Suceso imprevisto

Suceso imprevistoLos acontecimientos transcurrieron de la siguiente manera: el 20 de diciembre de 2015 se celebraron las elecciones generales. Ningún partido obtuvo la mayoría suficiente que le habría permitido formar Gobierno. Pasado los dos meses reglamentarios desde el primer debate de investidura, volvieron a convocarse para el 26 de junio de 2016. Habían pasado seis meses, doscientos cuarenta días con sus correspondientes noches. Durante ese tiempo, todos, salvo los muy irresponsables, tuvieron tiempo suficiente para meditar lo que podría ocurrir si, de nuevo, el resultado exigiera alianzas o abstenciones para que un partido estuviera en condiciones de formar Gobierno.
En esta ocasión, el candidato del Partido Popular, que había sido el más votado, sí se presentó a la sesión de investidura tras su acuerdo con Ciudadanos. Para resultar elegido necesitaba la abstención de otros partidos, entre ellos, la del PSOE. Dicho partido se debatía entre el voto negativo y la abstención. Ese dilema llegó tan lejos, que en un Comité Federal del mes de octubre del año pasado, el secretario general fue obligado a dimitir por perder una votación a la que precedió la dimisión de quince miembros de su Comisión Ejecutiva. En consecuencia, se formó una Comisión Gestora, encargada de dirigir los destinos del partido hasta la celebración de un Congreso Federal que elija a una nueva dirección. En ese interregno, la dirección interina comunicó y consiguió que se aprobara su decisión de que el Grupo Parlamentario Socialista se abstuviera ente la candidatura de Mariano Rajoy, a fin de desbloquear la parálisis institucional en la que estaba inmersa España. El 29 de octubre de 2016, Rajoy consiguió ser elegido presidente. Los diputados socialistas se abstuvieron, tal y como ordenó el Comité Federal, máximo órgano de dirección socialista entre Congresos y el único capacitado para tomar decisiones de esa naturaleza.

Pero quince diputados socialistas se alejaron de la disciplina y votaron en contra de lo que se había acordado democráticamente en el seno de la dirección del partido. Margarita Robles, Zaida Cantero, Susana Sumelzo, Odón Elorza, Rocío de Frutos, Mari Luz Martínez Seijo, los baleares Sofía Hernanz y Pere Joan Pons, y los siete diputados del PSC en bloque, Meritxell Batet, Mercè Perea, José Zaragoza, Lidia Guinart, Manuel Cruz, Joan Ruiz y Marc Lamuà fueron los quince nombres y apellidos de la rebelión en el PSOE. El anterior secretario general, Pedro Sánchez, prefirió renunciar a su acta de diputado antes que romper la disciplina de voto que él, más que nadie, tenía la obligación de acatar. En otros momentos de la historia del PSOE, esos quince diputados hubieran sido obligados a entregar su acta o a pasarse al Grupo Mixto, como ya ocurrió en otras ocasiones cuando la disciplina se rompió por asuntos de suma importancia sin que pudiera argumentarse el voto en conciencia. Nicolás Redondo Urbieta, Antón Saracibar o Antonio Rosa Plaza son ejemplos de diputados y senadores que, habiendo votado en contra de lo establecido por la dirección socialista, no tuvieron ni que esperar un minuto para, sin que se les requiriera, renunciaran a su condición de parlamentarios.

En otras ocasiones, y tratándose de asuntos menores o en los que la moral jugaba, hubo indisciplinas a la hora de emitir votos que se sancionaron económicamente. Ocurrió con la votación sobre la interrupción del embarazo y en algunas otras ocasiones. Los argumentos que dieron los indisciplinados fueron de diversa naturaleza; la del voto en conciencia fue el argumento más utilizado para justificar la desavenencia con el mandato de la dirección. Pero ninguno fue tan celebrado y ocurrente como el que ofreció el secretario general del PSC en la reunión del último Comité Federal socialista. Según Iceta, el voto en contra de los diputados del PSC “fue un accidente que no volverá a pasar”. Según la Academia de la Lengua, accidente es “un suceso imprevisto que altera la marcha normal o prevista de las cosas, especialmente el que causa daños a una persona o cosa”.

Se puede argumentar como se quiera, pero la única definición que no cabe es la de accidente. El 3 de octubre de 2016, tres días después del Comité Federal, el PSC nombró una comisión para que se reuniera con la Comisión Gestora y, ” si bien no contemplan por ahora una ruptura de voto en el Congreso en caso de darse una abstención, piden que se consulte a la militancia”. Posteriormente, el veinticinco de ese mes, el Consell Nacional del PSC ratificó por unanimidad el no a Mariano Rajoy en las dos votaciones del debate de investidura. Según la prensa de entonces, “Miquel Iceta intervino en esa reunión para defender el no a Rajoy, aun siendo consciente de que provocará un problema con el PSOE”.

Parece meridianamente claro que la decisión del PSC no fue un “suceso imprevisto” y por tanto no fue un accidente. Ya se sabe que es obligación de los partidos intentar convencer a los electores de las bondades de sus programas. Pero habría que empezar por no tomar a los militantes de esos partidos por idiotas.

Leer “Suceso imprevisto” en El Diario de Sevilla

Un pensamiento en “Suceso imprevisto

  1. Siempre tan didactico, elocuente y acertado.

    Menos mal que tenemos algunas páginas como la tuya.

    Os echamos en falta.

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