Tender puentes

Algunos pensarán que rompiendo puentes resulta más seguro mantener en tu orilla al electorado que te votó en ocasiones anteriores. Resulta difícil pasar al otro lado si los puentes se han volado

Visité Santiago de Compostela este verano. A los políticos gallegos se les entiende todo cuando hablan porque lo hacen en el idioma común, en castellano. Cuando lo hacen en gallego, también se les entiende. Muchos de ellos a lo más que llegan es a sustituir el artículo “la” por la preposición “a”.

Después de haber estado 24 años expuesto a la mirada y comentarios del respetable, los más veteranos siguen reconociéndome dentro y fuera de mi región. En Galicia son muchos los gallegos que se dirigen a mí por la calle con absoluta normalidad y, en muchas ocasiones, con gran confianza y naturalidad. Vean si no las situaciones que viví en Santiago de Compostela. Estaba con mi mujer esperando en un paso de cebra a que el semáforo se pusiera en verde para dar preferencia de paso a los peatones. Debió ser de esos que tardan un siglo, porque algunos de los que esperaban, como nosotros, se lo saltaron ante la ausencia de vehículos de motor. Visto lo visto, decidimos romper la regla, con tan mala fortuna que una señora que estaba en la acera de enfrente me dijo con sorna y gracia: ”Pero, bueno, Sr. Ibarra, ¿usted tampoco respeta la norma?” Desde entonces no he vuelto a saltarme un semáforo ni siquiera a las cuatro de la madrugada, cuando por no pasar por la calle, no pasan ni los gatos.

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