Incómodos

“Para que Cataluña se sienta cómoda en España” es una de las frases que más veces se han repetido desde que el señor Artur Mas acudió a La Moncloa a tratar de negociar un nuevo acuerdo de financiación autonómica para Cataluña y volvió a Barcelona defendiendo el derecho de autodeterminación de uno de los territorios que forman parte de España desde que este Estado se reconoce como tal.

Oyendo esa frase, se tienen la sensación de que España está formada por un conjunto de pueblos, todos contentos y felices de ser, sentirse y vivir en España, menos uno, Cataluña que se siente desgraciado por convivir con el resto. Ante ese tipo de cavilaciones, caben un par de reflexiones o preguntas.

La primera es la que nos conduce a otra cuestión: ¿quién ha dicho que el resto de los españoles se sienten felices y contentos de vivir en un país como el nuestro? ¿Quién puede sentirse cómodo en un territorio que mantiene un nivel de paro del 30% de su población activa? ¿Por qué creen los que dicen sentirse incómodos que el resto se siente feliz y contento?

La segunda pregunta es la siguiente: ¿desde cuándo creen los que se sienten poco cómodos en España que se sienten incómodos y maltratados? ¿Se sienten de esa manera desde el siglo XIX, cuando el nacionalismo económico español propició que con el régimen político de la Restauración se hiciera el famoso Pacto del Triángulo por el que los gobiernos de entonces hicieron una política arancelaria para proteger a la empresa española, a la industria española que, curiosamente, en el siglo XIX solamente estaban ubicadas en dos sitios, en Cataluña y en el País Vasco? Tal vez sea necesario recordar que la revuelta cubana, que después acarreó la pérdida de Cuba, fue consecuencia de las leyes antillanas que obligaban a los cubanos a comprar única y exclusivamente textil en Cataluña. No podían comprarlo en otro sitio. Pero eso, también pasaba en el interior de España. Si uno quería comprar textil tenía que ser de Cataluña, obligados por la ley proteccionista de la Restauración, y si uno quería comprar hierro tenía que comprarlo en el País Vasco por la misma razón. ¿O acaso la incomodidad derivaba de la famosa Ley de Cuotas?

¿Quién puede sentirse cómodo en un territorio que mantiene un paro del 30%? ¿Por qué creen los que dicen sentirse incómodos que el resto se siente feliz y contento?

No, posiblemente la incomodidad y el maltrato provienen de los tiempos del general Primo de Rivera. No fue casualidad que el pronunciamiento militar de Primo de Rivera se forjara en la Cámara de Comercio de Barcelona. Y con la dictadura de Franco siguió habiendo proteccionismo. Algunos no habrán olvidado el famoso coeficiente de inversión obligatorio de las cajas de ahorros españolas que obligaba a las cajas a prestar dinero al 3%, donde decidía el Gobierno, cuando el precio del dinero estaba al 22%.Y con ese dinero se hicieron algunas empresas y algunas autovías, hace sesenta años, ninguna en el sur o en el oeste español. Y detrás del dinero salía nuestra gente a buscar el trabajo que eran imposibles encontrar en las zonas más desfavorecidas por ese maldito proteccionismo económico nacionalista español que tanto benefició a Cataluña y a algunos catalanes.

Ya sabemos que las propuestas de reformas constitucionales para que Cataluña se sienta cómoda en España están destinadas al fracaso. “¡O independencia o nada!”, ha clamado el portavoz de la Generalitat después de realizar el correlato de lo injusta que es España con la Cataluña que él y su grupo representa. No sorprende que un nacionalista se sienta ahora incómodo, pero resulta molesto que, justamente ahora, cuando la condición de ciudadano español ha pasado a ser exactamente eso, una verdadera ciudadanía, un marco de derechos y libertades para hombres y mujeres que vivimos en España, se oigan voces que pretenden presentar esa ciudadanía española como sospechosa, trasnochada o impura.

“Cataluña incómoda y Cataluña paga más que recibe”. Siempre tomando el todo por la parte. Ya sabemos que siempre tratarán de apoderarse del todo. No es preocupante lo que piensa un nacionalista. Lo que debe preocuparle a una persona de izquierdas no es saber cuánto paga un territorio de promedio, lo que debe interesar es saber que el catalán que cobre cien, pague por cien y que el andaluz o extremeño que cobre cien, pague por cien. Y el catalán que paga por uno, y que necesita solidaridad, reciba la solidaridad. Y el andaluz o extremeño que pague por uno, reciba la misma solidaridad. Algunas regiones desearían sentirse incómodas en España teniendo la misma situación que los que quieren irse.

Leer “Incómodos” en El Diario de Sevilla

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