Diario de Sevilla

Democracia y educación

El sistema democrático occidental está entrando en barrena como consecuencia del cambio tan impresionante que la aparición de internet ha supuesto para las generaciones digitales que ya no confían en un sistema de representación basado en el esquema piramidal clásico, con un sistema de votación cada cuatro años, donde la opinión del ciudadano no cuenta más que cuando se aproximan los procesos electorales. Periodos de tiempo donde unos gobiernan y el resto permanece al margen son eternos para una generación acostumbrada a la respuesta inmediata y, además, acostumbrada a poder dialogar a través de las redes sociales con quienes, al margen de la política, son sus ídolos o sus héroes; no aciertan a entender que ese diálogo permanente y continuo no puedan establecerlo con sus representantes institucionales ya sea a nivel local, regional o nacional.

¡Que no hubieran venido!

En las regiones, en las que los gobiernos autonómicos han adoptado la famosa “prioridad nacional”, se deberá articular una ley que regule la actuación de todos los servicios públicos dependientes de esos gobiernos. Será la única manera de que los funcionarios al cargo de esos servicios y negociados puedan discriminar en cada momento sin cometer ninguna irregularidad a la hora de hacer efectivo el famoso y manoseado principio.

Un enorme sarcasmo

El presidente de Cataluña, Salvador Illa, está desplegando una campaña en medios de comunicación próximos o controlados sobre el supuesto derecho que asiste a los catalanes para obtener una financiación propia. No se sabe si en este caso propia es un sinónimo de singular o es una nueva adjetivación a la financiación para Cataluña. Si es esto último, lo mínimo que debería hacer Illa era expresar con claridad el significado de propia. Pero como en la campaña se habla del derecho a retener en Cataluña el 100% de los ingresos tributarios, en realidad propia es la forma vergonzosa de ocultar un interés nacionalista que se aleja del ideario socialista.

La lealtad y la traición

La negativa de Pedro Sánchez a seguir la política bélica de Donald Trump tiene sus riesgos. Puede beneficiarle o puede perjudicar los intereses de España, o puede ayudar o lastimar su liderazgo interno y externo. En cualquier caso, el presidente del Gobierno afirmó el pasado 6 de marzo que la lealtad con EEUU consiste en decir cuando se está equivocando.

Un gran debate

En las elecciones generales de 1977, las primeras de la recién estrenada democracia, el PSOE obtuvo 118 diputados. Cuando muchos analistas daban como líder de la izquierda al Partido Comunista de España, el PSOE obtuvo ese liderazgo en la izquierda española. Los comunistas quedaron a bastante distancia, con 20 diputados y con figuras tan relevantes como Dolores Ibárruri (la Pasionaria), Santiago Carrillo, Ramón Tamames, etc. Para los socialistas ese resultado nos permitió exigir la redacción de una Constitución que articulara una sociedad democrática, de corte occidental.

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