Paradoja (elconfidencial.com)

Varios operarios instalan la concertina en Melilla. (EFE)
Desde este verano, el Gobierno español ha intensificado los controles de acceso a territorio español a todos aquellos ciudadanos procedentes de la colonia inglesa gibraltareña. Fue, seguramente, la actitud provocadora del Gobernador de Gibraltar la que obligó a las autoridades españolas a tomar ese tipo de medidas, tendentes a responder al intento de los gibraltareños de ampliar por las buenas su disminuido territorio, a base de echar bloques de hormigón en las aguas españolas, lo que, sin duda, dificulta la faena de los pescadores de la Línea de la Concepción y de Algeciras. La medida es un incordio para los gibraltareños, pero lo es aún más para los linenses y algecireños que pasan todos los días a la colonia para ganarse la vida en ese peñón porque, sin duda, no lo pueden hacer en la parte de acá de la verja.

Un poquito más al sur, en la ciudad de Melilla, el Gobierno también ha decidido ejercer su labor de cancerbero, pero en esta ocasión no para retrasar el paso por su frontera con Marruecos, sino, sencillamente, para evitarlo. En este caso no estamos cortando el paso a trabajadores españoles que trabajan en Marruecos, sino a ciudadanos subsaharianos que intentan buscarse la vida en territorio nacional español. Para ello ha armado con cuchillas cortantes las alambradas que protegen el paso fronterizo, con la intención no sólo de disuadir al que pretenda pasar, sino de herir gravemente al que, desafiando el peligro, lo intente. “Sólo se hiere el que lo intenta” ha dicho Rajoy.

Ese tipo de represalias ya se tomó en tiempos anteriores y no sirvió ni para que Gran Bretaña decidiera retirarse de la colonia ni para que los gibraltareños mostraran mayor entusiasmo por adquirir la nacionalidad

La valoración de una y otra medida queda al criterio de cada uno de nosotros. La de la verja de Gibraltar me parece contraproducenteporque ese tipo de represalias ya se tomó en tiempos anteriores y no sirvió ni para que Gran Bretaña decidiera retirarse de la colonia, ni para que los gibraltareños mostraran mayor entusiasmo por adquirir la nacionalidad de quienes no hacían gestos para integrarlos y acogerlos. La decisión de poner cuchillas en las alambradas para que se corten los tendones los subsaharianos me recuerda a los cortijeros de los grandes latifundios del sur de España que, no satisfechos con la protección que les prestaba la Guardia Civil, ponían cristales rotos en los muretes de sus fincas para que, si algún jornalero en paro decidía saltar a coger unos kilos de aceituna o unas gramos de criadillas de tierra, se dejara su sangre en sus paredes en tiempos de invierno cuando no se podía dejar su sangre en los mugrientos chozos del señorito.

Afortunadamente, los tiempos han cambiado, como lo demuestra el hecho de que son los propios Guardias Civiles, encargados de vigilar la frontera melillense, los que han dicho que no soportan por más tiempo el lamentable espectáculo que tienen que presenciar en ese paso lleno de alambradas, muros y cuchillas para que ciudadanos abandonados a su suerte, por el mero delito de haber nacido en tierras sin oportunidades y sin posibilidades, traten de pasar a otro país donde la gente, por muy mal que le vayan las cosas, tiene aún lo que para ellos sería algo así como el premio de la lotería de Navidad. La propia Comisión Permanente de Cáritas Española ha mostrado su preocupación ante la decisión del Gobierno español de reforzar la triple valla fronteriza que separa Melilla de Marruecos con una malla que, en su zona superior, está rematada por un alambre de cuchillas.

A nadie le cabe la menor duda de que un gobierno responsable debe hacer todo lo posible para que la entrada de ciudadanos en su país se rija por los procedimientos que las leyes establecen

A nadie le cabe la menor duda de que un gobierno responsable debe hacer todo lo posible para que la entrada de ciudadanos en su país se rija por los procedimientos que las leyes establecen y con los medios que garanticen un cierto nivel de control y seguridad; pero también es cierto que afrontar la realidad migratoria fundamentalmente desde unas medidas de control y de seguridad que sólo consiguen producir graves daños físicos a unas personas, no va a impedir que dejen de arriesgar sus vidas para acceder a lo que ellos entienden que mejorará sus desgraciadas condiciones de vida.

En cualquier caso, el Gobierno español parece decidido a jugar el papel de portero de Europa. A unos, a los españoles que van a trabajar a Gibraltar, les pone todo los impedimentos para regresar a España y a otros, a los subsaharianos, les trata de impedir el paso porque quieren trabajar en nuestro país. “Me paras porque trabajo y me paras porque busco trabajo”, sería la paradoja, que se queda pequeña si la comparamos con la otra que dice que el Gobernador de Gibraltar, tras echar los bloques de hormigón para ampliar territorio, se fuma un puro tranquilamente en Sotogrande (España), mientras que la Roja se entrena para el mundial en los campos de futbol de Obiang. Y, mientras tanto, unos esperando y otros muriendo.

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