CAFÉ PARA TRES

Alfonso Guerra en la clausura del V Congreso Regional del PSOE en Extremadura. EFE

Alfonso Guerra en la clausura del V Congreso Regional del PSOE en Extremadura. EFE

Hoy, 12 de enero, se cumplen 30 años del anuncio que Alfonso Guerra, entonces Vicepresidente del gobierno presidido por Felipe González, y Vicesecretario General del PSOE hizo en Cáceres. ¿Qué anuncio hizo? ¿En qué contexto lo hizo?

Se celebraba en Cáceres un Congreso Regional del PSOE de Extremadura. A la clausura, como en otras ocasiones, habíamos invitado a Alfonso Guerra para que su discurso cerrara ese Congreso que, una vez más, depositó su confianza en el redactor de estas líneas para seguir ocupando la Secretaría General de los socialistas extremeños.  Alfonso llegó en coche sobre las 6 de la tarde. Salí a la puerta a esperarlo y nos dimos un abrazo que ponía de manifiesto militancia común y amistad compartida. Saludé a Manolito del Valle (q.e.p.d) que le acompañaba. Nada más terminar los saludos, Alfonso pidió que prepararan una sala para que él y yo nos reuniéramos a tomar un café. “Tengo algo importante que decirte”, me dijo mientras nos dirigíamos a tomar ese café.

Sentados uno enfrente del otro, sin muchos preámbulos, me dijo que había estado con Felipe y que, tras una conversación, concluyeron que él dimitía de la Vicepresidencia del gobierno y se ocupaba exclusivamente de la dirección del partido desde la sede de la calle Ferraz. Como no tengo por costumbre contar las cosas que hablo con otros, salvo que les avisara de que la conversación podría ser publicada, no diré lo que hablamos a continuación. Sólo añado que Alfonso quiso anunciar su dimisión en Extremadura por respeto y reconocimiento a los socialistas extremeños que siempre habíamos mantenido el socialismo en las cotas más altas de popularidad y confianza electoral.

Saliendo ya de la sala, Alfonso me dijo: “Como tú hablarás antes que yo para hacer el discurso como Secretario General electo, con que sólo dejes entrever que voy a anunciar mi dimisión en mi turno de palabra, no haré el anuncio, porque quiero que una decisión de tal calado sea yo el que la haga pública”.

Quiero que el lector se ponga en mi lugar. Cuando el presidente de la mesa del Congreso leyó el resultado de la votación de los delegados, me concedió la palabra para dirigirme al auditorio. Subí a la tribuna. Había euforia entre los asistentes; el Congreso acababa bien y Alfonso Guerra había venido a cerrarlo. Algunos pensaron que mi cara no reflejaba la satisfacción del que acaba de ganar un Congreso. No recuerdo bien lo que dije, pero sí sigo teniendo en mi mente los rodeos que tuve que dar para no traslucir ni exteriorizar mi disgusto, porque intuía que lo que se iba a decir después arrojaría agua fría en un partido que seguía confiando en la honradez, valía y lealtad de uno de los socialistas más importantes de la historia del PSOE.

Dimitió Alfonso y hoy todo el mundo sabe que no caía bien entre quienes aspiraban a mandar en el PSOE sin pagar la cuota de militantes. La élite económica temía que si Felipe se fuera, el PSOE pasaría a estar dirigido por quien con el tiempo ha demostrado que era más valioso para España que quienes amaban más sus privilegios que a los españoles. Se rompió algo en las relaciones políticas entre los dos socialistas con más talento, más patriotismo y más conocimiento de lo que significa la socialdemocracia. Lo que no se ha roto ha sido la lealtad entre ambos. Quienes tenemos el privilegio de mantener la amistad con uno y con otro podemos atestiguar que ni Alfonso dice jamás nada que pueda ser considerado un desprecio a Felipe, ni éste dice nunca una sola palabra en detrimento de Alfonso. Si no se hubiera roto el cordón que les unía políticamente, el PSOE hubiera seguido gobernando España hasta cansarse.

Los tres estamos en la sobremesa de la vida. No sé cuanto nos queda, pero sí sé que hay sobremesas que duran más que las comidas. En las sobremesas se suele tomar café. Antes de levantarnos de la mesa y decir adiós a lo que más queremos, ¿os apetecería que los tres tomáramos un café? Sería un café dulce para muchos y amargo como la achicoria para otros.

 

4 pensamientos en “CAFÉ PARA TRES

  1. Me parece muy bonito que se recuerde aquella fecha, y fantastico que 30 años después os odais tomar un café juntos

  2. Para muchos de los que también andamos en la sobremesa de la vida y que vivimos aquellos momentos con preocupación y zozobra, la foto de vuestro café a tres sería un símbolo de que el espíritu de la hoy vituperada transición aún sigue vivo y la prueba de que no nos es lícito considerarlo como un paréntesis en la historia de España.

  3. Tres amigos mantienen en común compartir la amistad. Uno de los grandes valores que hoy hay que valorar en un nivel muy alto, porque amigos amigos no hay tantos. Estoy seguro que la sobremesa duraría mucho más que la comida….Pero lo de adiós….

  4. Ojalá se celebre ese café . Somos muchos los que nos sentiremos representados en esa mesa que recuerda y simboliza lo mejor de nuestras vidas

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