Sumar o dividir

Pablo Iglesias, secretario general de Podemos. (Reuters)

Clemente Domínguez, sevillano de 59 años, fue ordenado obispo el 11 de enero de 1976 mediante unos ritos al margen de la liturgia católica por el arzobispo vietnamita Pedro Martin Ngo-Din Thuc, el mismo que le había hecho sacerdote el 31 de diciembre de 1971. El 27 de agosto de 1978, Clemente Domínguez Gómez afirmó haber recibido un mensaje de la Virgen, en el que le mandó convertirse en Papa y ese día se autoproclamó máximo pontífice, con el nombre de Gregorio XVII. Se creyó el más listo, el más sabio y el más santo. En realidad era un pobre diablo al que no le gustaba ser monaguillo pudiendo ser Papa.

Ocurre con cierta frecuencia que, por incompetencia o por soberbia, algunos católicos, víctimas de sus anhelos y de sus exigencias, deciden tirar por la calle de en medio para conseguir por otros derroteros lo que saben que no conseguirían nunca siguiendo el itinerario trazado en la secular Iglesia católica. El camino que va desde el noviciado al papado debe ser largo para quien aspira a llegar a la cumbre sin escalar por las escarpadas laderas. Esa aspiración a ser cabeza de ratón antes que cola de león no sólo se da en las iglesias. También, en política, de cuando en cuando, aparecen individuos que, o por impaciencia o por ambición, por incapacidad o por soberbia, consideran que ellos no tienen por qué entrar en una organización que, defendiendo los mismos principios que los que aparentemente les animan a activar su militancia política, les coloca en la cola del pelotón. Como querrían entrar siendo papas y nadie les eligió para eso, deciden colocarse su propio pallium y fundar una nueva iglesia que comienza por negar la legitimidad de la veterana, al estilo de lo que hizo el papa Clemente que denunció a los cardenales del cónclave por comunistas, masones y ateos. Años después, excomulgó a Juan Pablo II y a Juan Carlos I, rey de España. Como siempre, también en política, los nuevos y pequeños papas tiran por elevación contra los clásicos, contra los dirigentes, contra la casta.

En política, algunos querrían entrar siendo papas. ¿Por qué defraudar queriendo hacer otra iglesia si ya existe una adonde se puede acudir?

Recientemente se celebraron las elecciones autonómicas andaluzas en las que PSOE + Podemos + IU obtuvieron 2.272.080 votos, frente a los 1.433.156 de PP + C’s. Los grupos de izquierdas le sacan a los de derechas casi un millón de votos y, sin embargo, por el momento, los cinco grupos parlamentarios de la Asamblea de Andalucía no son capaces de ponerse de acuerdo para elegir un gobierno que dirija la acción política e institucional en esa región. No existe ninguna razón de peso que pudiera acreditar que IU o Podemos representan una opción más a la izquierda que la opción del partido socialista. IU, además, ha gobernado con el PSOE en Andalucía sin que hayan tenido problemas de conciencia o hayan tenido que traicionar lo esencial de su programa electoral. Podemos aún no se ha definido claramente respecto al espectro político andaluz, aunque no estaría muy equivocado quien afirmara que su programa de gobierno tiene muchas concomitancias con la socialdemocracia.

De lo dicho se deduce que si IU y Podemos se hubieran integrado en el PSOE, tratando de mejorar en el seno de ese partido el nivel de funcionamiento y representación del mismo, la derecha no tendría la más mínima posibilidad de gobernar en Andalucía y, tampoco, en España. El PSOE es el único partido de ámbito estatal que desde su fundación ni se ha travestido ni se ha ocultado detrás de otras siglas. UCD pasó a ser CDS, PCE pasó a ser IU, AP pasó a ser PP, mientras que el PSOE siguió siendo lo que siempre fue, un partido democrático que defiende, con los liberales, la democracia, la soberanía nacional, la libertad y el parlamento como representación de esa soberanía nacional, pero que se diferencia de la derecha liberal en su defensa de la igualdad.

Ya sabemos que algunos, pudiendo haber llegado a su hora a la socialdemocracia que representa el PSOE, prefirieron no implicarse en aventuras partidarias. Llamar ahora a las puertas del partido socialista tiene el riesgo de ser ubicados al final de la cola. La tardanza de unos, la soberbia y la ambición de otros les conduce, como Clemente, a crear su propia iglesia que, con seguridad, les permitirá llegar por arriba, por la cabeza, aunque sea a costa de dividir a la izquierda y favorecer las posiciones electorales de la derecha. Es posible que algunas veces hayan fallado los dirigentes socialistas, pero la base, los militantes de los miles de pueblos españoles, ni fallan ni defraudan ni entienden que los que aparentemente se identifican como la mejor izquierda, gusten tanto a la derecha. ¿Por qué defraudar queriendo hacer otra iglesia si ya existe una adonde se puede acudir si lo que se pretende es colaborar en la realización de un proyecto de izquierdas aunque sea desde la base y no desde el papado?

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