¿Qué respuesta nos daría? (elconfindencial.com)

Juan Manuel Santos, Presidente de ColombiaLa semana pasada, el diario El País publicó una larga entrevista con el Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. El miércoles, la cadena Ser entrevistó en directo al mismo Presidente en el programa Hoy por Hoy. En ambas ocasiones, el proceso de paz entre el gobierno colombiano y las FARC fue tema recurrente; por las preguntas y por las respuestas, se adivinaba que en Colombia la población se divide entre los partidarios de ese proceso y los que consideran traidor a la patria al Presidente Santos por permitir que se sienten en la misma mesa los que mataban, secuestraban y asesinaban desde hace 50 años y los representantes legítimos de la República colombiana.

La guerrilla revolucionaria decretó un alto el fuego pero ni se ha disuelto ni ha entregado las armas. El gobierno colombiano se ha sentado a dialogar con los asesinos sin exigencias de disolución o de entrega del armamento. Y en esas están, ante la complacencia de la comunidad internacional, incluido en esa comunidad el Gobierno de España que ni ha roto relaciones con Colombia ni ha negado el saludo al Presidente Santos, al que se trata con toda deferencia en su visita a España.

Colombia es un estado de América del Sur, con una población de 47 millones de habitantes, aproximadamente la misma que la de España. Según cifras oficiales, la guerrilla colombiana ha matado durante el tiempo de su actividad terrorista a 250.000 colombianos y su acción criminal ha supuesto un perjuicio personal a unos cinco millones de ciudadanos. El número de muertos supera 250 veces a las víctimas de la banda terrorista etarra, y los cinco millones de afectados directa o indirectamente por secuestros, atentados, mutilaciones, quema de pueblos, etc., suponen casi 20 millones de víctimas del terrorismo de las FARC y de otros grupos terroristas.

El triunfo de Santos, caso de producirse en las elecciones, se leerá como la complacencia de la mayoría del pueblo colombiano a las negociaciones, al proceso de paz y al intento de conseguirla

Próximamente habrá elecciones presidenciales en Colombia y a ellas se presenta el Presidente Santos, artífice del proceso de negociación que se está llevando en Cuba desde hace ya varios meses. El resultado de las mismas será esclarecedor por cuanto si Santos vuelve a ganar, el pueblo colombiano habrá ratificado ese proceso, que sin duda continuaría hasta que definitivamente las FARC se disuelvan, entreguen su armamento y se cumpla el sueño de Santos, cuando vea sentado en el parlamento colombiano, ejerciendo sus tareas parlamentarias, a los principales cabecillas de la guerrilla. Su triunfo, caso de producirse en las elecciones, se leerá como la complacencia de la mayoría del pueblo colombiano a las negociaciones, al proceso de paz y al intento de conseguirla.

El riesgo que corre Santos es enorme; por una parte, pudiera ser que las víctimas de ese terrorismo de medio siglo se lo lleven por delante en el proceso electoral; pero, también, podría ocurrir que, ganadas las elecciones, lo pierda todo, si al final el acuerdo no se produce y la guerrilla volviera a la selva a practicar el asesinato, apretando el gatillo en lugar del botón de votaciones en el escaño del congreso colombiano. Shimon Peres, Presidente de Israel, político avezado y de larga trayectoria en un país en guerra permanente con sus vecinos y con los palestinos, defensor de un proceso de negociación con ellos, afirmó en cierta ocasión que “lo malo de la paz es que tienes que firmarla con el enemigo”.

Desde hace muchos años, los demócratas sabíamos que nuestra victoria contra el terrorismo era el único desenlace posible, deseable y seguro

¿Cuáles son las condiciones que tienen que producirse para que el Estado se siente con el terrorista para firmar la paz? Desde hace muchos años, los demócratas españoles sabíamos que la lucha en España contra el terrorismo etarra iba a ser larga y dolorosa. Y lo ha sido; ahí están los casi mil asesinados por la banda terroristay los miles de afectados directa o indirectamente por los atentados. Pero, también, sabíamos que la victoria de los demócratas era el único desenlace posible, deseable y seguro.

ETA hace dos años que declaró el final de sus acciones terroristas, pero sigue constituida como tal banda y no ha entregado las armas ni ha pedido perdón por sus crímenes. Han salido de la cárcel aquellos que pudieron hacerlo por cumplimiento de sentencia y siguen presos los que, ahora, aceptan el régimen penitenciario español y se muestran dispuestos a acogerse a las medidas de reinserción que ese régimen contempla.

Ya no piden paz por presos ni tampoco la unión del País Vasco con Navarra ni la independencia de Euskadi. A lo más que llegan es a fotografiarse en grupo, con aire decrépito y cara de derrota. En los años 80, el gobierno de Adolfo Suárez negoció con una parte de la banda que entregó las armas y se rindió. Sus componentes se integraron a la vida civil y algunos de ellos a la actividad política democrática. A nadie le cupo la menor duda de que la democracia venció a esa parte de ETA que decidió no seguir matando. En esta ocasión, oyendo a unos y a otros, no sabemos si ETA perdió y ganaron los demócratas o lo contrario. Si pudiéramos preguntarle al Presidente Santos, ¿qué respuesta nos daría?

 

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