La responsabilidad de la militancia socialista

La responsabilidad de la militancia socialista / ROSELL

La responsabilidad de la militancia socialista / ROSELL

España es un país de clichés construidos sobre la nada o la mentira. Las biografías importan poco. Importa la imagen que consigan transmitir de cada uno de nosotros. Desde que se inventó el nefasto sistema de primarias para elegir a los candidatos a la presidencia de los distintos gobiernos, los militantes se dividen en traidores o leales, según se hayan mantenido fieles a una candidatura o hayan desertado de ella para votar a la contraria. Tengo publicados más de una decena de artículos rechazando esa forma de selección del liderazgo y mi renuncia a votar en cualquier proceso donde se enfrenta un militante a otro sin más argumentos que los personales. Nunca voté en unas primarias y, en consecuencia, tampoco voté ni a Pedro Sánchez ni a Susana Díaz cuando se enfrentaron por el liderazgo socialista. No fui al acto que la candidata andaluza celebró en Madrid acompañada de la plana mayor socialista y de lo que periodísticamente se conoce como la vieja guardia socialista. Y tampoco acudí a ninguno de los actos que protagonizo por los mismos objetivos el candidato madrileño.

No voté a ninguno. Ni lo hice entonces ni lo hice nunca. No creo en ese sistema que solo ofrece posibilidades a los instalados orgánica o institucionalmente. No creo en una procedimiento que produce heridas difíciles de cerrar.

En las primarias andaluzas no voté ni a uno ni a otra. No creo en el sistema y no hubiera podido hacerlo aunque hubiera querido. No es mi federación. Pero sí es mi partido. Y todo lo que en él pasa me afecta. Y analizo lo que pasa y por qué me afecta.

No he hablado con Susana desde hace años. Sí hablé con Juan Espadas, en Don Benito, hace algo menos de un mes, en una comida en la que pude darle mi opinión de qué hacer en la situación en la que estaba el PSOE de Andalucía en ese proceso de elección interna. Tengo la mejor de las opiniones del alcalde de Sevilla y recién electo candidato a la Presidencia de la Junta. He seguido la campaña de Susana Díaz y la de Juan Espadas. Estas son las claves que desde mi punto de vista explican la abultada victoria del alcalde sobre la ex presidenta y secretaria general del PSOE-A:

Se había iniciado la campaña electoral interna de los socialistas andaluces. Inmediatamente, los socialistas madrileños sufrieron un destrozo importante con la victoria de la popular Ayuso sobre el socialista Gabilondo en las elecciones en la comunidad autónoma madrileña. Esa victoria popular debilitó la estructura dirigente del PSOE liderado por Pedro Sánchez. El presidente del Partido Popular, Pablo Casado, pareció crecer en estatura política gracias a la victoria del PP madrileño. Así se leyó en todas partes y, también, en la sede federal de la Comisión Ejecutiva del PSOE.

Posteriormente, y mientras seguían los candidatos andaluces recorriendo pueblos y ciudades, el anuncio del posible indulto a los sediciosos y malversadores independentistas enturbió aun más el charco socialista. Más de media España no entendía ni entiende las razones por las que hay que practicar la magnanimidad con quienes siguen acariciando la idea de romper la Constitución y la España en la que gracias a esa Constitución cabemos todos, los de izquierdas y los de derechas, los religiosos y los ateos, los ricos y los pobres, los independentistas y los constitucionalistas. Por segunda vez, el militante socialista intuía que su partido se deslizaba por una peligrosa pendiente.

El mismo día en el que los socialistas andaluces tenían que elegir a uno de los tres candidatos a presidir la Junta, miles de banderas ondeaban en la Plaza de Colón contra el interés del Gobierno de conceder los indultos a los independentistas. Todos entendimos que detrás de esa reivindicación se escondía un deseo de buena parte de los manifestantes de deteriorar al Gobierno socialista.

Y en ese ambiente y con esos antecedentes, los socialistas andaluces acudieron a las Casas del Pueblo a depositar su voto. Quienes llevamos muchos años militando en el PSOE sabemos que cuando la pelea es sólo interna, la tendencia algo ácrata de la militancia es votar contra el “aparato”. Pero esta ocasión no se percibía como la lucha entre dos facciones con sus respectivos candidatos. Se trataba de proteger a la dirección socialista que parecía que todo se conjugaba en su contra. Había, pues, que intentar que la elección de la candidatura socialista no añadiera más leña al fuego. Los afiliados observaron que Susana Díaz hizo una campaña para ganarle a Juan Espadas. Pero, Juan Espadas hizo una campaña para ganarle a Juanma Moreno, presidente de la Junta, en las próximas andaluzas. La mayoría no tuvo ninguna duda. Votaron a quien quería ganar al PP y no a la que quería ganarle a otro socialista. Así lo he visto y así lo cuento. El resultado socialista andaluz genera una bicefalia que en nada beneficia la imagen de un partido unido. El mejor servicio que puede y debe prestar Díaz es entregar la Secretaría General al candidato presidencial electo. La experiencia demuestra que en el vértice de un triángulo sólo cabe una persona. Si hay dos, unos será empujado hasta que caiga. Susana no se merece caer. Cuanto antes se unifiquen ambas responsabilidades, antes se cicatrizarán las heridas que dejan abiertas un proceso de primarias.

Leer “La responsabilidad de la militancia socialista” en Diario de Sevilla

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