar en la oposición sin comprometerse seriamente con el riesgo que supone gobernar y aceptaron gobernar en coalición con el PSOE.

Griñán representaba una cierta garantía de que no iba a entregar lo que significaban las políticas socialdemócratas a IU, aunque estos estuvieran gobernando en coalición con ellos. Griñán, al igual que Escuredo, Borbolla o Chaves sabían muy bien qué era el socialismo y qué distancias había que mantener con el PCE de antes o la IU de ahora. Nunca quisieron alardear de izquierdismo tratando de pegarse a la “verdadera izquierda” que representa el PC o IU. Nunca tuvieron complejos porque sabían que el PSOE no necesitaba de la pátina de izquierdas de los comunistas. En el PSOE siempre existieron minorías que tenían ese complejo y la unidad de la izquierda siempre fue un slogan que les sonaba bien. Nunca tuvieron éxito en esta etapa democrática y el PSOE siempre siguió su camino.

Ahora una presidenta, con la legitimidad del parlamento andaluz, pero sin la fuerza y confianza del voto de los ciudadanos, y con el apoyo de IU de Andalucía comenzará a dirigir un gobierno autonómico. Gobernar en coalición no es lo mismo que hacerlo con mayoría absoluta. Veremos el reparto de carteras que hace y el protagonismo que adquiera IU en ese gobierno para poder saber si IU quiere gobernar en las parcelas que se les asignen después de una negociación o estará preparando el sorpasso andaluz. Ese es el gran riesgo de la operación que ha diseñado José Antonio Griñán. Y esa es la gran responsabilidad de Susana Díaz, la de no entregar el peso de los socialistas en Andalucía a IU en esa comunidad. Si así fuera, el futuro del PSOE en España quedaría seriamente comprometido.

 

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