Ética laxa

Estoy en contra de ese código que trajo la “nueva política” y por eso estoy con los que defienden la no dimisión de alguien que solo está siendo investigado

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, y la vicepresidenta y consejera de Políticas Inclusivas de la Generalitat, Mónica Oltra

Supongamos que sea cierto. Supongamos que damos por buena la defensa de su conducta que hace Mónica Oltra, vicepresidenta del gobierno de la Comunidad Autónoma de Valencia. Aceptemos que su imputación es consecuencia de un complot urdido por la extrema derecha, por la fiscalía valenciana, por el Tribunal Superior de Valencia, por determinada prensa que le tienen ganas, por una menor que nunca fue víctima por agresión sexual de quien fue marido de la imputada. Supongamos que todas esas cosas y algunas otras que se nos escapen han puesto en el disparadero a una política decente. Supuesto todo eso, se demostraría lo sencillo que resulta truncar la carrera de cualquier político. Bastaría una denuncia de alguien contra un cargo público, un fiscal que acuse y un juez que abra una investigación y ¡se acabó!

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Desprecio a la política

Desprecio a la política / Rosell

Antes de la muerte de Franco y durante la transición española, la dedicación a la actividad política constituía en la mayoría de los casos un ejemplo de dignidad, valentía y altura de miras. En la mayor parte de los casos, el compromiso acompañaba a quienes se dedicaron a esa actividad. La cosa ha ido enredándose de tal manera que ahora esa dedicación -absolutamente necesaria para que la democracia exista- es sospechosa. Lejos de dar brillo, lo que hace es empañar la imagen. Antes, la familia aconsejaba no dedicarse a la política porque resultaba una actividad peligrosa para quienes habían vivido en sus carnes el fracaso de la II República y el terror de la dictadura. Ahora, las familias vuelven a aconsejar la no dedicación porque aparece como una actividad vergonzosa a los ojos de muchos ciudadanos.

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Dudas y certezas

A sociedades amorfas y melifluas, corresponden políticos amorfos y desunidos

El pleno del Congreso de los Diputados tras la comparecencia del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski

Escribo con dudas y con algunas certezas. Y lo hago desde la más absoluta libertad. Estoy en la sobremesa de la vida. Ya pasó la comida y llegó el tiempo de la charla, el comentario, el diálogo con quien quiera hablar, aprender, enseñar, contrastar. Frente a los que piensan que quienes hemos estado en la política activa debemos callarnos, mantengo que, si bien hay una edad reglamentaria para jubilarse laboralmente, no existe una edad para jubilarse de la defensa de las propias convicciones y del intento de querer influir en la sociedad para que no nos precipitemos en el vacío de la incomprensión o la intolerancia. No existe eutanasia política que elimine por motivos de trienios a las personas de sus compromisos con la verdad y con la libertad.

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Hablar por hablar

Lo más seguro es que si oyeran los comentarios de los ciudadanos sobre las sesiones de los miércoles entrarían en “modo pánico”

Pedro Sánchez, junto a Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, en el último congreso federal del PSOE

Pedro Sánchez, junto a Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, en el último congreso federal del PSOE

Resulta comprensible el mimetismo que se produce en el lenguaje político y en la forma de hablar de los políticos. Son muchas las horas, los días y las semanas que pasan juntos, ya sea en los Plenos o Comisiones del Congreso o del Senado, ya sea en los escaños de Ayuntamientos, Cabildos o Diputaciones. Esa cercanía, que se ve acompañada de discursos, provoca que el lenguaje de unos acabe siendo imitado en algunas formas y expresiones por otros.  Recuerdo que fortuna que adquirió la famosa “alícuota parte” de Felipe González. Rara era la vez que en sus discursos no aparecía lo de la “alícuota parte” hasta el punto en que poco a poco, uno tras otros, los diputados de su partido y, posteriormente, los diputados de otros diferentes al suyo comenzaron a utilizar la “alícuota parte” sin saber que “alícuota” significa parte. “Señorías, no pretendan ustedes quedarse con la alícuota parte que nos corresponde a nosotros”. O sea que nadie se quede con la “parte parte”.

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Tertulianos y redes sociales

Tertulianos y redes sociales / rosell

Tertulianos y redes sociales / rosell

Los gobiernos quisieron siempre asustar al personal convirtiendo los informativos de las cadenas estatales y de las cadenas de televisión afines en lo que antiguamente hacía un periódico llamado El Caso. Era un semanario fundado en 1952, y que se especializó en noticias sobre sucesos. Tenía una tirada aproximadamente de 100.000 ejemplares, llegando en ocasiones a batir su propia marca con 500.000 números. Vivió hasta 1997. Ahora, los telediarios tienen una parte de información política, algo de información internacional y reparten el resto de su tiempo con muchos sucesos y la información meteorológica. La idea no es otra que convertir en temerosos a los electores para que cuando llegue la hora de votar depositen su papeleta de voto en aquella opción que mejor aparenta garantizar su seguridad.

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Lo peor de la vieja política

¿Por qué nunca se dice que alguien representa lo mejor de la vieja política?

Pedro Sánchez y Pablo Casado en La Moncloa Europa Press

Pedro Sánchez y Pablo Casado en La Moncloa Europa Press

En ocasiones el lenguaje político encuentra expresiones que hacen fortuna e incansablemente se repiten en cualquier foro, vengan o no a cuento. La última que se ha puesto de moda es la que se lanza contra el adversario al que se acusa de “representar lo peor de la vieja política”. Con motivo de la moción de censura en Murcia, esa frase se ha repetido hasta la saciedad sin que se tengan noticias de que quienes la pronuncian sepan exactamente qué están diciendo. Se suelta eso de “lo peor de la vieja política” y nunca se aclara qué es lo peor y qué es la vieja política. Si se acota la vieja política es porque se sabe cuándo empezó y cuándo terminó. ¿A qué se refieren quienes hablan de la vieja política? ¿De qué época hablan? ¿En qué año comenzó y en qué año concluyó? ¿Creen quienes pronuncian la frase hecha, manida y estereotipada que la política, como la vida o como la historia, nace y muere y vuelve a nacer y vuelve a morir sin que existan precedentes? ¿Creen esos oradores de la nada que puede existir un presente sin que exista un pasado? ¿Y saben, acaso, que todo presente está inyectado de pasado?

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