Extremadura

¡Vergüenza de ejemplo!

Y, de nuevo, Extremadura se puso de moda. Ahora no es el tren. Tocó vivir dos experiencias que nunca se habían experimentado por estas latitudes: se disolvió la Asamblea de Extremadura por la presidenta de la Junta e iniciamos una cohabitación entre Partido Popular y Vox.

Volver sobre sus pasos

Pasar de un Estado centralista a uno descentralizado no respondía solo al interés de aquellas regiones que exigían el reconocimiento de sus hechos diferenciales. Había también un deseo de acercar los instrumentos de gobierno a territorios que se situaban en la periferia de la periferia y que habían sufrido el abandono de los poderes centrales durante siglos.

La historia siempre juzga

Como saben los lectores, Extremadura es una región con dos provincias, Cáceres y Badajoz. La provincia pacense es la más poblada de las dos y, por una cuestión aritmética, es la que tiene un 63% de los afiliados al PSOE de Badajoz y un 37% la de Cáceres. No es el número sino la calidad, la actitud y la aptitud las condiciones necesarias, aunque no suficientes, para obtener la confianza de los militantes socialistas extremeños a la hora de liderar al PSOE de Extremadura. Esas condiciones no solo son atributos de los militantes de una de las dos provincias; también lo son de la otra.

Tres sensaciones

1.- No he podido evitar echar la vista atrás e imaginar a Manuel Fraga, a José Rodríguez de la Borbolla, a Pascual Maragall, a José María Aznar, a José Bono, a Pedro de Silva o a mí mismo -todos que fuimos presidentes de Comunidad Autónoma- esperando órdenes de las direcciones de nuestros respectivos partidos para saber cómo, cuándo y con quién acordar medidas y proyectos en nuestras respectivas investiduras.

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