Jueces sin apellidos políticos

Debería llegar el día en el que a nadie le importe el pensamiento de los jueces y magistrados, como ocurre con los médicos y cirujanos

Imagen del último pleno del CGPJ con Rafael Mozo al frente tras la dimisión de Lesmes

Los partidos no podrían politizar la justicia si no contaran con cómplices dispuestos a hacer el trabajo sucio y a traicionar a sus compañeros de profesión. No conozco a ningún magistrado que levante su voz para rechazar el apelativo de demócrata, conservador, liberal, de izquierdas o de derechas que se le atribuye desde el mismo momento en que su nombre se baraja para algún puesto de relevancia en el Poder Judicial. Ni un solo magistrado de los que han sonado o suenan para ocupar responsabilidades en el órgano de Gobierno de los jueces o en los altos tribunales de Justicia ha protestado por esos apelativos.

Me gustaría que en alguna ocasión, algún profesional de la judicatura o de la fiscalía defendiera su profesionalidad, su magisterio y su excelencia en asuntos de Justicia para ser candidato a algún nombramiento por parte del Gobierno o del Parlamento. Como ninguno defiende su experiencia, su sabiduría, sus conocimientos, los ciudadanos nos quedamos con su supuesta simpatía por tal o cual partido o su adscripción a tal o cual asociación profesional o a su buena o mala amistad con tal o cual líder político. Debería llegar el día en el que a nadie le importe el pensamiento de los jueces y magistrados, como ocurre con los médicos y cirujanos. Ningún enfermo pregunta si va a ser intervenido quirúrgicamente por un cirujano progresista o conservador. Solo le interesa saber si sabe ejercer o no su oficio.  

Ante ese incomprensible silencio de juristas de reconocido prestigio, cualquiera puede suponer que al magistrado al que se dirija el PP, el PSOE, el PNV o algún otro partido para proponerlo en la lista de nombrados para una alta responsabilidad en el Poder Judicial, se le está también exigiendo que vote en función de los intereses del partido que le ha propuesto.    

La única garantía

El día en que ni un solo juez o magistrado se preste a semejante juego y demuestre a la ciudadanía que ellos, los elegidos, están donde están por su prestigio, saber y experiencia, entonces los ciudadanos comenzaremos a creer en la independencia del Poder Judicial. Y la forma que tendrán de demostrarnos su independencia será votando cualquier asunto que se les someta a su consideración en función de lo que dice la ley y no de lo que quiere el partido que le propuso que diga.

Cuando ni un solo periodista o político pueda conocer con antelación el resultado de una votación en el Tribunal Constitucional o el nombre de quien vaya a resultar elegido como presidente en el Consejo General del Poder Judicial, porque los integrantes de esos órganos votan al margen de los alineamientos de sus promotores, entonces, no importará la forma de elegir a los miembros del Consejo. Esa será la única forma que tendrá la ciudadanía de saber que quienes ocupan asiento en tan altas magistraturas son profesionales independientes que no se dejan manipular por quienes proponen sus nombramientos.

«Me imagino que en la Escuela Judicial no les enseñaron a ser progresistas o moderados sino a impartir justicia y a ser justos e independientes»

Al parecer, la semana pasada iban a reunirse el presidente del Gobierno y el líder de la oposición para acordar los nombres de los presidentes del Consejo del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional. Si así fuera, y así ha sido en otras ocasiones, los  vocales y magistrados propuestos para ser elegidos deberían quedar descartados para tan altas responsabilidades, porque todos sabríamos que van a ocupar esos cargos para ser la voz de sus amos. Si Gobierno y oposición deciden a quién van a votar sus elegidos para la presidencia del Consejo o del Constitucional, por qué vamos a dudar de que esa misma obediencia se producirá cuando tengan que votar otros asuntos mucho más transcendentales para los destinos de  nuestro país.

Es lamentable que el juego que se traen a costa de la renovación del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional esté difuminando el trabajo de tantos jueces, magistrados y fiscales que ejercen limpiamente, con sus aciertos y sus errores, algo tan difícil y delicado como es impartir Justicia.

Me imagino que en la Escuela Judicial no les enseñaron a ser progresistas o moderados sino a impartir justicia y a ser justos e independientes. El que quiera hacer política tiene muchos caminos por los que transitar; el que quiera ser juez que aplique el Derecho y se ajuste a la ley y nunca a consignas partidarias. Costó mucho la democracia como para que se juegue con uno de sus poderes más significativos.

Leer “Jueces sin apellidos políticos” en Voz Pópuli

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