La negativa de Pedro Sánchez a seguir la política bélica de Donald Trump tiene sus riesgos. Puede beneficiarle o puede perjudicar los intereses de España, o puede ayudar o lastimar su liderazgo interno y externo. En cualquier caso, el presidente del Gobierno afirmó el pasado 6 de marzo que la lealtad con EEUU consiste en decir cuando se está equivocando.
La advertencia que hizo un reputado analista político no llegó a plantearse. El PSOE de Extremadura no se tendrá que enfrentar al problema que hubiera surgido en el caso de que los socialistas hubieran ganado las elecciones autonómicas del pasado 21/D, y meses después, su candidato a presidente hubiera sido declarado culpable por la Audiencia Provincial de Badajoz, por los delitos de prevaricación y tráfico de influencia. Desapareció el problema. Lo que nadie sabe por el momento es si, pasado unos meses, esa misma Audiencia declarara inocente a Miguel Ángel Gallardo. Entonces no estaríamos ante un problema sino ante una tremenda injusticia. Resulta más fácil resolver un problema que convertirse en cómplice de una injusticia.
Pasaron las elecciones. El resultado obtenido por las diferentes fuerzas políticas obliga a un ejercicio de responsabilidad. Y a responder a las siguientes preguntas: ¿Qué le interesa a Extremadura? ¿Qué le interesa a la democracia y a la autonomía? ¿Qué puede hacer el PSOE? ¿Qué puede hacer el PP?
Parece ser que los sondeos confirman el claro posicionamiento al alza de Vox. Algunos analistas consideran que esa subida de la extrema derecha beneficia los intereses electorales del actual PSOE. En cualquier caso, a lo más que podría aspira este PSOE es a mantenerse en la línea que va de los 100 a los 120 diputados. Cifra parecida a la que obtendría finalmente el Partido Popular si la escalada de Vox continúa hasta la convocatoria de nuevas elecciones.
Como yo no tengo intención de convertirme en un apátrida, tendré que hacer todo lo posible para que la señora Díaz no se quede con mi país
La vicepresidenta segunda y líder de Unidas Podemos en el Gobierno, Yolanda Díaz
Al parecer, Yolanda Díaz ha hecho caso de quienes decimos con frecuencia que una propuesta política no puede comenzar con el nombre del protagonista (¿quién?), seguir con qué se piensa hacer (¿qué?) y terminar con el para qué (¿para qué?). La lógica indica que el camino es el contrario: Para qué se quiere gobernar, qué se quiere hacer y quién lo hará. La vicepresidenta segunda del Gobierno ha hecho una propuesta que comienza bien: Para qué quiere gobernar. “Está dispuesta a dar un paso para ganar España”. Yolanda Díaz quiere dar un paso para ganar España. El problema con el que nos encontramos es que ya sabemos para qué quiere dar un paso, pero no sabemos – por lo menos yo- en qué consiste “ganar España”.