DEJARSE OIR

Vuelvo sobre una idea que me perturba: contribuir a eliminar esos restos de un carácter pesimista y pasivo con el que se dibuja tradicionalmente a los extremeños y que, desgraciadamente, generan complejos respecto a los demás españoles.

Y en esa tesitura, ¿de qué tenemos que avergonzarnos? ¿De qué tenemos que acomplejarnos? Pero… ¿qué tenemos que envidiar a otros como para suponer que ellos son más o nosotros somos menos? Se responde mejor a esos interrogantes si cada uno de nosotros hace un ejercicio mental de imaginar cómo hemos vivido aquí en los últimos cien años y como se vivía en otras zonas de España. Como además hemos sido un pueblo emigrante, no nos costará encontrar a un familiar, a un amigo o a nosotros mismos, cuando fuimos emigrantes, que lo haya vivido fuera de nuestra región.

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¡Vaya panorama!

¡Vaya panorama! Unos quieren un Estado federal; otros quieren marcharse por su cuenta. ¿Por qué no aclaran cómo? El Estado de las autonomías ha superado al Estado federal tipo -como el alemán- en competencias y en asimetrías que se adecuan mejor a la singularidad de nuestro Estado. Desde este punto de vista, plantear la conversión del Estado de las autonomías en un Estado federal es dirigirnos a un modelo de Estado que ya tenemos, pero desaparecería el artículo 150.2 de la Constitución y, como pasa en Alemania, donde el Estado de Bremen, con 600.000 habitantes, tienen las mismas competencias que el de Baviera, que cuenta con 12 millones, todas las comunidades autónomas tendrían el mismo nivel competencial.

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Dirigentes o marionetas

Dirigentes o marionetas / Rosell

Dirigentes o marionetas / Rosell

Yo soy partidario del Estado de las Autonomías. El Estado de las Autonomías ha elevado el nivel vital de todos los territorios de España y eso es un haber positivo que no puede olvidarse. Sin duda, las comunidades autónomas han cometido muchas torpezas, pero sus aciertos han servido para el progreso de España y de sus territorios. Plantear ahora el retorno al sistema centralista es sencillamente suicida. No hay una sola posibilidad entre mil de que la clase política acepte esto y probablemente ningún pueblo de España lo quiera.

Bueno, tal vez, esta última afirmación haya que matizarla. La pandemia, en su primera y segunda versión, además del enorme roto que está haciéndole a la economía española y la desgracia que está llevando a tantos hogares a través de la enfermedad y la muerte, está llenando de argumentos a los enemigos de este buen descubrimiento que significó la incorporación del Estado autonómico a la descentralización de España.
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AUTOCONVOCARSE

Los Presidentes de Castilla la Mancha, Madrid y Castilla y León

Foto: Comunidad de Madrid

No hace muchos días que tres presidentes autonómicos (Madrid, Castilla y León y Castilla La Mancha) se reunieron, sin necesidad de secretismo alguno, para conjuntar políticas o medidas sobre el coronavirus. Esa acción puso en evidencia la ausencia de reuniones que a lo largo de estos últimos seis meses podrían haberse celebrado para que los españoles abandonáramos la sensación de que unos por otros y la casa sin barrer.

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La ciudad prohibida

La ciudad prohibida / Rosell

La ciudad prohibida / Rosell

Hace casi cien días que se decretó el estado de alarma y, consecuentemente, el confinamiento total o parcial de los españoles para esquivar la temible pandemia declarada por los efectos del llamado coronavirus. En líneas generales, los ciudadanos hemos hecho lo que se esperaba de nosotros. No ha habido grandes discrepancias a la hora de adoptar todas y cada una de las medidas que la autoridad sanitaria ha ido dictando semana tras semana. Los sanitarios españoles han dado un ejemplo de madurez y de responsabilidad. No cayeron en la tentación de ponerse a discutir entre ellos o contra la autoridad sanitaria por falta de material y de personal. Lo importante era salvar vidas y a ello se entregaron arriesgando las suyas. Su ejemplar comportamiento ha sido reconocido con la concesión del premio Princesa de Asturias de la Concordia y con el aplauso diario que puntualmente le dedicábamos los ciudadanos a la caída de cada tarde.
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