Vuelta la burra al trigo

 Vuelta la burra al trigo / Rosell

Vuelta la burra al trigo / Rosell

La expresión “vuelta la burra al trigo” se usa para expresar hartazgo y fastidio frente a algo que se repite numerosas veces, como por ejemplo una opinión, argumento o error, sin que el interlocutor enmiende un ápice su discurso; incluso repitiéndolo cuando se ha dado por zanjado el asunto. Eso es exactamente lo que está ocurriendo en buena parte de la sociedad española: hartazgo y fastidio con el tema catalán.

Ya se celebraron las elecciones de diciembre. Pasó la Navidad y volvió la burra al trigo. En todos los medios de comunicación y en casi todas las tertulias amistosas o familiares se repite una y otra vez las mismas cosas que llevamos diciendo y oyendo desde que Artur Mas decidió iniciar el camino que no lleva a ninguna parte, pero que tienen la mar de entretenida, cansada y hastiada a la parroquia.

Ha pasado la sentencia del caso Palau sin que apenas se haya notado o sentido la sinvergonzonería de quienes utilizaron las Instituciones para beneficio personal, empresarial y partidista. En el caso Gürtel, parte de los implicados en la trama de financiación ilegal del PP y de algunos de sus miembros han decidido tirar por la calle de en medio o, como vulgarmente decimos, “tirar de la manta” y que “salga el sol por Antequera”. Por fortuna para ellos el sol sale por el Este, por Cataluña, y se pone por el norte, por Bruselas; en el medio, nosotros, discutiendo y especulando sobre la vuelta o no de Puigdemont a Cataluña, sobre la modificación del Reglamento del Parlamento catalán para poder investir como presidente a quien se encuentra huido. Unos dirán que sí, que puede ser elegido presidente sin pisar Cataluña y otros, dirán que no. Y, de nuevo, “vuelta la burra al trigo”.

El tema de Cataluña ya está agotado. ¿Por qué no lo dejamos? Ya deberíamos saber todos los españoles que lo único que sostiene al sistema democrático es la ley

Sé que será imposible, pero ¿qué tal si se dejara de informar sobre todas esas eventualidades que no conducen más que a la especulación gratuita y desmotivadora? “Mientras que se hable de Puigdemont, no se hablará de corrupción”, sostienen los más escépticos.

El Tribunal Constitucional ya ha dictado sentencia. El presidente del Parlamento catalán, acongojado por la frialdad de las celdas de la prisión de Estremera donde anda instalado el insigne Junqueras, ha decidido mantener la candidatura de Puigdemont, pero después de suspender el Pleno, no lo convoca de nuevo para investirle. Así consigue varios objetivos. El primero de ellos, cumplir la sentencia del Tribunal Constitucional y, de esa manera no seguir los pasos de la señora Forcadell. Y el segundo, permitir que siga vigente el artículo 155 de la Constitución española, con lo que ni caminan a la independencia para evitar la prisión, ni se acogen la legalidad porque serían carne de cañón de cuantos han creído ese cuento de la república catalana. Ni para adelante ni para atrás. Quietos y parados como si estuvieran pintados.

El tema está agotado. ¿Por qué no lo dejamos? Ya deberíamos saber todos los españoles que lo único que sostiene al sistema democrático es la ley. Infórmennos sólo cuando la ley se aplique como consecuencia del incumplimiento de la misma por parte de quienes han decidido hacer de su capa un sayo. Qué nos importan los detalles. Ya sabemos que la ley caerá irremediablemente sobre quienes han decidido romper con ella. No queremos saber nada más de estos personajes. Sólo queremos saber que el Gobierno y la Justicia actuarán cuando sea preciso en defensa de la Constitución, el Estatuto de Autonomía de Cataluña y de la legalidad vigente. Ya nos dirán cuando eso tenga lugar. No nos interesa saber nada más de lo que pasa con los independentistas. Es pura bagatela lo que pretenden. No le hagamos más el juego. No nos hagan perder más tiempo.

Estos días pasados, la prensa nos ha obsequiado con las declaraciones de quienes pasaron por el despacho del juez tras haber sido imputados por la posible comisión de varios delitos. Quienes hubieran albergado alguna duda sobre la posibilidad de que estos arrojados independentistas consiguieran la independencia de Cataluña, habrán disipado sus dudas. Estamos ante una pandilla de cobardes que han negado todo lo que decían que hacían. Acuérdense de aquellos plenos donde aparecían como gallitos altaneros, cacareando, cantando, brazo en alto, El Segador, y firmando solemnemente la declaración de independencia de la República catalana. Ante el juez, la imagen cambió. Le contaron que todo era mentira; que era pura simbología y que no volverán a hacerlo.

Yo que el juez les hubiera creído. Da lo mismo que estén entre rejas o en la calle, porque tanto cobarde no puede ganar nunca una batalla como la que parecía que estaban dispuestos a librar cuando engañaban a la gente.

Leer “Vuelta la burra al trigo” en El Diario de Sevilla

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