Si se pierde territorio, se pierde libertad

Destruir la Constitución que nos protege nos hace menos libres. Podríamos vivir sin Cataluña, pero no podemos ni queremos vivir sin libertad

Pere Aragonés, presidente de la Generalitat junto a Oriol Junqueras, líder de ERC

La nacionalidad, en este caso la española, es algo que se adquiere con el nacimiento y la inscripción en el Registro. Puesto que no se trata de un sacramento, debemos concluir que la nacionalidad española no imprime carácter, de donde se infiere que aquellos que no la quieran deberían pedir su renuncia a ella de manera individualizada, sin pretender arrastrar a todo un pueblo a esa renuncia. En caso contrario se entenderá que se quiere ser español. ¡Como se quiera!; ¡Con las diferencias que se quieran!, incluido el ser español no practicante. Y los españoles, por muy diferentes que seamos, somos todos iguales ante las leyes. O español o no español, ésta es la cuestión.

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Sexilio

Sexilio / Rosell

Es tanta la terminología que se emplea en el lenguaje político y periodístico actual, que resulta francamente difícil situarse en el contenido concreto de una frase o de una palabra. Hace pocos días leí en un periódico de tirada nacional un artículo sobre la situación del independentismo en Cataluña que impedía situar la acción de lo que ocurrió por el mareo de fechas que manejaba el periodista. Muchas de ellas hacían referencia al día y al mes, pero evitaba señalar el año al que hacía referencia. Era agobiante tener que tratar de recordar en que año situar el 1-O o el 27-N o el 16-S. No creo en la mala fe del periodista, pero si pienso que, o por falta de profesionalidad o por falta de tiempo o porque sospecha que todos los ciudadanos no tenemos otra cosa que hacer que recordar esas fechas “históricas”, pues que no hacía falta aclarar los años en los que ocurrió lo que el periodista nos contaba.

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