Elección de alcaldes: la casa por el tejado

Elección de alcaldes
La manera de elegir al alcalde de cada pueblo o ciudad de España no es lo que más preocupa a la población española que, seis años después del inicio de la crisis, desearía ver debatir a sus representantes políticos e institucionales sobre el tamaño que tendrá España cuando seamos capaces de dejar atrás esta desgraciada etapa. Y no me refiero al tamaño físico, sino al conceptual.

Pero, aunque la elección de alcalde no esté en la agenda ciudadana, sí lo está en la de los partidos políticos y en la de quienes tenemos la enorme suerte de disponer de un medio para trasladar nuestra visión de las cosas.

Ya saben que el PP opta por una fórmula, que sin haberla explicitado en su totalidad, tiende a sustituir el sistema de democracia representativa -que es el que diseña nuestra Constitución- por el de democracia directa. Según la propuesta del PP, resultaría elegido alcalde aquel candidato que encabezara la lista que hubiera sido más votada por los ciudadanos. No se ha especificado aún cómo se haría en el supuesto de que esa lista no hubiera obtenido la mayoría absoluta de los votos emitidos.

Entre otras alteraciones, el sistema se cargaría la moción de censura porque al número uno de la lista más votada sólo podría sucederle cualquier otro concejal de esa lista, que durante toda la legislatura seguiría siendo la lista más votada. No se sabe muy bien qué ocurriría en el caso de que el partido patrocinador de la lista más votada considerara necesario expulsar a su alcalde por un caso de corrupción, por ejemplo. Aunque saliera del partido ganador de las elecciones, seguiría siendo el número uno de la lista más votada.

El sistema se cargaría la moción de censura porque al número uno de la lista más votada sólo podría sucederle cualquier otro concejal de esa lista, que durante toda la legislatura seguiría siendo la lista más votada

Pero, en fin, a la espera de mayores concreciones, los otros partidos políticos del arco parlamentario y del conglomerado municipal ya han dicho nones a la incipiente fórmula del PP. Este último partido trata de validar su propuesta atribuyendo un alto grado de incoherencia al PSOE que en legislaturas anteriores ya llevaba en su programa esa misma o parecida receta. Para mí que la incoherencia del PSOE no radica en haber propuesto esa fórmula en otros momentos; si ahora dice que no, tiene todo el derecho a rectificar y a cambiar de criterio, máxime cuando no se trata de principios inalterables sino de distintas maneras de llevar a la práctica la elección democrática de nuestros representantes.

Donde sí se percibe cierto nivel de contradicción por parte del PSOE en su negativa a dar su consentimiento a la elección directa de alcaldes es en el hecho de que el PSOE lleva una temporada propugnando un sistema de elección de candidatos a presidente del Gobierno, comunidades autónomas y ayuntamientos por el procedimiento de primarias, es decir, mediante el voto de todos los afiliados socialistas en cada circunscripción, según sea el ámbito electoral, e incluso con el voto de los simpatizantes en el caso del candidato a la Presidencia del Gobierno de España. Y sí que casa mal negarse a la elección directa del alcalde y, sin embargo, obligar a que el candidato socialista sea elegido por todos los afiliados. Por una parte, se les otorga un carácter presidencialista a los candidatos socialistas a alcaldías, comunidades autónomas y gobierno y, por otra, se les quita ese carácter para convertirlos en representantes elegidos por otros representantes.

Nunca fue bueno empezar la casa por el tejado. Si se quiere elección directa, empiécese por proponer cambios en la Constitución para ir a un sistema presidencialista y luego modifíquese la Ley Electoral en función de esos cambios

Si se apuesta por un sistema de primarias para la elección de candidatos no parece que quepa otra cosa que apoyar la elección directa de los representantes institucionales, cualquiera que sea el ámbito en el que se presenten. No es de recibo que se trate de singularizar al candidato eligiéndolo internamente al margen del resto de la candidatura electoral y, posteriormente, impedir que sean los ciudadanos los que singularicen también, y de alguna manera, a ese candidato con el voto directo.

En definitiva, que el PP no puede ni debe proponer reformas legislativas que vayan en contra del espíritu constitucional que apuesta por un sistema democrático representativo. Nunca fue bueno empezar la casa por el tejado. Si se quiere elección directa, empiécese por proponer cambios en la Constitución para ir a un sistema presidencialista y luego modifíquese la Ley Electoral en función de esos cambios. Tampoco el PSOE puede transgredir internamente el principio constitucional de democracia representativa proponiendo un sistema de primarias obligatorio para todos los partidos y defendiendo fuera un sistema contrario al espíritu presidencialista de las primarias.

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