Cuando las barbas de tu vecino…

Cuando las barbas de tu vecino... / rosell

Cuando las barbas de tu vecino… / rosell

Todos pudimos ver cómo se rompían vidrios, se echaban gases lacrimógenos por multitudes desatadas con indumentarias de camuflaje en el Congreso estadounidense. La democracia en EEUU se difuminaba minuto a minuto.

¿Qué fue lo que pasó? Un golpe, una insurrección, una rebelión?

Sea lo que sea, lo que debe interesarnos a quienes apostamos firmemente por la democracia son los subterfugios que se están empleando, no sólo en EEUU, sino en otros muchos países para golpear a la democracia, desde dentro de la democracia.

Tras el auge de populistas en países democráticos, léase Hungría, Polonia, Brasil… son varios los autores que han escrito sobre este fenómeno de decadencia democrática que deja atrás a los típicos golpes de estado que se caracterizan por su violencia y por su rapidez. Como dicen Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, en su libro Cómo mueren las democracias, publicado en 2018, y traducido al castellano por la Editorial Ariel, “las democracias pueden fracasar a manos no ya de generales, sino de líderes electos, de presidentes o primeros ministros que subvierten el proceso mismo que los condujo al poder. Algunos de esos dirigentes desmantelan la democracia a toda prisa, como hizo Hitler en la estela del incendio del Reichstag en 1933 en Alemania. Pero, más a menudo, las democracias se erosionan lentamente, en pasos apenas apreciables”. Y para hacer una semblanza ajustada de lo que está pasando en los llamados países occidentales, los profesores de Harvard nos ilustran con el siguiente párrafo: “Los golpes militares y otras usurpaciones del poder por medios violentos son poco frecuentes. En la mayoría de los países se celebran elecciones con regularidad. Y aunque las democracias siguen fracasando, lo hacen de otras formas. Desde el final de la Guerra Fría, la mayoría de las quiebras democráticas no las han provocado generales y soldados, sino los propios gobiernos electos. Como Chávez en Venezuela, dirigentes elegidos por la población han subvertido las instituciones democráticas de Georgia, Hungría, Nicaragua, Perú, Filipinas, Polonia, Rusia, Sri Lanka, Turquía y Ucrania. En la actualidad, el retroceso democrático empieza en las urnas”. Los autores no excluyen a ningún país de esa quiebra democrática: “Es bien sabido que de vez en cuando emergen demagogos extremistas en todas las sociedades, incluso en las democracias saludables. Estados Unidos ha tenido su cuota, incluidos entre ellos Henry Ford, Huey Long, Joseph McCarthy y George Wallace. Una prueba esencial para las democracias no es si afloran o no tales figuras, sino si la élite política y, sobre todo, los partidos políticos se esfuerzan por impedirles llegar al poder, manteniéndolos alejados de los puestos principales, negándose a aprobarlos o a alinearse con ellos y, en caso necesario, haciendo causa común con la oposición en apoyo a candidatos democráticos”.

«La decadencia democrática es un hecho que debería hacer pensar a las élites políticas y económicas que fenómenos como el de Trump no son un accidente, sino un síntoma»

Y, efectivamente, la democracia estadounidense se ha visto bombardeada por un líder que no sólo contó -y cuenta- con el apoyo de más de setenta millones de votantes, sino que fue aceptado por la élite política del Partido Republicano y por buena parte de la élite económica de EEUU.

Trump es la consecuencia de la ceguera de sus votantes que no han querido o no han sabido ver la deriva autoritaria que ha experimentado la democracia estadounidense durante los últimos cuatro años. Trump y sus “bases de seguidores” despreciaban cualquier sistema de control que no siguiera los designios que ellos marcaban. Las de mentiras que Trump hacía rodar se publicaban diariamente en los medios de comunicación más solventes sin que sus fanáticos hinchas se dieran por enterados.

Trump ha sido el instigador del vergonzoso espectáculo que sus devotos han ofrecido. El Partido Republicano debe aceptar su parte de responsabilidad. El juicio político al que quiso someter la Cámara de Representantes a semejante esperpento fue abortado por la mayoría republicana del Senado. La herida que Trump estaba haciendo a la democracia de EEUU se estaba horadando a ojos vista de todos quienes mantienen vivo el espíritu democrático.

La decadencia democrática es un hecho que debería hacer pensar a las élites políticas y económicas que fenómenos como los de Trump, Orban, Le Pen, Salvini, Bolsonaro, etc. no son un accidente sino un síntoma. Alguien escribió que no sólo el golpe de estado termina con la democracia, sino que existen formas de dañar la democracia más sutiles, persistentes y silenciosas en la que “los líderes llegan al poder a través de elecciones pero luego socavan las normas, desmantelan las instituciones y cambian las leyes para retirar las restricciones a su poder. Al final, sus países son, excepto en el nombre, dictaduras”. Cuando las barbas de tu vecino….

Leer “Cuando las barbas de tu vecino…” en Diario de Sevilla

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