Extremadura

Volver sobre sus pasos

Pasar de un Estado centralista a uno descentralizado no respondía solo al interés de aquellas regiones que exigían el reconocimiento de sus hechos diferenciales. Había también un deseo de acercar los instrumentos de gobierno a territorios que se situaban en la periferia de la periferia y que habían sufrido el abandono de los poderes centrales durante siglos.

La historia siempre juzga

Como saben los lectores, Extremadura es una región con dos provincias, Cáceres y Badajoz. La provincia pacense es la más poblada de las dos y, por una cuestión aritmética, es la que tiene un 63% de los afiliados al PSOE de Badajoz y un 37% la de Cáceres. No es el número sino la calidad, la actitud y la aptitud las condiciones necesarias, aunque no suficientes, para obtener la confianza de los militantes socialistas extremeños a la hora de liderar al PSOE de Extremadura. Esas condiciones no solo son atributos de los militantes de una de las dos provincias; también lo son de la otra.

Tres sensaciones

1.- No he podido evitar echar la vista atrás e imaginar a Manuel Fraga, a José Rodríguez de la Borbolla, a Pascual Maragall, a José María Aznar, a José Bono, a Pedro de Silva o a mí mismo -todos que fuimos presidentes de Comunidad Autónoma- esperando órdenes de las direcciones de nuestros respectivos partidos para saber cómo, cuándo y con quién acordar medidas y proyectos en nuestras respectivas investiduras.

Los indios de la nación

En el siglo XVIII, Francisco Gregorio de Salas escribió la conocida décima dedicada a Extremadura que comienza con “Espíritu desunido/anima a los extremeños” y concluye con el verso que calificaba a los extremeños de aquel siglo como “los indios de la nación”.

En pleno siglo XXI, el tren que salía y llegaba a Extremadura sufría incidencias sin límites, sin que las averías, paradas o suspensiones provocaran heridos o muertes en el pasaje. Ese espectáculo hizo creer al resto de los españoles que los extremeños seguíamos siendo “los indios de la nación”. No había periodista, comentarista o ciudadano de fuera de Extremadura que no se apuntara al cachondeo cuando se trataba de hablar de mi tierra extremeña. El ja, ja, ja  y el ji, ji, ji hacían las delicias de quienes se sentían bien tratados por el servicio ferroviario. Alardeaban de lo rápido que ellos viajaban frente a la lentitud de los “indios de la nación”.

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