Madrid y Barcelona

Barcelona
Formar parte de una comunidad en la que destaque espectacularmente una de las ciudades que componen el territorio de esa comunidad tiene la ventaja de que se tiene una referencia importante, como la cruz de guía del colectivo, y el inconveniente de que la parte llega a representar simbólicamente al todo. Eso es lo que ocurre en Cataluña y en la Comunidad Autónoma madrileña.
Barcelona y Madrid son las partes, pero que los que no viven en ellas, las identifican con el todo.

Madrid ofrece dos visiones: una, la que proyectaba Esperanza Aguirre, y otra, la parte invisible de Madrid. El foco que Esperanza Aguirre tenía encendido lo dirigía a una parte pequeña de la sociedad madrileña, a la España cañí, al Madrid castizo, el de Rouco Varela, el de los abrigos de visón, el de San Isidro, al del chotis. Ese era el Madrid que se percibía desde fuera. En cierta ocasión, la Sra. Aguirre dijo que “a Zapatero no le gustaba Madrid, porque no iba a San Isidro”. Efectivamente, ese era el Madrid que ella destilaba, la imagen en la que ponía el foco, donde le gustaba iluminar para que se viera la España y el Madrid cutre, el Madrid casposo, el Madrid de toda la vida.

Afortunadamente, como se pone de manifiesto por datos, cifras y estadísticas, Madrid tiene otra realidad que no se ve porque no tiene luz, que es la que hace avanzar a esa región. En ese Madrid vive y trabaja muchísima gente que aparentemente no existe, pero que está ahí. Y bastaría que alguien cambiara el foco y girara la luz hacia ese otro Madrid para que nos percatáramos de las razones por las que una Comunidad que proyecta esa imagen antigua y clásica avanza y progresa mucho más que otras que tienen una imagen más moderna.

Antes, la modernidad estaba en Barcelona, porque allí las instituciones, la Generalitat, el Ayuntamiento, centraban la atención y la publicidad en la parte más moderna, en la parte más innovadora. Sin embargo, Barcelona avanza menos que Madrid, se está quedando rezagada en casi todo con respecto a la capital de España por culpa de la identidad y de avanzar reculando. Barcelona parece moderna, pero Madrid lo es, y nada más que hay que ver las estadísticas. Madrid avanza más, pero la imagen de modernidad, de innovación, de globalización, etc., la ofrecía Barcelona.

El cambio de escenario político en el Ayuntamiento de la capital de España y, al parecer, el aire renovador que ha entrado en los despachos de la Comunidad ofrecen una oportunidad para que el Madrid de toda la vida dé paso a la sociedad invisible que está ahí, esperando que alguien la haga emerger para que se ponga de manifiesto que el avance y el progreso de una sociedad no es la consecuencia de la identidad sino de la creatividad, del trabajo y del hecho de entrar en el futuro de frente, mirando hacia adelante, y no reculando al estilo de lo que hacen quienes aspiran a ser lo que fueron y no lo que querrían ser.

Son muchos los ciudadanos extranjeros que manifiestan su sorpresa por lo que consideran un sinsentido que empaña la imagen que ellos tenían de una Barcelona que no son capaces de identificar en el nacionalismo identitario, excluyente y cerrado. “¿Cómo Barcelona puede circular por esos derroteros?” preguntan quienes tenían una visión diferente de la capital catalana. Sea cual sea el resultado de las elecciones del próximo día 27, Barcelona quedará tocada del ala, ensombreciendo, cuando no anulando, la imagen que proyectaba al exterior. Por eso, mientras la capital catalana sale del enorme embrollo en el que se ha metido, España necesitará que otra gran ciudad la sustituya como buque insignia del progreso, la modernidad, la imaginación, la creatividad y la apertura. Sería lamentable que el equipo de gobierno que lidera la nueva alcaldesa madrileña ocultara a esa sociedad invisible y artífice del desarrollo y avance de Madrid, para focalizarse en el antisistema, el vanguardismo vacío y la indecisión e improvisación permanentes. Está bien que la señora Carmena haga jornadas de puertas abiertas para que el ciudadano vea el sitio donde trabajan sus representantes. Estaría mejor que los representantes vieran y enseñaran al resto los sitios en los que trabaja y se mueve la sociedad invisible madrileña.

Leer “Madrid y Barcelona” en El Huffington Post

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