Tener dos lenguas, mentir doblemente

Tener dos lenguas, mentir doblemente / Rosell

Tener dos lenguas, mentir doblemente / Rosell

Muy débiles deben ser las razones que animan a algunos independentistas a considerar como nación a Cataluña si se ven obligados a mentir y a calumniar para justificar esa creencia. Y políticamente deben ser poca cosa aquellos que para llamar la atención en su territorio se agarran a la injuria, al agravio y al insulto a los ciudadanos andaluces y extremeños. En multitud de ocasiones ambas regiones han tenido que escuchar y soportar declaraciones de políticos nacionalistas catalanes que rayaban siempre el ultraje y el desprecio. Por estas tierras se tiene la sensación de que los independentistas sólo se sienten importantes si de cuando en cuando, y sin que venga a cuento, se descuelgan con palabras torticeras sobre la supuesta vagancia, indolencia e incultura de andaluces y extremeños. Unos cuantos ejemplos ilustran perfectamente esa actitud que destila supremacismo y odio adobados con el cacareado cuento de que los vagos del sur vivimos a costa del esfuerzo fiscal y laboral de los esforzados contribuyentes catalanes.

Ya lo dijo Duran Lleida que, en sus tiempos de candidato a diputado por el muy democristiano partido UDC, trataba de enardecer a las masas con aquella boutade de que mientras los agricultores catalanes no pueden recoger la fruta por los bajos precios “en otros sitios de España, con nuestra contribución, reciben un PER para que pasen el resto de la jornada en el bar de su pueblo”. En la misma línea y con idéntico interés, el diputado por Tarragona de Iniciativa per Cataluña, Lluís Suñé, se dio a conocer en toda España gracias a que escribió en su blog lo siguiente: “SOS. Extremadura needs you”. “Un 8% del PIB no es suficiente. Apadrina un niño extremeño por 1.000 euros al mes”.

El año pasado, otra eminencia que pasó de la democracia cristiana a la independencia, la señora Núria de Gispert, que fue presidenta del Parlamento de Cataluña en la funesta etapa del mandato de Artur Mas, mandó a Inés Arrimada, líder de Ciudadanos en Cataluña y ganadora de las últimas elecciones autonómica de esa comunidad, a Andalucía: “La diputada Inés Arrimadas es una inepta y una ignorante. No sabe de economía, no sabe de inversiones, no sabe de nada. Y siempre hace el mismo discurso derrotista. ¡Se debe encontrar muy mal en Cataluña! ¡Debe añorar su pueblo! ¿Quién la obliga a seguir aquí?”, escribió en Twitter en el mes de octubre pasado. De nuevo Andalucía envenenando los sueños de la democristiana reconvertida en impía y falsaria; oyéndola se puede pensar que la señora Gispert padece una psicopatía que la mantiene convencida de su superioridad racial y social. Igual embiste contra Andalucía que contra Extremadura.

Pero como parece que tuvo poco éxito su intento de adquirir protagonismo a costa de desterrar a quien les gana las elecciones, ha vuelto a la carga, en esta ocasión, contra Extremadura. El pasado día 4 no tuvo otra ocurrencia que publicar en su cuenta de Twitter lo siguiente: “Un dato importante: Extremadura no quería asumir la gestión de la Salud ni de la Educación, ¡era mucho trabajo! Hasta que los obligaron desde Madrid el año 2004. Cataluña, desde 1981. Otra gran diferencia de quien se cree una nación y quien se cree una provincia”. Ya le respondió el presidente extremeño, Fernández Vara, poniendo de manifiesto la necedad de la señora.

Pero, además de necia, Gispert o es ignorante o es mentirosa. Resulta imposible creer semejante infundio por la sencilla, elemental y comprobable razón de que Extremadura, junto con Madrid, Asturias, Castilla y León, Baleares, Aragón, Murcia, Castilla-La Mancha, Cantabria y La Rioja -que debieron ser tan vagos como los extremeños-, asumió las competencias en Educación en enero de 2000 y las de Sanidad en 2001. Nadie podía obligar en 2004 a aceptar unas competencias que ya fueron transferidas años antes. Si la señora Gispert se leyera algún día la Constitución podría enterarse de que existen dos vías para acceder a la Autonomía. Una serie de regiones llamadas nacionalidades lo hicieron por la vía del artículo 151 y, en consecuencia, pudieron acceder a esas competencias en el momento de su transformación en Comunidad Autónoma -caso de Galicia, Andalucía, país Vasco y Cataluña-, y las demás, por decisión de UCD, accedimos a esa condición autónoma por la vía del artículo 143, sin posibilidad de disponer de determinadas competencias -entre las que se encontraban la Educación y la Sanidad- hasta que no pasara un mínimo de 5 años.

Muy mal debe andar el argumentario independentista de la señora Gispert si para demostrar que Cataluña es una nación se ve en la obligación de mentir conscientemente y de volver a insultar a los extremeños con el vil cuento de la vagancia. ¿De dónde se saca esta señora lo del año 2004? La Junta de Extremadura quiso las competencias en Educación y Sanidad desde el primer día en que se constituyó en Comunidad Autónoma. Teníamos necesidad de ejercer esas responsabilidades, pero no nos guiaba la ansiedad. Nosotros no estábamos en lo del 3%.

Ya lo dije hace años y lo repito: tener dos lenguas no significa tener dos bocas. Y menos para mentir doblemente.

Leer “Tener dos lenguas, mentir doblemente” en El Diario de Sevilla

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.