Pasar de castaño oscuro

Recomiendo, a quienes no lo hayan hecho, que lean el texto íntegro del llamado Pilares para construir una Euskadi con más y mejor empleo, más equilibrio social, más convivencia y más y mejor autogobierno, firmado por el PNV y el PSE-PSOE. Si la memoria no me traiciona, los miembros que representan al PSE en el Comité Federal del PSOE mantuvieron la defensa del no cuando hubo que pronunciarse en ese Comité sobre la abstención o el voto negativo a la investidura del candidato del PP, Sr. Rajoy. Según dijeron los medios de comunicación, y según manifestaciones del entonces secretario general de los socialistas españoles y de algunos de sus más estrechos colaboradores, el PSOE debía votar no a esa investidura, argumentando -no sin cierta dosis de razón- que el PP tenía la obligación y la responsabilidad de buscar alianzas con aquellos grupos parlamentarios de ideología similar a la que profesa el Partido Popular. En concreto, el PNV era uno de los que más citaban los dirigentes socialistas cuando trataban de ejemplificar el camino que debería seguir el Sr. Rajoy.
Todavía no he salido de mi estupor cuando releo el texto arriba citado y cuando vi a los diputados del PSE-PSOE, con sus dirigentes a la cabeza, no sólo votar a favor del candidato del PNV a la lehendakarizta, sino que, además, algunos ya forman parte de un Gobierno de coalición con los nacionalistas vascos, responsabilizándose de tres de las once carteras que conformarán el Gabinete vasco. No deja de ser paradójico que quienes decidieron no hablar con aquellos que defienden el derecho a decidir en Cataluña firmen un acuerdo con un partido nacionalista que aspira a consagrar ese derecho en el País Vasco.

Mi perplejidad no viene sólo por el hecho de que se firmen acuerdos de gobierno con otros partidos sin que el Comité Federal, máximo órgano de representación y de dirección del PSOE, haya tenido conocimiento de lo que se ha firmado, y más, tratándose de un asunto de tanta gravedad como el que se contiene en el acuerdo de marras. Ya sé que mentes más frías que la mía y más alejadas de la militancia socialista apostaron por que la comisión gestora no se diera por enterada de ese acto de deslealtad. Para mantener esa posición argumentaron que “de igual forma que no se imagina uno al PSOE sin el PSC, tampoco es imaginable el Partido Socialista sin el PSE”. Si las cosas van a ser así, llegará el momento en que a ninguna federación socialista se le podrá llamar al orden y a la disciplina, por no poder imaginar al PSOE sin el Partido Socialista de Andalucía, o de Extremadura, o de Castilla- La Mancha, o de Galicia, o de Valencia… Y así hasta la desaparición del PSOE por el que tantos lucharon, pelearon, dieron su vida y su libertad.

Y si enojo provoca este estado de cosas, inquietud es la palabra que mejor define el texto que se ha firmado en el que, aquí también, se sigue la moda y aparece el término nación unido al de País Vasco como elemento de reflexión que posibilite una discusión entre las partes. No sé qué tendrá que discutir el PSE sobre un asunto que no entra en el proyecto socialista. Si el lehendakari ya ha declarado que la independencia no tiene sentido en este siglo de la globalización, ¿a qué viene entonces escribir en el acuerdo PNV-PSOE la posibilidad de que el pueblo vasco tenga derecho a decidir? ¿A decidir qué?

Para que resulte más digerible el disparate de reclamar el Instituto Nacional de la Seguridad Social con su correspondiente régimen económico, amén de los aeropuertos y las instituciones penitenciarias -se supone que para dar mejor cobijo a los terroristas y para que sus familiares no estén tan lejos de ellos como lo están las madres de las tumbas donde reposan los muertos que ellos asesinaron-, el acuerdo propone una reforma de la Constitución para “ampliar las potencialidades del pueblo vasco” que, a su vez, “tendrá representación a través de su Gobierno en las Instituciones europeas”.

Ya se sabe que cuando las instituciones españolas se encuentran debilitadas, los nacionalistas no pierden la ocasión de arramplar con todo lo que puedan para que España vaya siendo lo que quede después de un proceso de traición a la convivencia común. A lo que no estábamos tan acostumbrados era a que en ese viaje se vieran acompañados por algunos que pertenecen a un partido que ha dejado tantas vidas por defender un País Vasco o una Cataluña libres dentro de España.

Sorprende que la comisión gestora y algunos denominados barones hayan manifestado su escándalo por decisiones adoptadas en Cataluña y vean con naturalidad -y hasta con satisfacción- lo que se firmó hace unas semanas en el País Vasco. Nos deberían explicar las razones que les llevan a no aceptar el derecho a decidir y el concepto de nación en Cataluña y a dar por bueno el debate de esos conceptos en el País Vasco.

Cuando la vicepresidenta del Gobierno de España ponga despacho en la Delegación del Gobierno en Euskadi, sabremos qué significa “ampliar las potencialidades del pueblo vasco” y qué se quiere decir con que la “reforma de la Constitución ampliará las posibilidades para mejorar y garantizar el autogobierno que demanda la sociedad vasca”.

Leer “Pasar de castaño oscuro” en El Diario de Sevilla

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