La miel o la hiel

Quienes ya peinamos canas sabemos de algunas cosas más por viejos que por diablos. Nosotros también fuimos jóvenes y, como tales, deseosos de encontrar la piedra filosofal que convirtiera en oro todo lo que tocáramos. Nos llegamos a convencer de que «la letra con sangre entra» era uno de esos eslóganes que ponían en circulación nuestros predecesores cuando no habían descubierto metodologías que sustituyeran el castigo por la estimulación. «Se consigue más con miel que con hiel» fue una máximas que aplicamos cuando creímos que a una dictadura feroz, que utilizó durante cuarenta años la sangre, la hiel y el vinagre, debería sustituirla una democracia que se sirviera de la palabra y la miel para vencer a los que desconfiaban del proceso que iniciamos a la muerte del dictador.

Pasados los años, hemos comprobado que, salvo en lo de la letra, la melaza no sirvió para almibarar el carácter criminal de quienes no querían la democracia sino la independencia o la dictadura, o las dos cosas a la vez.

Cuando la Transición decidió pasar la página del libro de España hacia adelante y no hacia atrás, renunció a revisar el pasado inmediato para construir un futuro sólido. No solo no se hizo un proceso político al franquismo, sino que se amnistió a justos y, con ellos, a pecadores. Salieron de la cárcel quienes desde 1968 no habían parado de matar utilizando bombas y pistola. Creíamos que los de ETA eran unos luchadores por la libertad que se habían enfrentado con armas a la dictadura. No tardamos demasiado tiempo en darnos cuenta del error. ETA no mataba para llevar la libertad y la democracia a España. ETA mataba por el placer de asesinar a todo aquel que consideraba enemigo de su aberrante ideología y de sus terroríficas pesadillas.

Si a los que están en prisión se les conduce a instituciones penitenciarias situadas donde está el caldo de cultivo de la independencia, de la sublevación, de la sedición, lejos de volver a la normalidad estatutaria y constitucional, se alimentarán de más independentismo, haciendo más imposible la búsqueda de una solución constitucional y democrática

La democracia tuvo que luchar contra esa banda sabiendo que en democracia no todo está permitido. El esfuerzo y el sacrificio de tantas personas e Instituciones, particularmente miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, terminaron por dar sus frutos y, hoy, ETA ha sido vencida, derrotada y desautorizada ante sus locos admiradores. Tal vez, la mejor herramienta que utilizó la democracia para vencerlos fue la política de dispersión de los presos que habían sido condenados por sentencias judiciales. Mientras los presos etarras estuvieron juntos en determinadas cárceles, la disciplina de la banda los mantenía fuertes y unidos. La cercanía a sus familiares y a sus conmilitones les subía la moral y se engañaban con el previsible éxito de su macabra aventura. Todo se les fue desmoronando cuando el gobierno decidió separarlos y dispersarlos a lo largo y ancho de la geografía nacional. Ya se sabe y se comprende que los familiares de un condenado por asesinato de tres guardias civiles tienen más fácil visitar a su hijo o a su padre si el etarra cumple condena cerca del domicilio familiar. Mil kilómetros es una distancia larga, pero mucho más corta que los doscientos metros que recorre la madre del guardia civil asesinado por ETA desde su casa a la tumba de su hijo, enterrado en el cementerio de su pueblo.

No es comparable el caso de los independentistas catalanes con lo que he descrito más arriba, aunque los nacionalistas catalanes y vascos también engañaron cuando en la Transición y en la elaboración de la Constitución pidieron y consiguieron que la nueva democracia reconociera la diversidad cultural y las distintas lenguas vernáculas existentes en España, amén de la descentralización política del poder a través de la Autonomía de los territorios que lo solicitaran. Pidieron Autonomía cuando, en realidad, en lo que estaban pensando era en conseguir el primer peldaño para subir la escalera que les llevara hasta la independencia. No lo han conseguido pero aspiran a seguir intentándolo. Rompieron con el pacto y con las normas y leyes que nos permitieron construir el Estado por los que muchos soñaron lucharon y sufrieron.

La Justicia, como consecuencia de las acciones que algunos independentistas están llevando a cabo, acusa a algunos de sus dirigentes de rebelión y de sedición. Unos se fugaron y otros están en la cárcel por autos de los jueces instructores. Los que se fugaron tienen dos caminos: o entregarse a la Justicia española o seguir viviendo en países que ni tienen sus raíces, ni su cultura, ni su historia, si su lengua. Si un tribunal alemán o belga o británico decidiera no volver a traicionar a los demócratas españoles, como ya hicieron algunos de sus gobiernos en los años de la guerra civil española, tal vez, los devuelvan a España a hacerles compañía a los que aquí aguardan juicio en varias prisiones. En ese caso, se sumarían al coro de voces que piden que los presos independentistas, acusados de rebelión y sedición, sean enviados a prisiones catalanas para que puedan estar cerca de sus familiares.

Y aquí entra lo de las canas y lo de la experiencia acumulada. Si a los que están en prisión se les conduce a instituciones penitenciarias situadas donde está el caldo de cultivo de la independencia, de la sublevación, de la sedición, lejos de volver a la normalidad estatutaria y constitucional, se alimentarán de más independentismo, haciendo más imposible la búsqueda de una solución constitucional y democrática. Así que, esperemos que los nuevos gobernantes no se dejen seducir por acciones que los independentistas más radicales jamás reconocerán como ejemplos de buena voluntad que distiendan la situación, sino como la muestra de debilidad del nuevo gobierno. No claudiquen y déjenlos donde están. Es la mejor política que pueden hacer si no quieren demostrar debilidad y fortalecer, con ello, al movimiento independentista. La cometa se eleva más alto en contra del viento, no a su favor (Churchill). Con los fanáticos, no valen debilidades. Lo demuestra la historia.

Leer “La miel o la hiel” en ABC

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.