Tres propuestas

  1. Resulta habitual, aunque no por eso menos aberrante , el asesinato de mujeres a manos de sus parejas. El último caso ocurrió en Úbeda, donde una mujer murió acuchillada por su marido. Para rematar la horrible faena, el verdugo se quitó la vida tirándose por el balcón de un cuarto piso en el que vivía la pareja y sus dos hijos, también asesinados por el parricida. Son muchas las llamadas que desde diferentes colectivos y medios de comunicación se realizan para tratar de concienciar a posibles víctimas de la violencia de género. Se me ocurre pensar que el mejor anuncio que podría ensayarse para concienciar a los futuros victimarios sería el siguiente: “Si piensa suicidarse después de matar a su mujer y/o a sus hijos, invierta los términos: SUICÍDESE ANTES y le enterraremos como se merece. Hacerlo al revés le convierte en un asesino. Suicidarse antes le convierte en un suicida. ¿Cómo le gustaría ser recordado?”.
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La ciudad prohibida

La ciudad prohibida / Rosell

La ciudad prohibida / Rosell

Hace casi cien días que se decretó el estado de alarma y, consecuentemente, el confinamiento total o parcial de los españoles para esquivar la temible pandemia declarada por los efectos del llamado coronavirus. En líneas generales, los ciudadanos hemos hecho lo que se esperaba de nosotros. No ha habido grandes discrepancias a la hora de adoptar todas y cada una de las medidas que la autoridad sanitaria ha ido dictando semana tras semana. Los sanitarios españoles han dado un ejemplo de madurez y de responsabilidad. No cayeron en la tentación de ponerse a discutir entre ellos o contra la autoridad sanitaria por falta de material y de personal. Lo importante era salvar vidas y a ello se entregaron arriesgando las suyas. Su ejemplar comportamiento ha sido reconocido con la concesión del premio Princesa de Asturias de la Concordia y con el aplauso diario que puntualmente le dedicábamos los ciudadanos a la caída de cada tarde.
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Gabilondo sólo hay uno

Gabilondo sólo hay uno / rosell

Gabilondo sólo hay uno / Rosell

Generalmente, cuando se enferma, se acude a la consulta del médico, salvo algunos que, por ignorancia o desesperación, acuden a la consulta de un curandero. El primero, el sanitario, se conduce con criterios científicos y tras haber cursado los estudios pertinentes que le acreditan para ejercer la medicina. El segundo, el hechicero, afirma tener los efectos sanadores de la medicina, pero que no está apoyada por pruebas obtenidas mediante el método científico. El común de los mortales cree en la ciencia; sólo una minoría cree en la persona, en la inspiración y hasta en la ignorancia. La terapia del hechicero no tiene ningún fundamento; a lo más que llega es a engañar a quienes creen que curandero y médico son la misma cosa. El médico puede equivocarse honradamente. El santero se equivoca indecentemente. El médico no miente. El curandero, engaña.
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El aplauso de las ocho

El aplauso de las ocho / Rosell

El aplauso de las ocho / Rosell

Vivimos en un Estado descentralizado. Así lo define nuestra Constitución. Así se decidió al ingresar como nación, el 1 de enero de 1986, en la entonces Comunidad Económica Europea. Dos circunstancias que exigen de la concertación entre el Gobierno de España y los gobiernos de las diecisiete comunidades autónomas ante las exigencias de los retos y desafíos del mundo globalizado. Hoy, como desde 1979, nada se puede hacer de importancia en España si no confluyen las dos legitimidades: las CCAA necesitan del concurso del Gobierno central y este Gobierno necesita de la cooperación de los gobiernos autonómicos.

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Varas de medir

 Varas de medir / Rosell

Varas de medir / Rosell

La doble vara de medir es una expresión popular que nos conduce a otra que llamamos la ley del embudo. En cualquier caso, se trata de denunciar el tratamiento dispar, beneficioso para unos y oneroso para otros, que damos a situaciones iguales o parecidas.
Hoy, las distintas varas de medir o la ley del embudo me vienen a colación por el desigual trato recibido por situaciones penitenciarias y políticas que están teniendo lugar ante el silencio de quienes se rasgan fácilmente las vestiduras cuando les toca a ellos la parte estrecha del embudo.

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¿Hay alguien que quiera escucharme?

¿Hay alguien que quiera escucharme? / rosell

¿Hay alguien que quiera escucharme? / Rosell

Resulta difícil aceptar la situación que semana a semana se presenta ante nuestros atónitos ojos. La matanza de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas sigue ocupando páginas y páginas de los medios de comunicación social sin que parezca que el triste y desgraciado fenómeno tienda a desaparecer o por lo menos a rebajar su intensidad. Artículos y opiniones tratan de explicar las causas que aparentemente contribuyen al asesinato semanal, a la violación o a las agresiones grupales a mujeres.
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