Antonio Costa

Mirar al oeste

Estuve siempre en contra de las llamadas primarias como procedimiento para la elección de dirigentes en el seno del PSOE. Ahora parece que son más las voces que se unen a esa negativa. Pero a pesar de los efectos negativos que provocan las primarias, no son las únicas responsables de lo que está pasando en el seno de los socialistas españoles. Cuando se remodela una organización política en la que solo uno tiene todo el poder y los demás se limitan a aplaudir, afirmar y reír todas sus ideas y actuaciones, el resultado es la estupidez en el seno de esa organización.

No comparen, por favor

No comparen, por favor / Rosell

Hemos pasado de los de la “vieja guardia” a los “históricos” del PSOE. Tal vez lo de “guardia” podría conferir una cierta autoridad in vigilando que nos posibilitaba censurar determinados comportamientos en el seno del PSOE. Ahora somos “los históricos”. Ese calificativo ya no confiere autoridad sino alejamiento de la realidad actual. Nuestras opiniones sobre el socialismo son tomadas como antiguallas alejadas del mundo moderno. Lo de “histórico” no tiene mucho que ver con la edad sino con la experiencia. Los hay dentro del Partido Socialista con edades similares a las que tenemos muchos de los “históricos”, que no gozan de esa cualificación. Sencillamente no estuvieron cuando había que estar. Estaban en otros menesteres.

La pérfida y finiquitada Castilla

Lo peligroso es la pretensión de algunos independentistas españoles de atraer a Portugal a la discusión sobre la configuración nacional de la península

El primer ministro de Portugal, Antonio Costa (i) y el presidente de España, Pedro Sánchez.
El primer ministro de Portugal, Antonio Costa (i) y el presidente de España, Pedro Sánchez.

El pasado 28 de octubre se celebró en Trujillo la cumbre Hispano-Lusa. Por el ambiente y por los resultados, hoy podemos afirmar que quizás estemos ante el mejor momento en las relaciones entre ambos países. Pero hay que distinguir las buenas relaciones institucionales de la densidad o la calidad del conocimiento entre ambas sociedades. Las buenas relaciones entre los gobiernos no implican por sí solas un paralelo clima en las relaciones sociales, culturales o económicas. Esa reiterada constatación del buen momento de las relaciones no pueden ocultar todas las cuestiones que hayan afectado, afecten o puedan afectar a nuestras relaciones peninsulares.

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