Lástima de país

La debilidad partidaria sólo podría ser compensada por la fortaleza de las Instituciones. Pero no parece que vayan las cosas por esos derroteros

Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo en el Congreso. Europa Press

Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo en el Congreso. Europa Press

Adolfo Suárez ganó el referéndum para la reforma de 1976. Se inició lo que más tarde se conoció como la Transición española de la dictadura a la democracia. Desde ese momento, el único legitimado por las urnas fue Suárez. Todos los demás comenzaron a tener presencia y protagonismo público, pero no estaban legitimados por las urnas. Esa legitimación le permitió hablar de tú a tú a quienes, viniendo de la clandestinidad y de la lucha contra la dictadura franquista, de cuyo partido único (Movimiento Nacional) Suárez era el secretario general, les faltaba pasar por el refrendo popular.

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PP-PSOE: un gesto por la democracia

Si al PSOE no le importa que la extrema derecha siga avanzando no tiene más que empujar al PP para que meta en su mochila la pesada carga de Vox

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Europa Press

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Europa Press

Nadie ignora que los partidos políticos han perdido peso y credibilidad en la sociedad española y, especialmente, los partidos que, como el PSOE o el PP, despiertan pasiones o fobias. Si eso fuera así –y lo parece a la vista del resultado de las elecciones autonómicas de Castilla y León– los ciudadanos de esa comunidad autónoma han debido plantearse la disyuntiva de volver a dar la mayoría para gobernar a PP o PSOE, desgastados como parecen estar por los años de gobierno y por la falta de credibilidad, o apostar por opciones hasta ahora extremadamente minoritarias o por opciones seminuevas creadas ad hoc para aprovecharse del desencanto y tratar de conducir a la región castellano-leonesa por derroteros que nadie sabe exactamente cómo serán y hasta dónde quieren llegar.

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El error y las malas compañías

No se puede depositar la estabilidad de un gobierno en España apoyándose en partidos que pretenden la ruptura de la Constitución y de la unidad del Estado

Alberto Casero. // Europa Press

Alberto Casero. // Europa Press

¿Quién no se equivocó alguna o algunas veces en la vida? Nadie debería rasgarse las vestiduras ante los errores de los demás. Con una condición: que el error sea consecuencia de una equivocación honrada. Se equivocan honradamente quienes articulan todo el conocimiento y habilidades para evitar el error.

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Sin novedad, señora baronesa

En 1996, Felipe González, tras perder las elecciones frente al PP de Aznar, renunció a repetir como secretario general del PSOE. El nuevo PSOE que a partir de 1974 abanderaron Felipe y Alfonso Guerra junto con una nueva generación de dirigentes socialistas comenzó a declinar y caminar hacia posiciones que poco a poco han generando desconfianza en parte del electorado español.

Ese PSOE, a partir de 1979, defendió con seguridad su proyecto democrático y fue generando confianza en amplias capas de trabajadores de toda clase y condición, en profesionales liberales, en pequeños y medianos empresarios, en pensionistas, en agricultores, etc., y en amplios sectores del mundo de la cultura que apostaron por un proyecto de izquierdas razonable, creíble y posible. El abandono del marxismo supuso establecer una clara frontera entre el comunismo y la socialdemocracia.

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Centralismo madrileño

En Madrid seguirá existiendo la democracia cualquiera que sea el resultado. En Cataluña volverá a desaparecer el pluralismo político

La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata a la reelección, Isabel Díaz Ayuso. Europa Press

La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata a la reelección, Isabel Díaz Ayuso. Europa Press

Estamos viviendo en una España absolutamente descentralizada, de los países más descentralizados del mundo pero, sin embargo, económica y políticamente seguimos con un centralismo feroz. El centralismo madrileño le ha ganado la batalla cultural al centralismo catalán que se llevaba la palma antes de que el independentismo arruinara el buque insignia que era Cataluña. Es una verdad incuestionable afirmar que todo lo que no esté en Madrid no existe y ésa es la experiencia que tenemos acumulada a lo largo de estos años. Siempre ha sido así y, seguramente, siempre será así.

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De la tragedia madrileña a la farsa murciana

Iglesias vuelve a intentar la división del voto de izquierdas para que, como en 2015 con la victoria de Rajoy por la irrupción de Podemos, pueda seguir gobernando el PP en Madrid

El presidente de la Región de Murcia, Fernando López Miras. Europa Press

El presidente de la Región de Murcia, Fernando López Miras. Europa Press

El 18 de brumario de Luis Bonaparte, obra escrita por Karl Marx, comienza con la famosa frase: “La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”.

El tamayazo fue la tragedia que anunció el camino que el Partido Popular emprendió para convertir en tragedia lo que no debería haber sido más que una historia de normalidad democrática en la Comunidad Autónoma de Madrid. Para quienes hayan perdido la memoria o no conozcan la gran tragedia que supuso lo que periodísticamente se bautizó como el tamayazo, recordemos que  la votación celebrada el 30 de junio de 2003, en la Asamblea de Madrid, dos parlamentarios del PSOE (María Teresa Sáez y Eduardo Tamayo)  impidieron con su abstención en la segunda votación de investidura la elección de Rafael Simancas, candidato socialista, como nuevo presidente de la Comunidad de Madrid. Este caso de transfuguismo acabaría obligando a repetir las elecciones en octubre de ese mismo año, tras las que Esperanza Aguirre (PP) se convirtió en nueva presidenta regional. La democracia quedó tocada por el hecho de que dos parlamentarios se alejaran de la disciplina de voto del partido en el que habían concurrido a las elecciones autonómicas madrileñas. No se pudo demostrar, pero todo el mundo sospechó que la decisión de impedir el triunfo del candidato de su partido tuvo que ver con el precio que alguien pagó para comprar el voto de Tamayo y Sáez. Sigue leyendo