Gracias Colau

No crean que todo lo que hace la alcaldesa de Barcelona con la imagen del Rey lo hace por perversidad

La imagen del Rey colocada en la sala de plenos del Ayuntamiento de Barcelona. Europa Press

La imagen del Rey colocada en la sala de plenos del Ayuntamiento de Barcelona. Europa Press

Muchas han sido las críticas que ha recibido la alcaldesa de Barcelona por  no haber tenido más remedio que aceptar el mandamiento del Tribunal Supremo en lo referente al retrato del Rey y jefe del Estado del que forma parte la ciudad de la que ella es máxima representante. Colau, creyendo que todo el monte es orégano, ordenó retirar dicho retrato al estilo de lo que hacía Stalin con todos aquellos que le superaban en crédito, prestigio y competencia. El criminal soviético creía que muerto el perro se acababa la rabia. Y eso debía pensar la alcaldesa: “Quito la fotografía del Rey y declaro a Barcelona republicana”. Le salió el tilo por la culata, y debe ser tal el gusto que le ha cogido al banco y a los rendimientos que proporciona el mismo que, en lugar de mantener su iconoclasia, la ha cambiado por un minimalismo acorde con la moda que llevó a la Ciudad Condal el artista Mies van der Rohe en 1929.

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La paja en el ojo ajeno

El tuit de Quim Torra

«Colau sigue pensando que “el teléfono hay que cogerlo siempre cuando llame Torra”, pero no la mano tendida de un Rey que representa a la nación española de la que Barcelona forma parte»

En un texto que Torra reprodujo vía Twitter, el presidente del Gobierno catalán reprochó a Pedro Sánchez no haber contestado su llamada telefónica del sábado 19 de octubre pasado. Según el texto de la carta, Torra escribió que «usted se niega a hablar con el representante de los catalanes y, aún peor, se niega a establecer ningún tipo de diálogo».
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Madrid y Barcelona

Barcelona
Formar parte de una comunidad en la que destaque espectacularmente una de las ciudades que componen el territorio de esa comunidad tiene la ventaja de que se tiene una referencia importante, como la cruz de guía del colectivo, y el inconveniente de que la parte llega a representar simbólicamente al todo. Eso es lo que ocurre en Cataluña y en la Comunidad Autónoma madrileña.
Barcelona y Madrid son las partes, pero que los que no viven en ellas, las identifican con el todo.

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