Sexilio

Sexilio / Rosell

Es tanta la terminología que se emplea en el lenguaje político y periodístico actual, que resulta francamente difícil situarse en el contenido concreto de una frase o de una palabra. Hace pocos días leí en un periódico de tirada nacional un artículo sobre la situación del independentismo en Cataluña que impedía situar la acción de lo que ocurrió por el mareo de fechas que manejaba el periodista. Muchas de ellas hacían referencia al día y al mes, pero evitaba señalar el año al que hacía referencia. Era agobiante tener que tratar de recordar en que año situar el 1-O o el 27-N o el 16-S. No creo en la mala fe del periodista, pero si pienso que, o por falta de profesionalidad o por falta de tiempo o porque sospecha que todos los ciudadanos no tenemos otra cosa que hacer que recordar esas fechas “históricas”, pues que no hacía falta aclarar los años en los que ocurrió lo que el periodista nos contaba.

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Sin novedad, señora baronesa

En 1996, Felipe González, tras perder las elecciones frente al PP de Aznar, renunció a repetir como secretario general del PSOE. El nuevo PSOE que a partir de 1974 abanderaron Felipe y Alfonso Guerra junto con una nueva generación de dirigentes socialistas comenzó a declinar y caminar hacia posiciones que poco a poco han generando desconfianza en parte del electorado español.

Ese PSOE, a partir de 1979, defendió con seguridad su proyecto democrático y fue generando confianza en amplias capas de trabajadores de toda clase y condición, en profesionales liberales, en pequeños y medianos empresarios, en pensionistas, en agricultores, etc., y en amplios sectores del mundo de la cultura que apostaron por un proyecto de izquierdas razonable, creíble y posible. El abandono del marxismo supuso establecer una clara frontera entre el comunismo y la socialdemocracia.

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Tirar de la manta

Madrid no debe ser el lugar donde se afilen los puñales para ver quién mata políticamente a quién

El candidato del PSOE, Ángel Gabilondo

El candidato del PSOE, Ángel Gabilondo

Se cuenta que cuando, en 1980, Tarradellas, presidente provisional de la restaurada Generalitat de Cataluña, convocó las primeras elecciones al Parlamento de Cataluña tras la llegada de la democracia, los aspirantes a presidir el Gobierno catalán le visitaron en el Palacio de la Generalitat. Cuando se marcharon, uno de los asesores del presidente le preguntó: “¿Y quién cree usted que ganará?” Tarradellas, después de un largo comentario, contestó: “Ganará Jordi Pujol”. Intrigados, le pidieron que explicara su pronóstico. “Porque fue el único que se interesó por saber cómo era la vivienda oficial del Presidente de Cataluña”, contestó el veterano político.

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¡Ganó el viejo!

Manuela Carmena, candidata en las primarias de Ahora Madrid para la alcaldía de la capital. (Efe)

Si hoy viviera Hesíodo, poeta de la Antigua Grecia, y mirara las listas electorales que los diferentes partidos preparan para Madrid, no repetiría la siguiente frase a él atribuida: “Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país si la juventud de hoy toma mañana el poder, porque esa juventud es insoportable, desenfrenada, simplemente horrible.” Si esa siguiera siendo su equivocada opinión sobre la juventud de hoy, podría manifestar su temor si se refiriera a circunscripciones electorales diferentes de la madrileña.

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Algunas mentiras

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, durante su intervención en 'El otro estado de la Nación'. (Efe)

Terminó el debate del estado de la Nación. Cuando no se esconde detrás del plasma, Rajoy demuestra, una vez más, quién es, de dónde viene y a dónde va. Nunca se sabrá si el tono displicente que empleó con Pedro Sánchez es la consecuencia de su manera de ser o es la concesión a lo que él cree que puede satisfacer los peores instintos de su electorado; como no me creo lo segundo -conozco gente de derechas que no aprueba ese tono-, pienso que sus maneras son el reflejo de su personalidad. “No vuelva por aquí”, le dijo al líder socialista, demostrando una vez más que la democracia y la dictadura son para Rajoy dos caras de la misma moneda, lo que explica que, desde el principio, el presidente decidiera sumarse al grupo que encabezaba su admirado Fraga cuando empezaron a transitar por los caminos de la democracia en forma de los Siete Magníficos.

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