¡PRIMERO, LOS POLÍTICOS!

En los días previos a la navidad de 2020 se anunciaba que a final del mes de diciembre se empezaría a vacunar a contra el coronavirus. Los ciudadanos desconfiábamos por tanta celeridad. La sospecha estaba justificada puesto que al inicio de la pandemia se nos había dicho que una vacuna que reuniera todos los requisitos no podría estar lista antes de dos años. Si sólo habían pasado nueve meses desde que se empezó a elaborarla, era normal que la sospecha se apoderara de quienes somos neófitos en esas materias.

En algunos países se debió tomar nota del recelo de la ciudadanía y algunos de sus gobernantes quisieron eliminar la suspicacia siendo los primeros en vacunarse, con televisión incluida, para que cundiera el ejemplo. El Jefe del Estado ruso, Sr. Putin, aseguró que la vacuna rusa era tan segura que ordenó que se vacunara a su hija en primer lugar. Luego pudimos ver al jefe del gobierno israelita, Sr. Netanyahu, levantándose la manga de su camisa para recibir la primera dosis que se inyectaba en el Estado judío.

No sé si en España, algunos quisieron hacer lo que se decía popularmente respecto al orden de las vacunas: “Que se vacunen primero los del gobierno y luego nosotros”. Si alguno quiso contentar a los que pedían que los políticos fueran los primeros en vacunarse, se equivocaron de cabo a rabo. Los mismos que desconfiaban de una vacuna tan veloz y que pedían “que primero, los políticos y luego, ellos” son los mismos que han mandado a la guillotina a quienes siguieron el mandato popular o, seguramente, abusaron de su cargo. Y algunos políticos, como siempre, destrozando la imagen de los políticos: “Yo me vacunaré cuando le toque al grupo mío” dicen, para añadir a continuación: “Y seré el último de mi grupo”, demostrando un arrojo, una valentía y un desapego a la vida dignos de mejor causa. Si pueden influir para ser los últimos, no resulta extraño que puedan influir para ser los primeros. Unos quieren ser los últimos y otros, los primeros. El caso es mandar.

En cualquier caso, somos el país de las contradicciones. “Primero los políticos” para, a continuación, crucificar al que lo haga, “Que dimita el Ministro de Sanidad” gritaba la oposición. “Le debería dar vergüenza irse ahora que la pandemia está tan descontrolada” vuelven a gritar los que querían que se fuera Illa, pero que no dimita Illa.

Cuando toque el turno de los mayores de 70 años, acudiré el día que me citen a mi Centro de Salud. Aparcaré el coche en un descampado cercano donde un chaval me cobrará un euro y cuarenta céntimos por indicarme donde hay un hueco. Si, acaso, el Centro de Salud me quisiera cobrar un euro por la vacuna, para enviar vacunas a países del tercer mundo, pondría el grito en el cielo. 1,40 euros, sí, para aparcar. 1 euro para ayudar al tercer mundo, no. Hasta ahí podíamos llegar. ¡Y, encima, querrán llegar en pateras a España para vacunarse gratis!

 

 

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