No todo tiene que ser negativo. Por muy poco que se busque siempre se encuentra un resquicio por el que poder respirar. El PSOE ha concluido una racha electoral que a primera vista separa a este partido del que fue en las décadas de los 80, 90 y 2000. Era casi natural que los socialistas arrasaran en comunidades como la andaluza y la extremeña. Desde 1983 se votaba socialismo en esas regiones por tradición y por hartazgo. La tradición socialista de Extremadura y Andalucía en la Segunda República, derrotada en la calle durante la dictadura, pero siempre viva en cada casa y de puertas para adentro, posibilitó que el socialismo fuera creciendo en elección tras elección hasta llegar a las autonómicas que posibilitaron gobiernos socialistas en ambas regiones. La derecha no era digna de obtener la confianza de quienes habían sido cómplices de un franquismo que trató a ambas regiones peor que a las colonias africanas. Los años de gobierno en esas comunidades autónomas podían hacer pensar que los ciudadanos de eso territorios se habían identificado con sus siglas, convirtiendo a sus competidores en meros acompañantes del socialismo.
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