El peligro está en ERC

El peligro está en ERC / rosell

El peligro está en ERC / rosell

Asistí el jueves 24 de septiembre pasado, en Cabeza del Buey, a la entrega del premio Muñoz Torrero a los valores constitucionales que otorga la fundación que lleva el nombre del inminente constitucionalista. Era la primera edición y recayó en la catedrática de Derecho Constitucional, María Teresa Freixes Sanjuán.

Si el currículo de la premiada avalaba el acierto del jurado que eligió su candidatura, el discurso que pronunció la catedrática reforzó dicho acierto. Su disertación, llena de referencias a los valores constitucionales y europeístas, y a la importancia que para España supuso la elaboración y aprobación de la Constitución, se deslizó hacia la realidad que ella misma vive en Cataluña. No en vano, es catalana y activista del mantenimiento de su comunidad en el conjunto de territorios que conforman nuestro Estado.

Manifestó su desacuerdo con las mesas que han comenzado a articularse entre el Gobierno de España y el Gobierno de la Generalitat. Las razones que dio para semejante negativa se basaban en el hecho de que en esas mesas no está representada la parte de ciudadanos catalanes que no comparten la independencia de Cataluña y que defienden la Constitución y el Estatuto de Autonomía. Ciudadanos constitucionalistas que, además de representar dos tercios del censo electoral catalán, se sienten abandonados por los poderes centrales y por buena parte de la sociedad española, que asiste impasible a la marginación a la que se encuentran sometidos por el independentismo gobernante.

Resultó doloroso escuchar de sus labios el lamento que expresan quienes, habiendo combatido el franquismo, fueron perseguidos por la dictadura por defender el bilingüismo. Ahora, dijo, la premiada, “somos perseguidos por el independentismo por seguir defendiendo el bilingüismo. Entonces por querer incluir el catalán y ahora por querer incluir el castellano”.

Fue escuchada con enorme atención y respeto. Su discurso coincidió con la noticia del arresto del golpista Puigdemont en Cerdeña. Detención y liberación en 24 horas. Su libertad fue pedida por la extrema derecha italiana, con Mateo Salvini a la cabeza, seguido de Georgia Meloni, presidenta de Los Hermanos de Italia, partido heredero del Movimiento Social Italiano, que reivindicaba el legado de Mussolini.

Para que no faltara nada, la presidenta del Parlamento catalán se fue a Cerdeña para, junto a esa extrema derecha, defender al sedicioso Puigdemont, y calificar de fascista a la Justicia española. Debe ser que la segunda autoridad de Cataluña no conoce la ideología política de los amigos de su admirado prófugo que en Flandes y en Italia no tienen más credenciales que las de la derecha extrema europea.

Pudiera pensarse que Puigdemont hizo una operación al elegir viajar a una región italiana gobernada por otro derechista para conseguir una detención que le garantice la inmunidad del Tribunal Europeo, que tenía suspendida porque no había riesgo de ser detenido.

Que Aragonès sacara billete para visitar a Puigdemont en Cerdeña ha debido dejar sin habla a esos radicales de la CUP que apoyan a un presidente y a un prófugo de la Justicia, sumándose así a las voces de la extrema derecha italiana y flamenca. Da grima verles y oírles en Cataluña calificándose de antifascistas y en Cerdeña uniendo sus voces a la de los fascistas italianos.

Dijo Felipe González que Puigdemont lleva haciendo el ridículo desde que declaró la independencia de Cataluña, para fugarse de Cataluña inmediatamente después. Añado que no fue el único extravagante de la cuadrilla. Las declaraciones de Aragonés y del portavoz de Podemos en el Congreso, Jaume Asens, no le van a la zaga en lo grotesco.

Si sólo hicieran el ridículo, podríamos darnos con un canto en los dientes. En la II República, Esquerra Republicana de Cataluña no sólo hizo el ridículo. Hizo traición a esa República uniendo su fuerza política al anarquismo y debilitando cuanto podían al gobierno legítimo español. Y en esas están ahora. Puigdemont es una anécdota. Es el escalón final de una burguesía decadente que representaba la antigua Convergencia de Pujol. Hace mucho ruido pero no es peligroso ni en Bruselas ni en Cataluña. Sólo procuran esconder baja la bandera del independentismo la corrupción y lo que le robaron a los catalanes. El peligro viene, de nuevo, de ERC. Otra vez jugando sus cartas con la CUP, organización anticapitalista e independentista que se nutre del anarco-sindicalismo más violento de la FAI y del anarco-comunismo estalinista. Con esos antecedentes es imposible pensar que se pueda resolver el “conflicto catalán”. Y no se podrá porque los independentistas de Esquerra, apoyados por la CUP, no tienen marcha atrás. Querrán que se pase página, que se olvide lo ocurrido ese 2017 y que se vuelva a salir de la raya que ellos ya han situado mucho más allá de donde estaba cuando la lealtad no se había abandonado por quienes siempre traicionan a la democracia.

Leer “El peligro está en ERC” en Diario de Sevilla

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