¡NO NOS CUENTEN MÁS CUENTOS, POR FAVOR!

Abascal-Otegi¿Qué pensamos y dijimos en los primeros años de la recién conquistada democracia cuando partidos como Fuerza Nueva, Falange…, se presentaron a las elecciones que por primera vez se celebraron tras la muerte del dictador?:  “Nadie que se considere demócrata puede entregar su voto a quienes no rechazan la dictadura ni denuncian los crímenes cometidos contra demócratas por el régimen franquista”. No nos servían las excusas que posteriormente nos daban aquellos jóvenes que, al cumplir la edad reglamentaria para poder hacerlo,  votaron a partidos claramente franquistas como los citados o al que creó el terrorista teniente coronel Tejero. Su argumento era que el franquismo era pasado y que había que votar futuro; para ellos la figura de Franco era tan desconocida como la de El Cid Campeador. Votaban fascismo porque les gustaban las propuestas que esos partidos llevaban en sus programas electorales. Al final terminábamos culpándonos a nosotros mismos por no haber sabido retener en la memoria de España los crímenes cometidos por un régimen indigno, terrorista y criminal.  Nos preguntábamos el por qué en las escuelas no se enseñaba lo que había sido la dictadura franquista. Hoy, cuarenta y cinco años después de la dictadura seguimos sin comprender como hay gente que vote a partido como VOX, que no denuncia ni reniega de la dictadura de Franco.

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YO NO PIERDO LA ESPERANZA

Caceroladas sin mascarillas

Foto: EFE

Hace un par de semanas publiqué un artículo en este blog advirtiendo de la posibilidad de que, como consecuencia de nuestra laxitud a la hora de cumplir con la normativa sobre mascarillas y distancia social, volviéramos a la fase cero y al confinamiento total. Señalaba a los que en una mano esgrimen una cerveza y a los que en otra aporrean una cacerola. Debo decir que los de la cerveza ni se han inmutado y, tal vez, ni se hayan dado por aludidos, como diciendo “yo a lo mío y los demás que digan misa”. Por el contrario, los de las cacerolas, los defensores de la libertad, han salido desenfrenados propagando contra mí todo tipo de insultos, calumnias y difamaciones según me cuentan quienes se dedican a tuitear o a facebookear. Yo no frecuento esos nidos de anónimos cobardes.

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Y vosotros, ¿qué hicisteis?

 Y vosotros, ¿qué hicisteis? / rosell

Y vosotros, ¿qué hicisteis? / rosell

Nací, como tantos españoles, en un país en el que regía una dictadura militar. Crecí en un país sin derechos y sin la condición de ciudadano libre. Nací en una dictadura, pero pienso, quiero y seguro que moriré en una democracia.

¿Por qué ese deseo, ese pensamiento, esa voluntad? ¿Por qué esa proclama que podría parecer extemporánea, trasnochada y fuera de lugar? De nuevo, y como ya ocurrió en 1934, el nacionalismo catalán vuelve a traicionar a la democracia española. Seis años después de que Artur Mas iniciara el desafío al Estado, ya no se trata de saber si habrá o no referéndum; si Puigdemont será o no entregado para ser juzgado por rebelión; si los independentistas tienen o no derecho a poner lazos amarillos donde les plazca; si Torra chantajea o no al Gobierno; si los independentistas se dividen o se unen. Sobre esos asuntos hay opiniones para todos los gustos. Aquí y ahora, de lo que se trata es de saber si un grupo de ciudadanos dirigidos por gente que ha decidido romper España, pueden liquidar lo que ellos llaman “el régimen del 78”. Y aquí ya no hay mucho donde elegir: o ganan ellos, los que quieren acabar con la Constitución o ganamos los que queremos defenderla. Ya no es momento de explicarnos por qué hemos llegado hasta aquí. Ya hay cientos de versiones. Los que no saben qué hacer ni por dónde tirar se escabullen con lo de la “búsqueda de una salida política”. Para mí sólo hay una salida: o derrotamos política y judicialmente al independentismo político y restablecemos la legalidad o dejamos que ganen quienes la vulneran. En este último caso habremos terminado con el Estado de Derecho en Cataluña y en toda España.

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